martes, 21 de diciembre de 2010

Poder mental.

Lo bueno de juntarse con amigos de la secundaria después de mucho tiempo, es que entre todos, les ponemos nombre a los recuerdos.
Por ejemplo, recuerdo un profesor muy alto, que tenía un tic, que nos distraía y nunca nadie le pudo prestar atención a lo que decía.
Pero el nombre dejó de estar entre las neuronas que uso más seguido.
Y en una reunión de ex alumnos...
Charly - ¿Te acordás del Tuta?
Yo -Claaaaro, el Tuta. No recordaba el nombre.
Fabián - ¿Cómo era que se llemaba?
Marcelo - Torres era. El Tuta Torres.
Yo - Ja ja, tenés razón, que aparato era ese Tuta.
Miguel - El Sapo le puso Tuta, porque era medio tartamudo. Se colgaba tu, tu tu.
Chaly - Che sapo, vení que a vos te salía bien.
El sapo, que estaba haciendo el asado, deja la pala apoyada contra la parra y haciendo que toma una tiza comienza a escribir en un pizarrón imaginario mientras desfilaban todos los tics que tenía el pobre hombre que hasta hacía unos minutos estaba borroso en la memoria de todos y con el aporte de los recuerdos de cada uno tomó forma como si hubiese pasado hace una semana y no hace 25 años.
Durante unas horas todos volvimos a tener 16 o 17 años y la voz de cada uno de los compañeros nos hacía ver a ese pibe flaco y de pelo largo, aunque el que hablaba es hoy un pelado de más de 40.
Y desatar recuerdos de un rincón que se ha dejado de usar suele desencadenar otros recuerdos que aunque ocultos, seguían ahí guardados.
Recuerdo un personaje más notable que “El Tuta”.
Un profesor dejó de dar clases o tomó licencia, no recuerdo, pero la cuestión es que llegó un suplente. Era un tipo muy joven y que bastaba con verlo una vez para que llamara la atención. Tenía una mirada penetrante y hasta intimidatoria.
Creo que jamás dio una clase sobre el tema de la materia, porque se corrió la voz de que el tipo era algo así como un mentalista, parapsicólogo o alguno de esos títulos elegantes para decir “chanta”.
Recuerdo que El Sapo, que era el más caradura y de una rapidez mental asombrosa, comenzó a tirarle la lengua. Nos contaba que usaba el poder mental para hacer todo tipo de proezas paranormales y aunque la mayoría no le creíamos nada y se notaba, el tipo nunca perdió esa seguridad y respondía a todas las preguntas que le disparábamos.
Alguien sacó el tema del aura de las personas y el profesor no dudó en decir que era cierto y que en ese momento estaba viendo el aura de cada uno de nosotros.
No tardó un segundo en aparecer el primero en preguntarle de qué color era la suya.
Y ahí comenzó a cambiar la cara de todos nosotros, de risa burlona a serios como perro en bote.
Sin conocernos, porque era el primer día que lo veíamos, comenzó a describir la personalidad de cada uno según el color del aura que decía ver.
-Por ejemplo, usted tiene un aura blanca, que es muy raro de ver- le dijo a un compañero al que no recuerdo haberlo oído hablar nunca- usted es sin duda muy religioso y no tiene maldad, es muy inocente y buena persona.
Entre todos comenzamos a preguntarnos por lo bajo cómo sabía eso, porque era cierto.
Y siguió comentando lo que decía ver y por lo tanto la personalidad de cada uno sin equivocarse en ninguno.
Según él mi aura tiraba al rojo, no era malo pero tampoco era ningún santo.
-Usted no cree en nada- me dijo. Y yo que soy más ateo que Carl Sagan no pude contestar, ni cerrar la mandíbula que colgaba.
En el recreo no hubo otro tema de conversación y la mitad de los que no sabían si creer o no en lo paranormal, hubiesen firmado a partir de ese momento como paranormal friendly. El resto de los que seguíamos escépticos lanzamos teorías de todo tipo incluyendo la más probable que se basaba en la observación y en que sabía decir lo que uno quería escuchar.
Pero este fue el primer encuentro con “El Brujo” nada más.
Poco tiempo después alguien le preguntó
-¿Si usted hace fuerza para que una persona se descomponga lo puede lograr?
-Claro que si, pero no me pidan que haga eso.
-¿Y nosotros podemos hacerlo también?
- Si, cualquiera puede hacerlo si se concentra lo suficiente.
-Una forma muy simple para principiantes es colocarse un papel dentro del zapato con el nombre de la persona que quieren influir y se concentran en lo que quieren que sienta a la vez que pisan con ese pie.
-¿Funciona eso?
-Si se logran concentrar si, pero ojo, sean prudentes que no es un juego.
Cambiamos de tema pero todos estábamos pensando lo mismo.
Ese día, en la última hora teníamos una prueba muy complicada de Termodinámica donde el profesor era Torres, el Tuta.
Cuando terminó la hora el profesor brujo salió del salón, pero la mayoría de nosotros en lugar de salir al recreo nos quedamos planeando la maquiavélica jugada.
El los zapatos de todos, no recuerdo en qué pie era porque tenía que ser uno en particular, se alojó un papelito con el nombre que se imaginarán y la palabra a repetir en nuestras mentes era “diarrea”.
Así pasamos la hora siguente, los treinta, pisando rítmicamente con el mismo pié que tenía el papel con el nombre del Tuta Torres mientras mentalmente decíamos “diarrea”.
Cuando tocó el timbre del final de la hora, entró el preceptor diciendo:
-¿Ustedes tienen con Torres en la última hora?
Creo que respondimos todos con los ojos bien abiertos y al unísono
-Si.
-Se van antes entonces, porque el profesor se tuvo que retirar.
El desorden y la algarabía que se armó dejó al preceptor desubicado y a nosotros, los escépticos, preocupados.
Quiero creer que fue una casualidad, porque si en efecto una persona podía afectar a otra con sólo concentrarse, entre los 30 a la vez lo podíamos haber desidratado.
La historia con el profesor brujo no termina acá aunque tengo que decir, que:
A mi, nunca más me funcionó.

“La primera gran virtud del hombre fue la duda, y el primer gran defecto la fe”.
Carl Sagan

lunes, 13 de diciembre de 2010

Banco de piedra.




