domingo, 23 de agosto de 2009

Torturas


En mi familia hay contrastes. Uno de los tantos es que mi madre tiene la dentadura más blanca, pareja y cuidada del condado. Bué, acá no hay condados pero suena bien.
Mi abuelo murió a los 83 años con todos sus dientes. Uno de mis abuelos, porque tengo varios, pero eso da para otra historia.
Por el otro lado, mi padre ostenta la mayor cantidad de huidas de hospitales y consultorios, algunas por la ventana y hasta con la ropa en la mano, por lo que ninguna de los dos extremos sería extraño que yo heredara.
Podría ser, que cuidase mi dentadura con dedicación ejemplar y acudiera al dentista regularmente, más no sea para que me digan, "está todo muy bien, nos vemos en 6 meses" o que mis visitas fueran arrastrando mis pies a los gritos con dos personas tirando de mis brazos.
La historia de mi carnal envase con estos torturadores habilitados, comienza a los 5 o 6 años con una vecina dentista que paradógicamente se llama Angélica. Más que paradójico es sarcástico.
No recuerdo si era muela o diente, pero si recuerdo que forcejeaba tratando de abrirme la boca junto a mi mamá hasta que, todo esto era para ponerme la inyección de anestesia, sentí el pinchazo. Cuando se echó para atrás, síntoma de que algo andaba mal, comienzo a sentir calor en toda la cara, los ojos de mamá que se abrían y algo se sentía raro en mi mejilla.
Parece que la muy angelical de Angélica le erró a la encía y me clavó la aguja en la mejilla que se hinchó como un globo. Después de la discusión entre las dos mujeres terminé en mi casa mirando los dibujitos y queriendo tomar la leche, pero no podía y se me chorreaba toda por la cara dormida.
A los pocos días mi mamá me dijo que me llevaba a tomar un helado y nos fuimos en colectivo a una heladería que debería estar muy lejos. Cuando llegamos no se parecía a ninguna de las heladerías que había visto, pero igual estaba contento de la mano de mi mamá. Hasta que escucho mi apellido pronunciado por una señora de guardapolvo blanco similar al de angélica.
Hasta ese momento duró mi tranquilidad y comenzaron todos a conocer lo insoportable de mis gritos mientras me llevaban , esa doctora y mi mamá hasta un sillón como el de Angélica.
Los primeros minutos lucharon para que abriera la boca sin lograrlo, pero luego mi boca se abrió, solamente para dejar entrar uno de los dedos de la doctora que salió con sangre. Y no era mía.
Después de esto la cosa se complicó, porque era una clínica donde trabajaban varios dentistas y terminaron sosteniéndome entre cinco, y un doctor con cara de enojado me sacó la muela después de un buen rato de pelear contra el peor paciente que deben haber tenido.
Desgraciadamente, también quebraron en la maniobra, la mitad de la muela vecina que estaba sana.
¿Y después de esto quieren que vaya feliz al dentista?
Hasta el día de hoy, cada vez que tengo que ir a una de esas salas de tortura con chapa de bronce en la puerta, es solamente después de haber agotado todas las instancias posibles que van desde pasarse un sapo en la cara, hacer buches con brebajes asquerosos y sufrir como un condenado sin poder dormir.
¿Habré quedado traumado?
Creo que debe ser una de las profesiones que menos evolucionó. ¿No se puede hacer menos traumático?
Para mi próxima extracción quiero anestesia total.

24 comentarios:

  1. Jajajaja,yo conozco a algunos asi de miedicas jajajaja.¡Pero hombre si ahora hay anestesias que no te enteras de nada!!. Creo que si, que estas traumatizado,¡¡pobre mio!! jajajaja.

    Besitos

    ResponderEliminar
  2. Amigo, no quiero ser complaciente con un bárbaro, pero: TIENE RAZÓN!!! Creo que ellos lo gozan, sí, creo que es un ejercicio de poder. Por eso no hay tornos silenciosos, tiran esos instrumentos haciendo ruidos metálicos que provocan que las piernas salten y las rodillas peguen con esas cosas de esos sillones, las anestesias que duelen porque son de las baratas... Recuérdeme que un día le cuente mi trauma infantil con las agujas...

    ResponderEliminar
  3. Ah, la fantasía de la anestesia total para la caries...
    Yo también la tengo.

    Una vez me tuve que sacar dos muelas...era tanto el pavor que le dije a mi dentista ( que es una sra grande, amorosa y pacieeeente...)mirá, sacalas las dos de un saque, porqeu otra vez no vuelvo.

    Y lo hizo.

    LLoré como una nena desde que me puso la anestesia hasta que todo terminó.
    Pero no de dolor, la mina tiene una mano de seda.
    De la impresión de lo uqe me estaba haciendo.


    (Bromas aparte, si necesita alguien paciente y con buena mano, se la recomiendo, chifle y le paso el tel.)

