Un poco especial
Subiendo a un colectivo, una mañana, camino a la escuela, pagué el boleto, vi a una persona que por alguna razón me llamó la atención y en ese punto, me di cuenta. Lo había vivido. En realidad lo recordaba y además recordaba que estaba vacío el tercer asiento doble del lado de la ventana. Y en efecto, caminé por el pasillo y me senté en el tercer asiento doble del lado de la ventana.
Nunca había sentido algo así y ese día mi cabeza giró alrededor de eso.
Me sentía especial, tendría 13 años y a partir de ese día el suceso se repitió con bastante frecuencia. A nadie me animaba a contarle, en primer lugar, porque pensaba que nadie me creería. Segundo, porque sentía que podría llegar a dominarlo y ver el futuro.
A esa edad las historias fantásticas estaban cerca de haberlas creído reales. La imaginación era el juguete más común y más divertido de los chicos. Bastante lejos de lo que pasa hoy, donde la televisión y los juegos de computadora hiper realistas no dejan lugar a la imaginaci...