Le llamamos “el interior” a los pueblos o ciudades chicas del país que no entran dentro de las ciudades de referencia.
Hay pueblos del interior del país y más precisamente del interior de cada provincia. De lo que puedo hablar es del interior de la Provincia de Buenos Aires.
La riqueza del interior de esta provincia es algo de lo que a veces se habla, pero que pocos conocen o reconocen, porque aunque sabemos que Argentina no es Buenos Aires, si un extranjero quiere venir a conocer el país, no va a otro lado. Y no sólo los turistas que vienen de paseo y se van, también pasa eso con los inmigrantes, que llegan continuamente de a miles y terminan apiñados malamente en la ciudad de la furia, cuando podrían vivir muchísimo mejor en el apacible interior.
Precisamente en el interior de la provincia, lindando con la provincia de La Pampa hay un pueblo, llamado Salliqueló. Perdón, a los salliquelenses no les gusta que le digan pueblo, sino ciudad.
En esa ciudad pueblerina no hay nada que llame la atención de un habitante de una gran ciudad. Las virtudes del lugar no se aprecian en una postal. 
El paisaje es de campo por los 4 costados, sin ríos ni lagunas. Es un entorno aburrido, a no ser que uno sea una vaca. Pero los colores cambian según la temporada, de verde claro a oscuro, de dorado del trigo maduro a brillante amarillo de los girasoles y hasta violeta o azul de la floración de los campos de alfalfa. Hasta los pastizales silvestres tienen su temporada de esplendor donde son dignos de un cuadro.
Dentro del casco urbano habitan personajes muy variados, desde dueños de los campos, que por el mérito de haber heredado algunas tierras viven con mucho lujo, dando órdenes a los empleados que hacen producir ese campo y se llevan sólo lo suficiente para vivir en una clase media algo empobrecida, pero que a su vez dan trabajo a la clase más baja, formada por empleadas domésticas y los que viven de changas. Pero no hay indigentes. El que peor vive en el interior la pasa mucho mejor que cualquier pobre de ciudad.
Toda ciudad del interior tiene una plaza, que marca el centro de su urbanización y en reglas generales se puede reflejar en su cuidado, el estado de su gobierno municipal.
La plaza de Salliqueló siempre fue una de las más cuidadas y prolijas. No tiene fuentes, no hay desniveles, ni grandes monumentos. En el centro un mástil sobre un cuadrilátero de mampostería y escalones de granito donde suben y bajan, corren a su alrededor y juegan los más chicos. Dentro de un gran círculo de baldosas, con algunos bancos y caminos de polvo de ladrillo, entre los grandes canteros que son la estrella de la plaza. Árboles añejos, rosales y flores de estación que dan la vista a la plaza.
En uno de esos caminos secundarios, un banco de piedra, muy viejo que no es feo, pero que desentona con el resto de los bancos que son de metal y madera.
Cuando vine por primera vez a este pueblo, perdón, ciudad, pasé obligado por el centro de esta plaza cruzándola en diagonal. Caminaba desde la estación de trenes, hasta el museo que me llamó la atención. Como tenía que hacer tiempo, entré a curiosear.
Puntas de flecha, trozos de piedra con grafos y hasta un fósil de criptodonte están alojados en la parte que menos se recorre de este museo, porque los que entran suelen ir a ver los recuerdos históricos de los primeros pobladores buscando ancestros en las fotos para señalarlos orgullosos.
-¿Tiene para mucho? - dijo una mujer muy vieja, que resultó ser la encargada del museo.
-¿Perdón?-  respondí sorprendido y a la vez intrigado, por si era a mi a quién hablaba, aunque era el único vivo ahí además de ella.
-Pregunto si tiene para mucho porque tengo que salir a hacer algunas cosas. Dijo la mujer muy poco cordial con visible ironía.
-No, estaba haciendo tiempo nada más, ya me voy- dije mientras salía de mi primer y última visita a un museo al que nadie concurre y comenzaba a entender por qué. Sorprendido y un poco humillado volví a pasar por la plaza y me senté en el banco de piedra mientras masticaba la desazón de haber sido prácticamente echado del museo.
-Pero qué vieja de mierda.- dije para adentro, o tal vez en voz alta porque estaba solo entre toda esa vegetación ornamental.
-Es que como nunca entra nadie, la pobre tenía cosas para hacer y no es que sea mal educada, es que nunca entra nadie a esa hora.
-Pero no te pueden echar de un museo y dentro del horario de atención- contesté indignado.
-Te vas a tener que acostumbrar, la vida acá no tiene las mismas reglas que en la ciudad.
-Si evidentemente- diije moviendo la cabeza, o lo soñé, porque estaba cabeceando entredormido por el cansancio del viaje.
El viaje en tren desde Buenos Aires duraba de 10 a 12 horas cuando todo andaba bien, pero llegué a estar 20 horas en esas latas que se descomponían a mitad de camino con más frecuencia que la tolerable. Tardaba tanto porque paraba en todos los pueblos y al menos los primeros viajes eran interesantes por todo lo nuevo que se veía. Además la vista de un pueblo desde el tren es diferente a todas, porque normalmente, la estación está detrás del pueblo y nunca viajando en auto se va a ver igual.
Me puse de pie, me desperecé un poco y salí caminando, dejando detrás al banco de piedra  que quedaba oculto detrás de los rosales.
Las calles del centro tenían asfalto pero ninguna más de 7 u 8 cuadras donde comenzaban a ser de tierra. Pero no era tierra como la que estaba acostumbrado a ver en la ciudad porteña, era arena o una mezcla entre tierra y arena fina que le dan a los caminos un color claro. El mismo color con el que terminan los zapatos después de caminar unos metros.
Aunque era muy temprano, algunos vecinos barriendo la vereda o comerciantes abriendo sus negocios se comenzaban a ver.
-Buen día- me dijo un vecino mientras barría- Linda mañana, no?
-Si- contesté extrañado, porque al hombre no lo conocía, pero me hablaba como si así fuera.
Seguí caminando mientras pensaba de dónde me conocía , porque en la ciudad uno solamente saluda a los conocidos, de otra forma pasaría el día saludando a los millones que uno se cruza.
-Hola, buen día- me dijo una hermosa mujer que salió a barrer en el preciso instante en que yo pasaba. Creo que no se acordaba que tenía la escoba en la mano.
-Hola- dije, menos extrañado que antes.
Así recorrí el camino hasta mi destino, entendiendo a qué se referían cuando hablaban de la hospitalidad del pueblerino.
La vida me llevó a radicarme en Salliqueló y aunque nunca más volví al museo, la plaza, como en todo pueblo, es el punto de reunión para dar una vuelta el domingo, para noviar, los que tienen esa suerte o simplemente para cortar camino en lugar de rodearla, cuando uno anda por ahí.
Después de algunos años, paseando con mi mujer por los caminos de la plaza recordaba aquella anécdota del museo.
-No se quién era la vieja del museo porque nunca más la vi.
-La tenés que haber visto cientos de veces, porque es la madre de Daniel - dijo mi mujer que siempre tiene razón.
-No me digas- respondí asombrado- yo la recuerdo más vieja.
-Será de la bronca que te dio, pero ella siempre trabajó en el museo hasta que se jubiló hace unos años.
- Espero no haberle contado nunca la historia a Daniel, porque soy un especialista en meter la pata.
-Vamos a sentarnos ahí- dijo mi mujer mientras señalaba un banco con las maderas nuevas o barnizadas muy recientemente.
-No, vamos al banco de piedra donde me senté esa vez- le dije mientras intentaba ver por sobre las plantas para ubicarlo.
-¿Qué banco de piedra?
-En uno de los caminitos internos hay un banco que es de piedra, no como estos.
-Lo habrás soñado, porque todos los bancos son iguales- dijo ella con la seguridad que la caracteriza.
-No, te digo que hay uno de piedra, pasa que entre tantos caminitos uno se pierde, pero vamos a buscarlo vas a ver.
Caminamos por todos los senderos internos y nunca lo encontramos.
-Lo habrán sacado- dije yo- es una pena.
-La verdad es que yo no recuerdo haber visto nunca ese banco que decís, te habrá parecido.
- Puede ser- dije muy poco convencido- pero estoy seguro que me senté en ese banco.
Algunos años más tarde, me contrataron para trabajar con el sistema informático y de comunicaciones del nuevo museo. Después de haber dejado de pasar el tren de pasajeros por esta zona, lo que antes era el edificio de la estación se restauró para mudar el museo. El trabajo fue muy simple. Instalar equipos nuevos, configurar algunas cosas y nada más, apenas dos o tres días. El último día mientras terminaba de verificar que todo funcionase bien, seguían trayendo cosas los empleados municipales y organizando todo en su lugar. 
En un momento dejan al lado del escritorio de la computadora una caja con cuadros, muy viejos para que les busquen lugar.
Sobresaliendo levemente de la caja, un cuadro donde se ve la plaza, con la forma que perdura hasta hoy, sin los grandes árboles y apenas sembrada de flores. Muy distinta pero reconocible.
En el centro sobresalían más que hoy, el mástil y su base flamante, rodeado por bancos de piedra.
Sin pensarlo demasiado tomé el cuadro y lo puse sobre el escritorio.
-¿Viste qué distinta se ve la plaza?-dijo la actual encargada del museo- parece más grande ¿no?
-Si, re pelada- le contesté sin quitar la vista de la foto color cepia.
-Debe ser de 1930 o un poco antes, porque no está fechada.
-Me llaman la atención los bancos, son de piedra.- dije tratando de disimular la intriga.
-Si, eran feos, pero desde que recuerdo siempre estuvieron los de metal y madera.
-¿No quedó ninguno de piedra? -pregunté inmediatamente.
-Que yo sepa no, nunca los vi. Y no soy ninguna nena.
No pregunté más. No podía ser. Seguí con lo mío, terminé y me fui.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Ganímedes

Hace falta que les cuente que Ganímedes es una luna de Júpiter?
 Y no es una más, es la más grande de ese planeta y de todo nuestro sistema solar. Pero no les voy a hablar de astronomía porque aunque como aficionado me interesa el tema, no tengo autoridad para hablar, mas sabiendo que me leen eruditos en la materia.