    ResponderEliminar
  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  5. Hay nuevos tratamientos en la materia, obviamente no en nuestro país. Recuerdo que el torno, por ejemplo, se reemplazará por otro elemento que no genera ninguna sensación desagradable.
    Los chinos (si no me equivoco) experimentaron con ratas el crecimiento de piezas dentales que reemplazarían a los implantes.

    De chica le temí al dentista, pero se que si no voy hoy, mañana será peor.

    Una vez, debía sacame un diente y del miedo, un día antes de la extracción, introduje la pieza dental en un capuchón de lapicera 303. Porteriorente comencé a realizar movimientos hacia delante y atrás para aflojar la misma.
    Cuando fuí al odontólogo, la sacó con los dedos, igual me descompuse.

    Cosas de niños.

    ResponderEliminar
  6. Gatadeangora, pero dónde hay de esas anestesias?
    Acá siguen siendo un líquido ácido que te meten por un alambre hueco que se clava en la carne y para ayudarlo a salir empujan con un émbolo de metal dentro de un cilindro con manijas para hacer fuerza. Está todo pensado para martirizar a la gente.
    Besos igual.

    Winter, uy, si yo le cuento lo de las agujas y yo, en ocasiones sacarme sangre es muy simple porque me despierto en una camilla cuando ya terminaron. Y si, la valentía no es lo mío.


    Mona Loca, le agradezco la oferta porque acá son pocos y creo que dudaban entre estudiar veterinaria, minería u odontología.
    La última vez fui a una chica nueva, no es que sea muy buena en su trabajo pero me entretengo mirando.
    besos

    María, yo vengo escuchando sobre avances desde que era así de chiquitito, pero cuando voy a un dentista te meten un taladro en la boca que con sólo el ruido me afloja los calzones, te clavan una aguja de una hipodérmica enorme y plateada que al verla se me baja la presión y te muestran unas pinzas con formatos pensados para dar miedo.
    Que lo confiesen, les gusta someternos.

    ResponderEliminar
  7. Bue, vamos por partes...Para empezar yo soy de su club.....Con chaleco de fuerza me llevan a esos consultorios...
    Para continuar, yo quería su sapo pero para algo más agradable que ya me había anticipado, no para semejante asquerosidad.... Tampoco es cuestión que me dé el gusto de esta manera....

    ResponderEliminar
  8. Yo nunca le tuve impresión a los dentistas y su honrosa (?) profesión, hasta la última vez, que me tocó caer en manos de una vieja sádica que parecía que se hubiera recibido hacía dos días. O bien me equivoqué de consultorio. Pero fue una tortura, realmente. Cuánto sufrimiento.

    ResponderEliminar
  9. Yo creo que ahi Dios le pifió fiero! Porque el ser humano es una máquina de precisión, pero eso de que los dientes sean taaaaan flojos...no sé, no se...
    Son una tortura, no puedo creer que Dios no haya podido inventar algo mejor y mas duradero!
    Se ve que estaba distraído!

    Cuando yo era chiquitita mi mamá me llevaba a un dentista que era amiga de ella. Era tortuoso! Tras que me hacía doler, tardaba un monton porque charlaba con mi vieja.
    Un dia me emperré y no quise abrir la boca. Me puse a llorar loca, y gritaba que no, y que no!
    En eso siento plaafff, me estamparon cinco en la cara!
    No, no era mi mamá, era el dentista!
    Nunca se lo perdoné! Al dentista no, a mi mamá! Yo se que eran otros tiempos, pero igual. me jodió!

    Besoss

    ResponderEliminar
  10. Cómo se puede agarrar de prepo a una criatura, y encima entre varios?? Es de terror!!!
    Considero que con una experiencia de este tipo, temer al dentista es muestra de excelente salud mental.
    Los que se dedican a la odontología son seres sádicos y perversos, está comprobado.
    Yo también pido siempre anestesia total, pero se me ríen en la cara!
    Muy muy buen post, un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
  11. Ayayay, pobre de ti. Mi hermana menor también sufría de la misma fobia, sin embargo mi madre logró controlarsela y hoy por hoy es cosa del pasado. Yo, que ya me he acostumbrado a ir a los odontologos y ortodoncistas a que me hagan hasta abanicos, pues le he perdido el miedo y ya estoy más que acostumbrada.
    Eso sí, ojo con la anestesia completa mi señor...Quedas como gelatina.

    Saludos,

    Paz

    ResponderEliminar
  12. Increile tu mamá...ofrecerte helado y en vez de eso el dentista!!!
    yo te entiendo perfectamente porque tengo el mismo pavor.
    De chica pensaba que cuando fuera "grande" ya le iba a perder el miedo, pero o no crecí, o no sé que pasó , porque el miedo está.
    Yo pido anestesia para la anestesia, y eso funciona bastante bien, y antes de ir al dentista me tomo un lexotanil...

    coincido con Stella, la máquina humana que es perfecta, falla con los dientes... tendriamos que ser como las viboras y cambiar los dientes cada 5 años.... asi todos contentos siempre.

    un beso

    ResponderEliminar
  13. Si es muy desagradable. Pero creo que hay que proceder al revés: Ir a la primera molestia y no esperar a cuando no hay más remedio porque ahí es peor,
    Te lo digo por experiencia.

