La suerte de Rogelio, un ganador. (o una entrada fuera de lugar)
La rueda de mate ya estaba armada y tratando de que pareciera casual me senté al lado de ella. La idea era clara, que ella me pasara el mate y luego tratar de conversarle un poco. No soy el mejor conversador, pero si me dan pie... Hablando de pies, al sentarme no me di cuenta que la mesa tenía un travesaño abajo, cerca del piso y le pegué de lleno con el dedo gordo. Malditas sandalias. Pero nadie se dio cuenta. Es más, creo que la cara de dolor que no pude contener me hizo quedar como alguien sensible, porque justo estaban hablando de un perro que habían atropellado esa mañana a unas cuadras de ahí y dos de las mujeres que estaban ahí en la rueda eran de la Asociación de la Defensa Animal o algo así. Para mi suerte, esa sensibilidad malentendida llamó discretamente la atención de ella, que se distinguía de las demás por sus cabellos negros y su acento de alguna otra tierra. Entonces la fortuna se puso de mi lado y me sonrió. Ya sentado a su lado esperaba tener la opor...