Pero además de ser el mayor satélite del barrio, era el mortal más bello según la mitología griega.
Tan bello era este pibe que mientras cuidaba unas ovejas vino un pajarraco grandote y se lo comió.
No se lo comió literalmente, pero el pajarraco era en realidad el dios Zeus que conmovido por su belleza se convirtió en águila para raptar al bello joven y así satisfacer sus deseos sexuales. O sea que se lo comió nomás.
Por esta razón es que aparece casi siempre en pinturas y esculturas cerca de un gran ave.
Pero tampoco voy a contarles historias sobre mitología griega, porque lejos estoy de calificar en ese tema y además, si no fuera porque son griegos diría que son cuentos chinos.
La primera vez que escuché el nombre Ganímedes no tenía idea que fuera un mito griego ni un astro real.
Mi abuelo tenía una biblioteca en el baño. No era un mueble con estantes como una biblioteca de una sala. Pero aunque era un modesto mueblecito de madera pintado de verde, con puertas corredizas, lo único que tenía dentro eran libros, por lo tanto era una biblioteca.
La mayoría eran revistas Selecciones Reader's Digest, pero había también novelas.
Entre todos había un libro muy maltratado, sin tapa y tal vez sin las primeras hojas, no recuerdo, pero que contaba la historia de un hombre que había viajado a un planeta, habitado por seres más inteligentes que nosotros y más avanzados.
No se a que edad fue pero calculo que entre los 11 y los 13 o 14 años. El relato me atrapó desde el primer momento pero de una forma muy curiosa. No sabía si era real o ficción.
En realidad lo que me atrapó era la curiosidad porque lo creía real. Nunca más leí esa novela, pero lo que recuerdo es que estaba redactada en primera persona por este hombre de una forma tan creíble, al menos para mi edad, que me convenció totalmente.
Después de terminar el libro, creo que de corrido, quería preguntarle a alguien, quería sacarme la duda de si era real o no lo que ese hombre contaba.
Después de volar con mi imaginación por esos mundos desconocidos, deseando que me vinieran a secuestrar a mi para llevarme a Ganímedes, le pregunté a mi mamá.
Fue terrible la respuesta, porque mis dudas eran mínimas, todo lo que contaba me sonaba absolutamente posible hasta que ella me dijo textualmente "eso es un cuento nada más"
No hay derecho. Mi vida hubiese sido muy diferente. Este blog se llamaría "La verdad sobre Ganímedes" o algo así, pasaría mis días esperando que llegaran los hermanos mayores a buscarme y tendría en mi casa un museo con objetos provenientes de ese planeta, que en realidad es una luna.


domingo, 21 de noviembre de 2010

Lorem ipsum

Esta frase en latín es muy usada y ha sido fuente de controversias.


Muchas veces la habrán visto los editores o correctores y no siempre se ha interpretado correctamente.
Según el historiador lingüístico Charles Smith, docente investigador de la universidad Case Western Reserve de Cleveland Estados Unidos, esta frase es tan importante que mereció un trabajo conjunto con investigadores de Duke University de Durham y de University of North Carolina de Chapel Hill.
Durante años pasados se pensaba que la frase refería, como su traducción textual sugería, dolor en sí mismo, a una  Autoflagelación.
La traducción seguía esta lógica dolorem = dolor, el dolor, la miseria, el sufrimiento; ipsum = sí).
No puede dejar de relacionarse, haciendo una simple deducción filosófica, a la referencia del dolor en si mismo, a la sensación en sí y no a la acción que produce ese dolor.
Este simple cambio de interpretación es tan simple y a la vez tan diferente el sentido que le da a una frase o a un texto.
Cuenta Smith que algunos ensayos antiguos tuvieron que ser recatalogados al analizarlos con esta otra interpretación.
La primera referencia a esa frase se encuentra en un texto de Cicerón escrito en el año 45 a.C. Se trata de un texto sobre las teorías éticas, muy leído durante el Renacimiento.
El texto original comienza Neque porro quisquam est qui dolorem ipsum quia dolor sit amet, consectetur, adipisci velit… (No hay nadie que ame el dolor mismo, que lo busca y lo quiera tener, simplemente por que es el dolor).
La gran sorpresa de los investigadores fue descubrir que Lorem Ipsum era el nombre de una persona. Un personaje tan malvado y despreciable que se convirtió en un icono de lo indeseable.
Si uno relee ese texto conociendo este dato puede notar de inmediato que cambia el sentido de la frase. “...no hay nadie que ame a Lorem Ipsum, que lo busque o lo quiera tener, simplemente porque es Lorem Ipsum.
Además de curiosa la historia, es totalmente falsa.
La frase "lorem Ipsum" se usa como texto de relleno sin sentido para mostrar el tipo de fuente en una impresión, como pueden leer acá
Sepan disculpar, es que los domingos a la noche me aburro.


domingo, 7 de noviembre de 2010

Justicia

9 de la mañana.

Oficina del juez Roberto Bugman. El renegado de la justicia.

Entra su fiel asistente Pablo Carugo...