    ResponderEliminar
  14. Gla, usted quiere sapo, tiene sapo. Soy un caballero.

    MariaCe, seguro que es honrosa la profesión, pero alguien que decide por gusto arrancar dientes con una pinza, es para analizarlo.
    Saludos.

    Stella, es como dice ud. Hay tantas cosas que duran hasta miles de años después de muertos, podrían ser mas duraderas las piezas del comedor.
    Nuestras madres hacían esas cosas por nuestro bien, pero que bien lo hacían!!
    Besos

    Dondelohabredejedo, yo creo que igual sin esas experiencias sería medio cagón para todo lo que tenga que ver con cortes y sangre en el cuerpo, pero...
    Gracias Marina por la inspiracion para este post. Beso.

    Pazcual, el día que inventen un hipnotismo que logre dormirme por completo, que me hagan lo que quieran, mientras tanto, será en casos de suma emergencia. Saludos

    Nadasepierde, si, pero mi fobia no afectó a mi gusto por el helado. Puedo comerme un kilo yo solo y como no engordo...
    Debería probar para la próxima fumarme alfo a ver como me va, porque además que odio las inyecciones, la anestesia no me toma y tienen que darme 3, 4 o más de esas basuras.
    Besos.

    Vill Gates, Si, si, suena muy lindo, pero para un Gamar eso no funciona. Además esas son solo las primeras experiencias, de grande me pasaron también cosas poco agradables.
    Saludos

    ResponderEliminar
  15. Pobre Gamar!!! que história! Muy mal tu vieja en mentir, eso si, espero que te hayan dado kilos de helado después de semejante acto tan poco ortodoxo.
    Si querés, tengo un dentista excelente para recomendarte, lo conocí el año pasado. Con solo la limpieza y darle la tecla en la pasta dental ideal para mi, nunca mas tuve una caries (problema que me salía seguido).
    Si te interesa, avisame y te paso el tel.
    Besotes

    ResponderEliminar
  16. Angélica, cuando te nombro
    me vuelven a la memoria,
    un torno, una aguja desviada,
    y mi cara hinchada.


    Qué experiencia con la sacamuelas!!! jaja
    Dónde está mi valiente chiquito!!

    Besos

    ResponderEliminar
  17. Haifa, pero yo vivo muy lejos. Mejor por qué no me da el suyo?
    Perdón, perdón, se me escapa el indio.
    Por alguna razón extraña el gusto por el helado no se vio afectado en nada.
    Besosss.

    Maracuyá, nunca dije que fuera valiente, es más, hacerse el sensible es una buena manera de obtener mimos femeninos y como eso me gusta...
    Eso es un haiku? Perdón ,pero no aprendí la lección.
    Lo voy a copiar y tirárselo por debajo de la puerta a la dentista. Muchas gracias. Besos

    ResponderEliminar
  18. jajaja...no, no es un haikú, es la zamba Angélica...

    Angélica, cuando te nombro,
    me vuelven a la memoria,
    un valle, pálida luna en la noche de abril
    y aquel pueblito de Córdoba...


    Besos

    ResponderEliminar
  19. Bueno, Gamar, de algo sí te vas a librar: de que te llamen el hombre más cobarde del condado (por aquello de que no hay condados en tu tierra, claro)

    ResponderEliminar
  20. Maracuyá, ahhh, avisen. Como verá no soy muy del folclore.
    Pero prefiero escribírselo, cantar no, eso no
    Besos.

    JuanRa Diablo, eso es ver la parte positiva.
    Saludos

    ResponderEliminar
  21. No,no Hobre, es que antes los padres no conocian de la medicina p-r-e-v-e-n-t-i-v-a.

    Hoy día hay que asistir apenas de la primer molestia, de lo contrario atenerse a pasar la verguenza de entrar al consultorio con cara de mujer a punto de parir...jajajajajaja.

    Esta me gusto más.

    Chaus

    ResponderEliminar
  22. Reggis, no va esa regla conmigo. Al dentista se va cuando no podemos más. Mientras tanto, se aguanta como se puede. Me alegro que te gustara.
    Chau

    ResponderEliminar
  23. Como apunta Winter más arriba, yo también estoy convencida que hay algo maquiavélico desde su posición de poder. Creo que dentistas y ginecólogos se llevan la palma.

    Estoy paseando por tu casa y todavía me queda mucho territorio por explorar. Mil gracias por descubrirte en mi cocina. El menú se sirve los jueves. Nos vemos por aquí o por allá, en esos ratos de esparcimiento o en productivas noches de insomnio.
    Un saludo y hasta pronto

    ResponderEliminar
  24. Jo Grass, bienvenida, es un verdadero honor recibirla.
    Pasaré los jueves entonces a ver que hay.
    Un beso.

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...