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Mostrando las entradas etiquetadas como Cuentos

Peronista

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Pedro era peronista. Era muy poco lo que hablaba, pero se lo pasaba gritando y decía "Viva Perón" cada tanto. Yo era muy chico y son pocas las cosas que recuerdo de esa época pero sin dudas Pedro y el tío Pepe quedaron en mi recuerdo. El tío Pepe era muy extraño y hoy que mis recuerdos se ponen en contexto me doy cuenta que era un verdadero personaje de esos que pintaron de color esa pasada época del folclore urbano del Río de la Plata. No recuerdo el tono de su voz, la del tío Pepe, porque la de Pedro si la tengo grabada, pero recuerdo que hablaba siempre de la "Chatita" y por lo que decía era la máquina más confiable que la tecnología de esos años había logrado diseñar, pero que además tenía sentimientos. Si, la Chatita era una vieja Ford modelo "A" y que según mi tío era fiel y que cuando el le hablaba ella entendía y por eso tenía que tratarla bien. No sería lógico haberla cambiado si era tan buena máquina, pero al parecer, la modernidad había...

Olvidos

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Sin salir de su asombro, el anciano corrió por la calle y cuando estaba por chocarse con unas bolsas las saltó como si fuese un atleta. La desesperación del momento no le permitió analizar la situación, pero no podía creer que eso estuviera pasando en realidad y poniéndose a prueba aceleró el ritmo y sus pasos se hicieron tan largos que logró perder a las bestias mecánicas que lo perseguían. Entró en un restaurante, se sentó lo más alejado posible de los ventanales y se cubrió detrás de la carta mientras espiaba la calle para ver si pasaban esos engendros. Agitado, nervioso y como dentro de un sueño, intentaba poner en orden esos hechos. _Señor_ dijo el camarero que estaba a su lado _¿Puedo tomar su orden? El anciano casi se desmaya del susto, pero no era el primero del día. _Si, disculpe. Tráigame una botella de agua sin gas. _En un momento_ dijo el mozo mientras se alejaba con una forma de caminar que le llamó la atención al anciano aunque eso era lo menos extrañ...

Paraíso (Segunda parte)

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Antes leer la primera parte -¿Cómo estas?-escuchó Alberto entre luces cegadoras y sin saber donde estaba-¿me escuchás? -Bien -dijo Alberto algo somnoliento- Un poco mareado. -No intentes levantarte, descansá hasta que te sientas bien, pero los doctores dicen que ya estás bien. Nos diste un susto enorme. -Lo último que recuerdo es el grito del perro, pobre, lo pisé. -Si papá, lo pisaste, pero te caíste y te rompiste la cabeza. Pasaste varios meses en coma. -¿En serio? Estoy un poco mareado, pero no me duele nada, ni los codos que me dolían siempre. -Si, pasaste casi seis meses en la clínica. Por suerte dicen los doctores que no te van a quedar secuelas. -Bueno, sin dudas, la mejor manera de estar en un hospital es así, porque ni me di cuenta. Después de unos días de controles y rehabilitación, que superó con asombrosa rapidez, subieron al auto familiar dejando la clínica. -Que increíble, así que me perdí seis meses -dijo mientras miraba por la ventanilla del auto. -Si aunque...

Paraíso (Primera parte)

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-¿Ves ese nogal?- Preguntó Alberto a su hijo -Si, el árbol ese que da nueces. -Claro, el nogal da nueces. Bien, ese árbol lo planté cuando eras muy chiquito y quería tener nueces frescas porque sabía que te iban a gustar. -¿Y cómo sabías que me iban a gustar a mi? - Bueno, a mi me gustan mucho y algunos gustos se heredan. -A vos te gustan las aceitunas y a mi no. -No te gustan ahora, pero cuando seas grande te van a gustar mucho. -¿Y cómo sabés? -Digamos que, mirando atrás. -¿Mirando atrás podes saber? -Si, es una de las mejores maneras de ver el futuro. A mi de chico no me gustaban las aceitunas, pero al abuelo le gustaban mucho, igual que los pickles. Con el tiempo me empezaron a gustar a mi también y si hoy me pongo a pensar, nos gustan casi las mismas cosas. -Pero a vos te gusta ir a pescar y a mi no. Yo me aburro mucho. ¿Cuando sea grande me va a gustar también? -Claro, puede ser, aunque hoy ya no es lo mismo que antes ir a pescar. Antes era una aventura, uno se encon...

El gran descubrimiento.