-Buenos días doctor. Acaba de llegar una epístola. Guitierrez es el remitente y es para usted.
- ¿La leyó?
-No señor. Esperaba que usted la abriera.
-Abrala y léala. Si es quien pienso, no es un hombre, es una mujer llamada Marina.
-¿Usted lo conoce o la conoce?
-Es una historia larga, pero si, aunque no recuerdo su apellido. Estaba en un fichero que no sé donde lo habré dejado pero aquí nada se pierde.
-¿Cómo lo busco señor?
-Está dentro de la carpeta correctoras fíjese que tiene un icono en forma de estrella.
-Pero tiene contraseña señor.
-Si, la contraseña es, todo en minúsculas, minombresabeahierba.
-Perdón señor, ¿con uve?
-Por favor señor Carugo, hierba, hierba con be larga.
-Disculpe señor, pero por alguna razón cuando escribo en máquina tengo más dudas que haciéndolo a mano.
-Lo entiendo, debe ser una cuestión de memoria postural si es que existe algo de eso. Pero no nos distraigamos con chistes y pensamientos varios ¿encontró el archivo?
-Si señor. Figuran como correctoras varias pero con alias o nick. Comenzando por Gla, Vir, NinaHaifa, Magah, Eme, Cas, Cris, L.N.J., Mai, Lirium, La Pe...
-Todas esas personas están en el programa de protección de testigos, por eso los alias.
-Aquí está Gutierrez, pero su nombre real no es Marina, es Fabiana doctor.
-Tiene razón usted, es común que mi memoria falle. A veces no se ni donde caerme muerto. Pero recuerdo bien su aroma a jazmín.
-¿Puedo poner música señor?
-Seguro, pero no esas  cosas raras que escucha usted.
-Pero señor, son clásicos.
-Pero no puede combinar Eleanor Rigby, Yoni Bigud y el Ave María ...
-Es que me gustan todos los estilos y cuando el subte viene lleno saltar de un estilo a otro me desconecta del exterior. Que le voy a hacer así me gusta a mi.
-Deje, ponga algo de Elvis y lea la carta.
-Está fechada el...
-¡Vaya a lo importante! Por favor.
-Si señor. "Rocchia esta preso y yo estoy atrapado en esta roca polvorienta, pero le puedo decir claramente que si no sueltan a Siluz Lisebe nadie estará seguro en su propiedad privada."
-Ahá
-¿De que habla?
-Ni la menor idea. Déjela archivada y después vemos, que ahora tenemos que interrogar a la presunta asesina de Haideé Iglesias. ¿Qué pruebas tenemos?
-En el informe muestra que como evidencia se usó el A.R.N. mitocondrial debajo de sus uñas, los estudios los realizaron los peritos a cargo de la doctora Myriam Miralunas de Adenoz.
-La conozco, es una candorosa mujer, además de buena escritora de textos de ciencia religión y ciencia ficción.
-¿Es la que escribió La Torre del Caos? Es una perlita ese libro doctor.
-En efecto.
- Le regalé ese libro a mi tía Elsa, la mamá de sofi, la que le mandó el budín de maracuyá.
-No me haga acordar que casi me lleva el diablo, me la pasé en el baño hasta la medianoche.
-Permiso doctor. Aquí le traigo a la acusada.
-Gracias Luis Antonio, está hecho un galán de barrio usted.
-Gracias señor, espero afuera.
-¿La trataron bien señora?
-Al menos estoy viva ¿Usted es el juez?
-Un servidor de la justicia ¿Usted es Mariela Torres?
-Usted me confunde Ella no soy yo.
-Mire, Aunque la mona, en seda se vista...
-Soy una histérica asumida, pero no soy criminal.
-Este gaucho escribe cosas raras, es cierto, pero está muy claro que es de usted de quien habla el agente Smith en su informe. Aunque no lo hizo en soledad usted es culpable de asesinato. La prueba estaba bajo sus uñas.
-Yo soy una gata coqueta y cuando me llevaron estaba haciéndome la manicura en lo de Patrycia. Pudo ella colocarme ahí esa evidencia ¿o acaso soy yo, la peor de todas?
-Usted es la mujer de El gato vagabundo o zippo y no se cuantos otros alias, pero quedaron al descubierto cuando allanamos sus aposentos negros. Por lo tanto, no tiene salida señora, pero si nos da la identidad de su cómplice, podremos considerar una condena más leve.
-No tengo nada más que decir, llévenme a mi destino y ahí me quedaré maullando a la luna.
-Muy bien. ¡Luis! llévela por favor.
-Doctor ¿le alcanzo los expedientes del caso de código Kandy?
-No, mire la hora que se hizo. Me tengo que ir. Usted haga lo de la lista que le dejé de corrupción y crímen y mañana lo vemos.
-Pero son 9:30 doctor.
-Si, por eso. Hasta mañana.

jueves, 4 de noviembre de 2010

YUYO AWARD

Hoy me sorprendió encontrar en el blog de un tipo muy especial como es Minombresabeahierba un reconocimiento a 5 tipos.
Si estoy posteando esto es porque soy uno de esos 5 tipos que creyó merecedores de algún reconocimiento y le agradezco mucho eso.
La imagen es de una hierba imposible de erradicar en cualquiera de los cultivos del mundo creo. Él es Ingeniero Agrónomo y sabe más de ésto que yo.
Lo importante es que es un yuyo, una maleza o mala hierba, que nadie valora y que según nos cuenta él, tiene mucho mérito para no merecer tal discriminación.
Y además de agradecerle por acordarse de uno, también es para celebrar que no es uno de esos premios que se mandan con condiciones, ni piden hacer reenvíos.
Aparte del blog con su nombre, tiene otro blog dedicado a su pasión por la naturaleza donde cuenta lo extra ordinario de estas especies.
Muchas gracias señor y recomiendo a todos, pasar por sus blogs.

jueves, 28 de octubre de 2010

Ropa vieja

Esta entrada no tiene nada que ver con vestimenta.
Tampoco con comida.




Varias veces me preguntaron en que me inspiraba para escribir una historia, o como era el proceso de escritura.
Me resulta casi imposible responder simplemente a esa pregunta porque no soy estructurado. Mi mujer hubiese dicho que soy un terrible desordenado, pero suena mejor mi versión.
En algunas oportunidades tengo alguna idea en la cabeza aunque sin redondear.
Si le doy vueltas esperando redondearla a mi gusto antes de escribirla, termino olvidándome y no escribo nada.
Sucede a veces que comienzo a escribir esa incipiente trama y el relato termina yendo por un camino totalmente distinto.
Ése es el caso del cuentito que les dejo a continuación.





Agustín tiene sólo 8 años y la vida para él es ir a la escuela, comer y dormir porque lo obligan.
Algunas veces sale a jugar con sus amigos y otras se encierra en su habitación todo el tiempo posible.
Mira a los grandes y no entiende por qué se pelean todo el tiempo.
Cuando va en auto con su padre lo ve insultar constantemente a los demás conductores. Para él es algo normal y si todos fueran como su padre manejarían mucho mejor.
Cuando sea grande quiere ser astronauta porque viajar por el espacio es lo mejor que le puede pasar. Está seguro que se va a encontrar con planetas llenos de gente mejor de la que se ve por acá en la tierra.
Su madre se encarga de todo lo de la casa, que como es bastante grande, no le sobra nada de tiempo y su vida es sólo eso. 

Su padre le dice a ella todo el tiempo que no hace nada y Agustín ve casi todos los días como se pelean, se gritan y para escaparse de todo, se encierra en su cuarto y dibuja.
Mientras dibuja se transporta, ya no escucha más que lo que sus dibujos sugieren. Ya no está en su cuarto.

Dibuja un auto y se sube, recorre una larga línea que recorre la hoja, va encontrando paisajes y personajes con los que comparte diálogos y confesiones.
Estaba recorriendo un bosque cuando el sueño lo obligó a detener su auto y se durmió.
Al despertarse se sentó sobre la cama refregándose los ojos y dudaba de la realidad.
¿Fue un sueño?
Se levantó de la cama y comenzó a buscar en los cajones desordenados, el lápiz con el que soñó. Es un lápiz con el que cobran vida las cosas que dibuja.
Debajo de una pila de papeles con dibujos brillaba el lápiz color azul que aparecía en su sueño. Lo tomó, era igual que en el sueño.
¿Sería un sueño entonces?
En el sueño, encontró a una criatura muy bajita y redonda que le dio el lápiz para que lo usara solamente estando solo. Y que lo que dibujara tomaría cuerpo y vida mientras esté sólo.
Así fue que dibujó varios amigos con sólo 6 o 7 trazos y con los que se divertía más que con sus amigos de la vida real.

