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La tarde promete ser de las mejores del otoño. Apenas una brisa que trae ese aroma a tierra húmeda que tan bien le cae a Karina. Las ganas de salir de su casa después de varios días de mucho frío la decidieron a emprender el trabajo y parece ser el día perfecto. Desde hacía varios días estaba ese cerezo en su pan envuelto en mimbre esperando ser plantado en su cuidado jardín. En el cuarto de las herramientas estaba esperándola esa pala que maltrataba su espalda pero alimentaba su alma al trabajar la tierra. Decidir el lugar no era tarea fácil pero después de observar todas las posibilidades, esa esquina cerca de las margaritas era el que mejor adornaba el jardín en su mente. Cuando florece el cerezo en el final del invierno se cubre de flores color rosado que con el marco de las margaritas, que son la flor preferida de Karina, harían un cuadro perfecto. Claro que las margaritas florecen más tarde y no coincidirían en el tiempo, pero en su mente se ven juntas. Y aunque su mente es en ex...