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Se movía de una manera extraña. Muy rápido para un hombre de su edad. Para quienes lo conocían era síntoma inconfundible del entusiasmo repentino de ver que su experimento daba frutos, de vislumbrar resultados extraordinarios un paso más adelante. Porque tenía esa virtud, supongo que igual que un buen ajedrecista, que con su mente va dos o tres jugadas por delante del tablero. Él podía adelantar los resultados de casi cualquier experimento y estar desarrollando en su imaginación el próximo antes de terminar el actual. Y así estaba ese día, eufórico, conectando cables, mangueras y moviendo recipientes y aparatos sin parar. Mientras tanto, el mundo seguía su rutina. Afuera de su abandonado laboratorio la gente pasaba sin tener la menor idea de la importancia del descubrimiento que estaba por hacer el doctor Ramag. Es más, nadie podía imaginar que ese frente descolorido con faltantes de revoque y esa vereda rota por las raíces de los árboles fueran de un laboratorio. Sin dudas pare...

Banco de piedra.

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Le llamamos “el interior” a los pueblos o ciudades chicas del país que no entran dentro de las ciudades de referencia. Hay pueblos del interior del país y más precisamente del interior de cada provincia. De lo que puedo hablar es del interior de la Provincia de Buenos Aires. La riqueza del interior de esta provincia es algo de lo que a veces se habla, pero que pocos conocen o reconocen, porque aunque sabemos que Argentina no es Buenos Aires, si un extranjero quiere venir a conocer el país, no va a otro lado. Y no sólo los turistas que vienen de paseo y se van, también pasa eso con los inmigrantes, que llegan continuamente de a miles y terminan apiñados malamente en la ciudad de la furia, cuando podrían vivir muchísimo mejor en el apacible interior. Precisamente en el interior de la provincia, lindando con la provincia de La Pampa hay un pueblo, llamado Salliqueló. Perdón, a los salliquelenses no les gusta que le digan pueblo, sino ciudad. En esa ciudad pueblerina no hay nada que...

Ropa vieja

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Esta entrada no tiene nada que ver con vestimenta. Tampoco con comida. Varias veces me preguntaron en que me inspiraba para escribir una historia, o como era el proceso de escritura. Me resulta casi imposible responder simplemente a esa pregunta porque no soy estructurado. Mi mujer hubiese dicho que soy un terrible desordenado, pero suena mejor mi versión. En algunas oportunidades tengo alguna idea en la cabeza aunque sin redondear. Si le doy vueltas esperando redondearla a mi gusto antes de escribirla, termino olvidándome y no escribo nada. Sucede a veces que comienzo a escribir esa incipiente trama y el relato termina yendo por un camino totalmente distinto. Ése es el caso del cuentito que les dejo a continuación. Agustín tiene sólo 8 años y la vida para él es ir a la escuela, comer y dormir porque lo obligan. Algunas veces sale a jugar con sus amigos y otras se encierra en su habitación todo el tiempo posible. Mira a los grandes y no entiende por qué se pelean tod...

Física

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_No, no soy nada especial. Me pasan las mismas cosas que a vos. _........................................ _Días pasados tenía que ir al cajero para sacar lo necesario antes de las 12 de la noche y pagar en un Pago Fácil una factura que se vencía ese día. Eran 23:42. Estaciono frente al cajero; me paro frente a la puerta y saco del bolsillo de la camisa, la tarjeta. Se me cae de la mano, rebota en la punta del zapato con tanta precisión que entra planeando justo por debajo de la puerta del cajero. Esas puertas que no se abren si uno no pasa la tarjeta por la cerradura. Si, esa tarjeta que ahora estaba del lado de adentro. ¿Que, nunca te pasó? Es pura física. _....................................... _Vos porque tenés mala suerte, a mi me pasan siempre esas cosas. Y una vez un loco dijo que Dios no juega a los dados. A veces creo que juega conmigo. _....................................... _Vos decís eso porque nadie más te escucha. _Andá, andá que si me ven hablando con el aire van a pen...

El amigo salvador - FInal I

El comienzo de la historia acá Lo de estar apurado era sólo por decir algo, porque no tenía nada planeado. El viaje de regreso lo encontró en un estado que parecía no vivir desde hacía cien años. Era euforia, excitación, ganas de hacer.  Era alegría. Entró al departamento y antes de dar dos pasos ya estaba pensando en cambiar las cosas de lugar. Fue tirando la ropa mientras se desvestía camino a la ducha y entró a bañarse ya desnudo al baño. Mientras se bañaba notó que su corazón latía. Nunca lo había notado. Suena el timbre del departamento. Lo escuchó pero lo dejó pasar. Vuelve a sonar y fastidiado se enjuaga rápidamente y decide atender. Salío del baño con una toalla, cosa que nunca hubiese hecho, normalmente se hubiese puesto un pantalón y una remera. -Buenas noches- dijo la vecina más odiosa del edificio, que justamente era la presidenta del consorcio- quería avisarle que mañana a la mañana hay reunión para tratar lo del vecino molesto del quinto. -Mire doña, mañana no pu...