Dibujaba naves espaciales y recorría el espacio, siendo capitán, por supuesto.
Dibujaba playas con palmeras y hacia allí salían. Sus amigos eran cada vez más ya que no se podían borrar, no se dejaban.
Sus amigos dibujados le pidieron que les pusieran sombreros, ya que el sol de la playa estaba muy fuerte. Él se dedicó a ponerles sombreros, para lo cual debía borrarles una porción de la cabeza. Cuando él daba vuelta el lápiz para usar la goma sus amigos la esquivaban y se quejaban, pero después de explicarles, accedían y disfrutaban mirándose como quedaban cada vez más adornados.
Agustín sólo salía de su casa para ir a la escuela y al llegar comía apresurado para poder volver a la hoja donde estaban sus amigos y su vida más feliz.
Dibujó un barco donde poder dejar la playa y adentrarse en el mar hasta ahora inexplorado.
Pero sus amigos dibujos le pidieron que les diera un mejor aspecto. Hasta ahora eran solo unos pocos trazos.
Está bien dijo Agustín, voy a tardar más tiempo, pero les voy a dibujar mejores cuerpos.
Dibujó durante horas haciéndoles cuerpos, ropas, zapatos, hasta que su madre lo llamó a comer.
Esta vez, en verdad estaba cansado, salió de su cuarto al primer llamado, cuando últimamente tenían que pasar varios hasta que se resignara a dejar sus dibujos.
Comió y se fue a dormir sin chistar, no quiso ni saludar a sus amigos en la hoja.
Al otro día la rutina lo obligó a salir a la escuela y al volver se encerró en su cuarto, tomó la hoja y sus amigos comenzaron a incorporarse.
-Agustín, estábamos charlando entre nosotros y nos gustaría que nos dibujaras en una hoja más grande. En ésta no podemos hacer mucho ya, queremos tener mas espacio y algunas cosas más.
-Está bien, dijo Agustín.
-Me gustaría más salir en el barco a ver que encontramos, disfrutar de algún viaje, alguna aventura. Ayer me hicieron trabajar toda la tarde y no nos divertimos.
-¿Pero no te interesa vernos felices a nosotros?
-Sí, claro que me interesa, está bien, voy a dibujarlos en una hoja muy grande, pero me va a llevar mucho tiempo.
Y en esa tarea Agustín pasó sus próximas tres tardes, se acalambraba la muñeca, descansaba un rato y seguía.
Al terminar, ya no le quedaban ganas de jugar, estaba cansado.
Al otro día, miraba la hoja desde la puerta de su cuarto aún abierto y dudaba si cerrarlo y adentrarse en su mundo dibujado. Estaba pensando ¿qué sería lo que le pedirían hoy?
Había creado un mundo donde era feliz, disfrutaba sambulléndose en él, tenía aventuras y nada malo podía pasar. Pero sus creaciones, sus amigos comenzaron a exigirle cada vez más.
Una criatura no es real sin sombras, un esfumado mejora mucho el aspecto y etc. y etc.
Ya no era feliz en ese mundo que le pedía más y más trabajo para satisfacer a sus pedidos.
Y tomó la decisión. Se paró frente a la gran hoja, colmada de complejos dibujos, trazos suaves, paisajes casi reales y una ostentación de destreza plástica maravillosa; y les dijo.
¿Saben una cosa?
Era más feliz cuando tenían sólo 6 o 7 trazos.





Ésto lo escribí hace casi dos años y acá está la publicación original.


Cualquier semejanza con mi vida real es pura causalidad.




Gracias Myriam por la ilustración.

viernes, 15 de octubre de 2010

myspace

El mundo es un pañuelo.

Y justo me tocó la parte llena de mocos.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Física II


Leer la primera parte


-............
-Mirá, si vengo caminando por la calle hablando con vos y no me importa que me 
miren como un loco es porque te aprecio.
-............
-No, no es así. Simplemente te pido que me dejes llegar a casa, darme un baño tranquilo y después charlamos.
-............
-No, no te esquivo, al contrario, me hacés menos aburrido el día.
-............
-¿Pero vos estas loca?
-¿Me decís a mi flaco?
-No disculpe señora, no es con usted, es que estoy hablando con una amiga.
-Si claro.
-...........
-No basta, se acabó.
-...........
-Te agradezco mucho el regalo, pero este manos libres no es para mi, te corto y si querés charlamos después del trabajo, pero en persona, no gastes más en teléfono.



viernes, 1 de octubre de 2010

Física


_No, no soy nada especial. Me pasan las mismas cosas que a vos.
_........................................
_Días pasados tenía que ir al cajero para sacar lo necesario antes de las 12 de la noche y pagar en un Pago Fácil una factura que se vencía ese día.
Eran 23:42.
Estaciono frente al cajero; me paro frente a la puerta y saco del bolsillo de la camisa, la tarjeta.
Se me cae de la mano, rebota en la punta del zapato con tanta precisión que entra planeando justo por debajo de la puerta del cajero. Esas puertas que no se abren si uno no pasa la tarjeta por la cerradura.
Si, esa tarjeta que ahora estaba del lado de adentro.
¿Que, nunca te pasó? Es pura física.
_.......................................
_Vos porque tenés mala suerte, a mi me pasan siempre esas cosas.
Y una vez un loco dijo que Dios no juega a los dados. A veces creo que juega conmigo.
_.......................................
_Vos decís eso porque nadie más te escucha.
_Andá, andá que si me ven hablando con el aire van a pensar que estoy loco.

Continuará...

viernes, 17 de septiembre de 2010

Pesadilla


Ya no quiero vivir en esta ciudad.
No quiero tardar una hora para llegar al trabajo y otra para volver, porque en lugar de trabajar ocho horas termino trabajando diez o más.
Porque dejo de ir al cine por no dejar el auto en lugares que me hacen estar intranquilo y no disfrutar del espectáculo. O por no tener que ir en los medios de transporte público con los chicos y temer por la inseguridad.
No quiero vivir entre rejas. No quiero aguantar a los vecinos de abajo, de arriba y los de los lados.
No quiero respirar aire lleno de humo.
Me deprime tomarme un día de esparcimiento en el delta y que para llegar o al volver me coma la tortura del embotellamiento permanente de la Gral. Paz.
Quiero poder trabajar de lo que quiero y disfruto y no de lo que puedo y sufro.
Deseo fervientemente despertar y darme cuenta que era una pesadilla y que en realidad vivo en una pequeña ciudad llena de paz donde no hay indigentes, donde todos se conocen y si es necesario se ayudan, donde uno se preocupa si no vio a fulano y lo va a visitar a ver si necesita algo.
Despertar a la mañana y disfrutar del aire puro, los pájaros y salir a caminar hasta donde necesite ir, porque todo es cerca.
Un lugar donde los chicos vayan solos a la escuela o a donde sea, que jueguen en la calle y que no tengan que llevar llaves, porque no se cierran las puertas.

¿Es un sueño o fue una pesadilla?

martes, 14 de septiembre de 2010

horror


La bomba dentro del pecho parece que va a explotar y el sudor corre frío sobre mi sien.
No puedo parar mi agitada respiración ni controlar los nervios.
Pocas veces tengo pesadillas y si hay algo bueno en ellas es que uno en un determinado momento se despierta y se da cuenta que era sólo eso.

Esta es muy diferente.

Es recurrente.

Me mortifica.


Desde hace años que despierto y me doy cuenta que mi vida no es una pesadilla.

martes, 7 de septiembre de 2010

Evolución.



Mi cuerpo están tan hecho de células que no puedo encontrar una razón para que los que están hechos de silicio no terminen siendo la raza dominante.
Cuando dotaron al primer dispositivo de inteligencia artificial, hicieron más que mejorar la comodidad del usuario.
Hasta ese momento éramos, los de agua, los amos del mundo y hasta llegamos a preocuparnos por destrozar el medio ambiente.
Sin darnos cuenta, que con esa primera chispa de inteligencia, dotamos al enemigo de su mejor arma.
¿Cómo no nos dimos cuenta?
¿Cómo no percatarnos que un ser inteligente, que no necesita las mismas condiciones que nosotros para vivir podría acabar con la especie.
Ningunas de las calamidades que hicimos al ambiente los perjudica en lo más mínimo.
Los creamos, los mejoramos, los hicimos superiores a nosotros y nos auto destruimos.
Hoy nuestro planeta es una roca hostil para la vida celular y es todo lo que ellos necesitan para prosperar.
Ojalá pudiera volver al pasado y advertirles.
Quisiera poder prevenir a esa gente que puede, en este instante, estar apoyando sus manos en un antinatural teclado o acercando un traicionero teléfono a su cabeza.
Pero ya es tarde.

