sábado, 20 de agosto de 2011

Paraíso (Primera parte)

-¿Ves ese nogal?- Preguntó Alberto a su hijo
-Si, el árbol ese que da nueces.
-Claro, el nogal da nueces. Bien, ese árbol lo planté cuando eras muy chiquito y quería tener nueces frescas porque sabía que te iban a gustar.
-¿Y cómo sabías que me iban a gustar a mi?
- Bueno, a mi me gustan mucho y algunos gustos se heredan.
-A vos te gustan las aceitunas y a mi no.
-No te gustan ahora, pero cuando seas grande te van a gustar mucho.
-¿Y cómo sabés?
-Digamos que, mirando atrás.
-¿Mirando atrás podes saber?
-Si, es una de las mejores maneras de ver el futuro. A mi de chico no me gustaban las aceitunas, pero al abuelo le gustaban mucho, igual que los pickles. Con el tiempo me empezaron a gustar a mi también y si hoy me pongo a pensar, nos gustan casi las mismas cosas.
-Pero a vos te gusta ir a pescar y a mi no. Yo me aburro mucho.
¿Cuando sea grande me va a gustar también?
-Claro, puede ser, aunque hoy ya no es lo mismo que antes ir a pescar. Antes era una aventura, uno se encontraba solo y tenía que arreglarse con lo que tenía a mano, era libre , nadie te decía lo que tenías que hacer y era muy lindo pasarlo en un lugar así.
Hoy ya no quedan lugares tranquilos, deshabitados donde tener una aventura. Si vas a pescar se te engancha la línea con el de al lado, tenés que aguantar la música que pone el del otro lado y los gritos de las mujeres llamando al marido o a los hijos. Ya no se disfruta. Pero es posible que te guste alguna otra actividad que te dé esa sensación de libertad y aventura, aunque no sea pescando.
Pasaban horas hablando mientras hacían alguna actividad manual, porque ninguno de los dos podía estar quieto.
-Alberto, decime una cosa ¿Te parece bien ponerte a armar un barco en el patio?- Preguntó su esposa bastante molesta, aunque sabía la respuesta.
-Mirá, si espero a poder tener uno, me voy a hacer viejo para disfrutarlo. Así me entretengo y no molesto a nadie.
-¿pero para que querés un barco en el patio?
-Por supuesto que cuando lo termine lo voy a llevar al agua, no lo voy a dejar acá en el patio.
-¿Y cómo lo pensás sacar, no ves que ya no pasa por el portón?
-Vos dejame a mi, yo tengo todo pensado- Le dijo Alberto a su mujer que entraba a la casa golpeando la puerta.
Durante la cena, no hablaron.
-Si querés lo publico y lo vendo así como está- Dijo Alberto intentando comenzar un diálogo ausente durante casi todo el día.
-No, no es eso. Si vendés este, te vas a poner a hacer otro al poco tiempo, ya te conozco.
-El nene ya es grande, le dimos lo necesario para tener un buen estudio, es un buen profesional, tenemos una linda casa ¿Que más podemos hacer?
- No se, algo que nos incluya a los dos puede ser.
-Si, tenés razón. Pensé que estabas bien- dijo Alberto mirando al techo de la habitación- por lo visto no.
-No estoy mal, pero vivimos en una rutina que a veces me satura.
-Pensemos que hacer, nada nos ata ¿Que te gustaría?
No sé -dijo la mujer mirando al techo, aunque la habitación estaba a oscuras- tener un lugar para hacer una quinta, cuidar mis plantas, salir de esta ciudad de locos.
Al otro día Alberto miraba su proyecto de barco en el fondo de su casa.
-Tiene razón Capitán -le dijo Alberto a su perro- esto no tiene sentido, no me va a alcanzar la vida para terminarlo y para sacarlo de acá, lo tendría que desarmar todo y volverlo a armar.
El perro lo miraba inclinando la cabeza, moviendo la cola y como siempre, siguiéndolo durante todo el día, entre herramientas y maderas.
Decidido a desarmarlo y vender las partes, Alberto subió a la cubierta de su proyecto, que aunque no tenía más de 8 metros de largo, parado sobre la estructura de madera que lo mantenía en pié,  resultaba de una la altura de casi 4 metros.
-A ver Capitán, correte que tengo que sacar esto del medio -Le dijo mientras sostenía una pesada pieza del techo de la embarcación.
El perro se movió, pero como siempre, se mantuvo cerca. Tan cerca que al girar con la pesada pieza, sin darse cuenta lo pisó, tropezó con las herramientas que estaban detrás y cayó al piso de su jardín.
El golpe contra el suave césped, no hubiese sido tan grave, pese a la altura de la caída, pero recibir sobre su cabeza el peso del techo del barco le provocó la rotura del cráneo.

11 comentarios:

  1. Pobre Alberto! me mató que se pusiera a desarmar el barco... porque no sigue adelante y busca otra cosa en común con su mujer??? nunca hay que abandonar los sueños, y los que matan los sueños ajenos, esos son los peores, no saben que hacer con su vida, y destruyen la de los demás. Ojalá que el golpe lo despierte!!

    un beso

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  2. A veces, algunos sueños son tan desmesurados que nos terminan volando la cabeza. Este fue algo literal, pero bien cumple al regla.
    Me dio algo de pena que un tropezón así haga fracasar un lindo proyecto.
    Abrazos!!

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  3. Aia...

    que feíto... espero que se recupere pronto.


    baci

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  4. El comienzo me recordó un cuento de mi querido Philip K. Dick donde... Bueno, no lo diré, ya veré si siguen los parecidos durante la segunda parte...

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  5. nadasepierde:
    Alberto es muy bueno y haría cualquier cosa por hacer feliz a su familia.
    Ahora que esos que derrumban sueños ajenos, sin dudas son de lo peor y por desgracia abundan.
    Beso

    Etienne:
    Si, a este se le fue la cabeza con el proyecto, sin dudas.
    Un abrazo.

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  6. NINA:
    Un tropezón no es caída. Bueno, en este caso si.
    Baci

    Damián Neri:
    Ya esta la segunda parte, a ver si se parecen.
    Saludos

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  7. Desafortunadamente es muy normal para la mayoría de las personas quitarle prioridad a un sueño o ilusión personal por factores tan vitales y trascendentales como si pasa una madera por el portón o no.

    Ese Alberto, creo que fue una tontería eso de desarmar su proyecto ¿cómo para qué?. Un montón de madera ahí arrumbada en un rincón no creo que le haga feliz a nadie.

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  8. Buen software.

    ¿Habrá uno con vista a los bosques patagónicos?
    Que tenga hogar de leños para cuando nieva, si es posible: Me relaja.

    Abrazo
    Minombresabeahierba

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  9. Myriam:
    Si, ceder ilusiones ante prioridades ajenas es muy común.
    Si vale la pena o no, no lo se, nadie lo sabrá.
    Ya le tocará ver como alguien a su lado cede por usted.
    ¿Lo creerá tonto también?

    Minombresabeahieba:
    Y en la época del año que prefiera.
    Un abrazo

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  10. Vaya, que interesante, compañero
    Voy a por la segunda

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