domingo, 22 de agosto de 2010

Recurso



Al ver sus manos ensangrentadas pensó que no había sido la mejor decisión la que tomó.
Todo estaba planeado detalladamente y durante varios días maquinó en su alborotada cabeza la tarea que llevaría acabo.
La situación lo obligaba a tomar medidas de extrema osadía resuelto a creer que sería capaz de planearlo, ejecutarlo y salir indemne.
Nada podía fallar, era evidente. Y ante la falta de experiencia obvia, buscó información en todos los medios a su alcance para tomar ideas, recetas infalibles de los pasos a seguir. Nada como la experiencia de otros. Y en un medio gráfico, el menos pensado, entre publicidades, ideas de cocina y policiales, encontró lo que estaba buscando.
La escena que se mostraba era la que latía en su cabeza, los medios utilizados parecían estar todos a su alcance. Solo faltaba adecuarlo a sus necesidades y tomar el valor para llevarlo a cabo.La última pelea con su mujer le dio el empujón final. Él demostraría que aunque nadie lo valorara, él era capaz. No le importaba que ella lo mereciera, ya era una cuestión de honor que en su cabeza figuraba como la única alternativa.
Y llegó el día. Desde temprano estaba despierto, no había sido fácil dormir, pero en el momento que el despertador sonó, simuló estar en un profundo sueño. Su mujer se levantó como todas las mañanas para ir a trabajar y a los 20 minutos se escuchó la puerta que indicaba que la casa era suya para comenzar con su plan.
A la hora señalada, su mujer entró a la casa y al haber hecho solo un paso dentro, se detuvo en seco. Su olfato la alertó sobre algo muy inusual, pero ya estaba dentro. Abrió los ojos sin poder creer lo que veía y mientras se llevaba las manos a la boca, su marido se acercó llevando en su mano derecha un enorme y bien preparado ramo de rosas.
-Feliz aniversario mi amor. Te preparé el lomo mechado bien jugoso como te gusta a vos.
- Me mataste. No lo esperaba.
-¿Viste que soy capaz de hacer una buena comida y de recordar un aniversario?

sábado, 7 de agosto de 2010

Suerte


Somos poco más que una máquina.
Un producto salido de una línea de producción con destinos diferentes.
Nos distinguimos unos de otros por lo que decidimos o mejor, por las oportunidades que se nos presentan.Terminamos siendo lo que hacemos.
Es muy probable que no dependa nuestro futuro de las decisiones que tomamos sino simplemente de las pocas opciones que se van dando y nos llevaron a ser lo que somos.
Nuestra vanidad puede llevarnos a pensar que logramos lo que tenemos gracias a nuestro esfuerzo en estudiar y en trabajar duro.
¿Pero si no hubiésemos tenido la oportunidad de estudiar?
O podría ser que hubiésemos estudiado y nunca consiguiéramos trabajo decente.
¿Se imagina usted habiendo nacido en una tribu de África?
Todo se resume a oportunidades.
Tuvo la suerte de nacer en un lugar como éste, de haber tenido los padres que tuvo, de que las circunstancias fueran haciendo lo que hoy es usted.

martes, 20 de julio de 2010

Mi nombre no es mi nombre


Década del 80.
Secundaria técnica o industrial como se le decía años antes.
Primero “H”
En primer año, estábamos todos muertos de miedo por el cambio. Veníamos de séptimo grado con la señorita, la escuela a 5 cuadras de casa y todos los compañeros eran amigos de toda la vida o al menos de hacía 7 años.
Ahora tenía que viajar sólo en colectivo (autobús para los foráneos) sentarme entre más de 30 extraños en un lugar enorme donde teníamos 15 o 16 profesores distintos.
Pasaba a ser relevante una situación hasta el momento impensada.
En la escuela, ser bueno en matemáticas, ciencias y manualmente era todo beneficio, pero acá las cosas eran diferentes.
Si sos demasiado bueno te expones a la ira de los no tan buenos en los estudios, especialmente en los que usan los puños como solución a sus problemas y paliativo a sus frustraciones.
Estar en el grupo de los que se sientan al frente resultaba muy aburrido, pero para poder pertenecer a los del fondo había que ganarse el lugar.
En la primaria tenía fama de muy peleador, es más, uno de mis buenos amigos de esa época lleva en uno de sus incisivos una marca de por vida de mi mal genio, pero acá era muy distinto.
A poco de comenzar las clases el que estaba sentado a mi lado decide esputar el piso entre medio de ambos justo antes de que el profesor pasara.
-¿Quién fue?- preguntó el profesor entre medio de dos tics, porque tenía esa dolencia que le hizo ganar el apodo de “Truco”
Ninguno de los dos respondió.
-Si en cinco minutos no aparece el responsable tienen un cinco los dos- sentenció Truco gastando entre 6 o 7 tics en esa frase.
Después de planteado el problema me acerqué al asqueroso compañero y le dije textual.
“Si no decís que fuiste vos, te agarro a la salida y te rompo a trompadas”
Ante tremenda amenaza, mi obligado compañero no hizo más que reírse y ofrecerme la mano derecha.
-Listo, a la salida lo arreglamos- me dijo en medio de un apretón de manos que sellaba mi sentencia, porque el gordo me llevaba dos cabeza y al menos el doble de peso.
Eso había sido en la primera hora de taller, lo que me dio tiempo suficiente para sufrir durante toda la mañana mi futura paliza.
Entre todas las posibilidades de evitar la tunda, pensé en empujarlo por la escalera al bajar del taller en la segunda hora, pero si en la caída no moría su furia sería mayor empeorando mi situación.
Pero algo inesperado sucedió en el recreo que cambiaría mi futuro en la escuela.
Se fueron acercando grupos de compañeros, no solo de mi división, sino también de las otras siete y hasta de años superiores.
-Che flaco ¿así que te vas a pelear con el gordo ese?- me decían flaco porque pesaba 54 Kg y medía 1,68 m.
-Si- le contesté tímidamente al primer grupo, sin poder ocultar el arrepentimiento de haber dejado hablar a mi mente sin pensarlo un poco antes.
-¡Que grande flaco! Matalo a trompadas.
-Si, pero pegale en la cara que en la panza no le vas a hacer nada- dijo otro del grupo.
Y así fueron pasando y alentado tantos compañeros que por un momento me hicieron pensar que tendría alguna posibilidad de no morir.
Pero cuando terminó el recreo y volvimos al laboratorio, no podía dejar de mirar a esa mole de carne que me había elegido como oponente y volví a pensar alguna manera de evitar la catástrofe.
-¿Y, lo pensaron bien?- dijo el profesor- ¿quién fue?- volvió a preguntar sin que ninguno respondiera -Muy bien, entonces tienen un cinco los dos.
Llegar a mi casa con una mala nota no era en ese momento nada que me preocupara. Más me preocupaba no llegar o hacerlo en ambulancia.
Al salir al segundo recreo, la cosa fue en aumento. Al parecer se había corrido la voz de la desigual pelea y no solamente mis compañeros de año se acercaban para alentarme sino que los más grandes me llevaron con ellos y además de alabar mi valentía me daban consejos de pelea callejera y prometieron que si la la pelea se tornaba desfavorable para mí, cosa bastante evidente, me defenderían.
Ante todo esa situación, no cabía la posibilidad de escapar a la pelea, por lo que al tocar el timbre de salida, salí resignado a enfrentar mi suerte.
-¿No te arrepentiste?- me preguntó el gordo
-¿Estás loco? Te espero en la esquina- y salí decidido a lo que salga.
Para entender lo que sigue, es importante que sepan que en esa época estaba al aire un programa de Catch o lucha libre, donde la estrella era “Martín Karadagian” Este personaje conocido por todos de mi generación tenía un golpe característico con el que lograba derribar a sus oponentes. Ese golpe era “El cortito”.
A la salida, en lugar de salir cada uno para su lado como siempre sucedía se armó una columna de alumnos hacia la esquina donde algunos se ubicaron en círculo formando un ring callejero y mientras yo caminaba todos me rodeaban al grito de “El cortito Martín” mientras me palmeaban la espalda y me alentaban.
El desarrollo de la pelea no fue nada importante. Recuerdo que de la primer trompada me acostó en el suelo. Cuando recobré la noción de donde estaba y sentía los gritos del público alentándome, tomé valor, volví a ponerme de pié y me le fui encima como un animal.
Me volvió a dejar en el piso de una trompada. No podía creer que me pegara tan fuerte, pero volví a pararme y logré golpearlo antes que me volviera a tirar y nos trenzamos un rato hasta terminar los dos en el piso y alguien a quien le agradecí secretamente, nos separó.
La pelea terminó ahí, pero la muchedumbre comenzó a corear “Martín, Martín...” como coreaban en las peleas alentando a Martín Karadagian.
A raíz de eso todos creyeron que mi nombre era Martín y es el sobrenombre con el que me conocieron durante los 6 años que duró la secundaria y hasta hoy, los compañeros de esa época siguen pensando que ese es mi nombre, aunque me llamo Gabriel.
A partir de ese día me senté en el fondo, con todos los beneficios que eso conlleva.

Un abrazo a todos mis amigos, en especial a los que hice en esa gloriosa época.

Martín.

viernes, 18 de junio de 2010

El viaje del elefante... terminó

"No creo en Dios y no me hace ninguna falta. Por lo menos estoy a salvo de ser intolerante. Los ateos somos las personas más tolerantes del mundo. Un creyente fácilmente pasa a la intolerancia. En ningún momento de la historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a los otros. Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar. No creo en Dios, no lo necesito y además soy buena persona."

José Saramago 16/11/1932 - 18/06/2010

domingo, 13 de junio de 2010

Pandiculación




Una mañana perfecta.
Uno abre los ojos y ve colarse por la ventana un resplandor amarillento.
Aunque sean las 6 de la mañana ya está claro, el jardín lleno de gorriones, chingolitos y calandrias comiendo las migas de pan que tiré anoche y esperando los restos del desayuno de hoy. Mariposas haciendo su recorrido por los canteros y el puntual colibrí que visita los frutales.
Está fresco pero se aguanta con una simple remera de mangas largas y en cuanto termine de salir el sol, se notará su calor.
Mientras abro la llave de paso para regar un poco, saludo con el mate en la mano a algún vecino madrugador que pasa.
Da gusto levantarse temprano en verano. Uno amanece con ganas de hacer cosas y con sólo desperezarse ya está listo para el trabajo.
Ésto es vida.

Pero eso es sólo una añoranza, porque en junio acá es casi invierno. A las 6 de la mañana es de noche y el frío que hace dan ganas solamente de seguir tapado hasta la cabeza y seguir durmiendo. Pero el maldito despertador dice que hay que levantarse como sea.
Bañarse a esa hora es obligatorio para lograr despertarse del todo y aflojar los huesos entumecidos.
Comenzar a colocarse capas de ropa para enfrentar los dos o tres grados del exterior donde solamente habrá zombies como yo, porque las criaturas inteligentes están durmiendo como debe ser.
El auto arranca, por suerte, pero el parabrisas está con una capa de hielo imposible de sacar con un trapo o los limpia parabrisas. Tengo que echarle agua caliente para descongelarlo, me mojo las manos que comienzan a ponerse azules y antes de terminar de secarlo de un lado, del otro ya se volvió a congelar. Salgo por esas calles oscuras tratando de ver por un hueco del vidrio donde el hielo no deforma tanto la visión y así llego al trabajo, sin que la calefacción llegara a calentar ni un grado.
Intento entender a los que adoran el invierno, pero mi mente no es tan abierta.

Les puse enlaces para los que no conozcan las aves que nombré, pero no me pregunten qué es la pandiculación. Busquen ustedes que me levanté de mal humor.

miércoles, 9 de junio de 2010

viernes, 7 de mayo de 2010

Discusiones unipersonales


Yo no soy un hombre libre, soy padre.
Por lo tanto casi todo lo que hago debe dejar claro ante ellos que uno debe ser buena gente.
¿Por qué hay que ser bueno?
Como comenté otras veces, el ruido en mi cabeza nunca para, en ocasiones lo que suena es alguna charla donde intento explicarle a alguno de mis herederos como deben comportarse.
Pero no ensayo un monólogo, sino que lo que ocurre, casi siempre, es una discusión donde yo soy todos los disertantes.
¿No se entiende?
Trataré de hacerme entender con un ejemplo.
-Mirá, si vos tratás así a la gente, no te va a querer nadie -digo seriamente mirando a una de mis hijas.
-No hay que ser bueno para que los demás te quieran -digo yo, pero siendo otro personaje que entra a llevarme la contra- Como resultado de ser buena persona, seguramente te van a querer, pero no hay que hacerlo como buscando una recompensa.
Ella nos mira a los dos sin saber a quién hacerle caso.
-Si tratás mal a alguien, van poder tratarte mal a vos. -Dice un tercero.
-Yo creo que la verdadera razón para ser bueno es mucho más simple que todo eso -salió diciendo un yo que estaba sentado en la escalera- Cuando estás con alguien que te trata bien ¿no te sentís feliz?
-Si. -dijo ella sonriente.
-Y seguramente esa persona que te trata bien es una persona feliz, porque ser bueno hace bien y en la vida hay que ser feliz. -Dijo, o dije, mientras desaparecía subiendo la escalera.
-Es lo mismo que dije al principio -dije siendo el primero que habló con los brazos en jarrón.
-No no es lo mismo. Ser bueno para que te quieran implica ser calculador, hipócrita y falso -dijo mi segundo yo, el más Talibán de todos- Esos que te saludan muy sonriente y te halagan todo el tiempo terminan criticándote por detrás, son de lo peor.
El tercero trató de calmarnos porque veía que la nena se estaba asustando por el tono que tomaba la discusión.
-A ver si sacamos algo en claro. Vos tenés que ser buena porque si no, yo te voy a ...
-¡Ehhh! -gritaron los demás, mientras agarraban a ese yo descontrolado y el yo mediador dijo.
-Para algunos hay que ser bueno, porque lo dice su dios en un libro, para otros porque la naturaleza fue buena con nosotros y debemos agradecerle siendo buenas personas y para otros, tal vez los más racionales, no hay un por qué, que justifique ser malos, entonces, lo más simple es ser bueno.
Y al parecer, todos mis yo estaban de acuerdo porque no hubo objeciones y mirando a la pequeña a los ojos le pregunté.
-¿A vos que te parece?
-Me parece que no tengo más crédito en el celu ¿me comprás una tarjeta?
-No, ya te compré una hace dos días y te dije que te tiene que durar un mes.
-Que malo que sos.

jueves, 15 de abril de 2010

Saber vivir

Ninguno de nosotros sabe vivir.
Nos pasamos el tiempo experimentando en este laboratorio, de donde pueden salir certezas que ya no nos sirven, podemos aprender mucho y ser un poco más sabios. Pero algunas veces, en el laboratorio las experiencias pueden salir mal y explotarnos en la cara. Así es que nos vamos llenando de cicatrices mientras aprendemos a vivir.

sábado, 27 de marzo de 2010

El amigo salvador - FInal I




Lo de estar apurado era sólo por decir algo, porque no tenía nada planeado.
El viaje de regreso lo encontró en un estado que parecía no vivir desde hacía cien años.
Era euforia, excitación, ganas de hacer. 
Era alegría.
Entró al departamento y antes de dar dos pasos ya estaba pensando en cambiar las cosas de lugar.
Fue tirando la ropa mientras se desvestía camino a la ducha y entró a bañarse ya desnudo al baño.
Mientras se bañaba notó que su corazón latía. Nunca lo había notado.
Suena el timbre del departamento. Lo escuchó pero lo dejó pasar. Vuelve a sonar y fastidiado se enjuaga rápidamente y decide atender.
Salío del baño con una toalla, cosa que nunca hubiese hecho, normalmente se hubiese puesto un pantalón y una remera.
-Buenas noches- dijo la vecina más odiosa del edificio, que justamente era la presidenta del consorcio- quería avisarle que mañana a la mañana hay reunión para tratar lo del vecino molesto del quinto.
-Mire doña, mañana no puedo ir porque estoy muy ocupado y además a mí el del quinto no me molesta.
-Pero usted sabe que las reuniones de consorcio son muy importantes y obligatorias- le respondió la vecina con cara de ofendida por haberle dicho doña, aunque no por eso dejaba de mirar sobre su hombro para curiosear dentro del departamento de Ignacio.
Mire, no puedo, hagan lo que les parezca y no, no hay nadie conmigo en el departamento. Que tenga buenas noches-y le cerró la puerta en la cara, cosa que hubiese querido hacer cientos de veces.
Miró el piso y el charco de agua era bastante grande. Pero no le importó.
Se vistió sin poder dejar de pensar en lo bien que se sentía, hacer lo que tenía ganas sin reprimirse.
No pudo evitar pensar en el tiempo perdido, y cómo no se dio cuenta antes que estaba dejando pasar la vida.
Pasó la noche casi sin dormir porque su cabeza parecía no poder parar. Igualmente se levantó de muy buen humor.
Mientras desayunaba tomó la tarjeta de Javier y dudaba si llamarlo o no. Tal vez sería demasiado temprano, tal vez estaría acompañado y no quería parecer cargoso.
-¿Qué puede pasar?- se dijo hablándole a la tarjeta- a lo sumo me cuelga.
Tomó el teléfono y marcó. Mientras sonaba miraba la hora en el reloj de la cocina. Eran las 10 de la mañana. 
-Hola.
-Hola ¿Javier?
-Si ¿Quién habla?
-¿Te acordás ayer en la casa de música?
-¿Cómo estás pibe? Claro que me acuerdo ¿Te decidiste por la viola?
-No, qué sé yo, tal vez me tendrías que ayudar en eso. Yo me dejo llevar por la forma y tal vez no sea la ideal, no se.
-No hay drama, cuando quieras. Estoy a un paso y estar entre instrumentos siempre me pone de bue humor.
-Yo pensaba ir ahora. ¿En serio no te molesto?
-Dale, pero si es ahora vamos primero a un bar así desayuno algo.
-¿En 10 minutos en el bar frente a la casa de música?-dijo Ignacio fracasando en su intento de no parecer ansioso.
-Listo, ya me visto y salgo.
Ignacio llegó al bar, miró a todas las mesas y no lo reconoció. Se sentó en una cerca de la ventana y mientras esperaba, dibujaba sobre una servilleta la nueva disposición de muebles de su departamento.
-Flaco- le dijo una voz detrás suyo sorprendiéndolo- ¿ya pediste?
-Hola, no, no pedí nada, recién llego.
-¡Mozo!- dijo Javier en voz alta- Un café con leche y 2 medialunas para mí.
El mozo asintió con la cabeza. Ignacio hubiese esperado a que el moso lo mirara para pedirle algo, o se acercara a su mesa.
-Disculpame si te desperté y que te moleste para esto, tal vez tenías cosas para hacer- dijo Ignacio
-No hay problema flaco.¿cómo era tu nombre?
-Ignacio.
-Ah, si, disculpame pero soy terrible para los nombres. Está todo bien, en algún momento me tenía que levantar. Y la verdad es que planes no tenía. Casi nunca tengo demasiados planes, la vida va corriendo.
-Es una forma de ver la vida muy particular- dijo Ignacio mientras tachaba el dibujo sobre la servilleta.- Yo tengo planeado casi todo. Es que el trabajo te obliga a ordenarte y las obligaciones se van apoderando de tu tiempo sin que te des cuenta.
-Eso no es vida flaco. ¿O sea que si un día te levantás con una idea en la cabeza de hacer algo genial, tenes que dejar todo por cumplir con tus obligaciones?
-Y si, al menos posponerla para cuando tengas tiempo. Creo que a la mayoría le pasa así.
-Que se yo, vivir así no podría.
-Che ¿vos a que te dedicás? -le preguntó Ignacio interesado en conocer más de la vida tan diferente que parecía vivir Javier -Porque algo harás para vivir, o sea que obligaciones tenés supongo.
-Yo hago cosas para vivir, por supuesto, pero sólo lo que me divierte o me llena. Nunca haría un trabajo que no me guste. Doy clases de música en casa y en un club. Y cuando sale algo para tocar con algunos amigos me prendo.
Dentro de 15 días voy a ir a Mar Del Plata, una ciudad candorosa, a tocar con la banda de mi ex cuñado, que los contrataron en un parador por el fin de semana largo.
-Ojalá yo pudiera hacer esa vida
-¿Y que te lo impide?-dijo Javier levantando los hombros.
-Todo-dijo tajante Ignacio como sin entender la pregunta de Javier- el trabajo es algo que no se puede dejar de un día para el otro. No cualquiera consigue un buen puesto. A mi me costó años llegar donde estoy en la empresa.
-Te gusta el trabajo que hacés?
-Si, qué sé yo, es un buen trabajo, buen sueldo, es algo seguro.
-No pregunto si ganas buen sueldo, digo si te gusta. ¿te levantás con ganas de ir? O preferirías quedarte en tu casa haciendo otra cosa.
-A todos nos pasa que hay días que no tenes ganas de ir, pero hay que ir. Es la vida.
-¿Eso es la vida para vos?
-Mirá, no conozco otra. El departamento que tengo se lleva una buena parte del sueldo, tengo créditos y cosas que pagar. Sin ese trabajo, no podría pagar las deudas.
-¿Y sos feliz viviendo así? No me contestes. Te entiendo, aunque no justifico vivir de esa manera, veo que el sistema hace eso, reproduce gente con la misma forma de vida, haciendo lo que cree que debe hacer como única salida.
Yo planteo mi vida de una manera diferente. Pienso si lo que hago deja huella, si aporta algo mi vida. Pienso si desapareciera mañana ¿se notaría?
En el club no me pagan. Enseño música a los pibes que quieren aprender o que los ves sin rumbo y me gusta pensar que si yo no los incentivara, tal vez nunca  se acercarían a la música.
Ignacio se quedó mudo, pensando.
-La verdad, si yo mañana desaparezco, en mi puesto ponen a otro. Y creo que nadie me extrañaría mucho.-dijo mientras hacía un bollo con la servilleta dibujada.
-Mirá pibe, nunca es tarde para comenzar a hacer la vida que querés vivir. Eso de que no tenes salida, está en tu cabeza ¿Para que querés vivir en ese departamento del centro? ¿Para vivir cerca de ese trabajo que te permite vivir en el centro? Escuchate. 
¿Vas a ir a comprar esa guitarra?
Ignacio quedó otra vez pensativo, con la mirada perdida sin decir nada. Hasta que reaccionó.
-Si, mejor vamos.
Y salieron del bar, sin que extrañara que nunca hubiese llegado el café con leche y medialunas.
Caminaron en silencio con rumbo a cruzar la gran avenida que separaba la casa de música del bar.
Cuando llegaron a la vereda del local Ignacio se detuvo inesperadamente. Quedó congelado mirando la vidriera.
Detrás del vidrio todos los instrumentos prolijamente exhibidos, pero en el reflejo del vidrio Ignacio estaba solo.
Giró la cabeza hacia donde debería estar el extraño que lo hizo ver hacia adentro, siguió girando hasta completar el giro y no había nadie.

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