viernes 16 de marzo de 2012

El Plan perfecto



En la escena había un policía.
Nada era claro para los testigos, en esa escena había un homicida y dos cuerpos.
El calendario en el escritorio marcaba, detrás de una salpicadura de sangre, 13 de septiembre.
Ese mismo calendario marcaba 2 de Julio la noche que se reunieron Schoaler y Ferreira para planear el golpe.
El plan era simple, entrarían a la financiera para hacer un depósito generoso, lo que aseguraría la atención del gerente y el tesorero, para que al momento de entrar a la bóveda, Pancuca, su cómplice, que trabajaba como seguridad, los ayudaría a encerrar en esa misma bóveda al personal y llevarse una suma muy importante que debería depositarse minutos antes de que ellos entraran.
No era la primera vez que lograban salir bien. Los planes de Schoaler no dejaban nada sin contemplar y sus vinculaciones ayudaban a tener todo preparado, pero esa vez, un pequeño detalle se le escapó.
-¿Pancuca salió? -Preguntó Ferreira agitado.
-Quedate piola -Contestó Schoaler muy seguro- ya está todo arreglado, no vamos a saber nada de él por unos cuantos meses.
-Pobre gordo, por más guita que se lleve, tiene que desaparecer, fue el único al que le vieron la cara.
-¿Que querías?¿ Que se pusiera una media en la cabeza? Por más que se tape la cara o se ponga una careta de Marilyn esa panza es inconfundible. Aparte ya te dije, está todo arreglado.
-Si, siempre está todo arreglado -dijo Ferreira sin levantar la vista del bolso donde acomodaban el dinero.
-¿Que pasa?¿Estás arrepintiéndote de algo?
-¿Estás loco? Con esta guita no hay arrepentimiento posible.
-Entonces metele y hacé lo tuyo, dejás tu auto en tu casa, te tomás un taxi a cualquier lado, cambias dos o tres veces y te internás en esa estancia por un buen tiempo.
Así fue que Ferreira salio a cumplir la última parte del plan. Tomó un taxi en dirección opuesta al destino final y bajó en una plaza al azar con su bolso al hombro. Pensaba cruzarla caminando y en el otro extremo tomar otro taxi.
Era una tarde de primavera a pleno sol y el paisaje bien podría formar parte de una postal. Decidió sentarse en un banco de esa plaza, sin recordar la cantidad de dinero que tenía en ese bolso. Relajado a la sombra de esos árboles, se dio cuenta que nunca había estado en esa parte de las a fueras de la ciudad. Miró a su alrededor y se aseguró de que nadie lo viera, entonces se quitó la campera negra que tenía cerrada hasta el cuello y la tiró entre los arbustos. Debajo tenía una camiseta de fútbol del club Huracán, el eterno rival de su amado San Lorenzo de Almagro. Se colocó una gorra también blanca y cambió sus zapatos por zapatillas claras.
Ya listo para salir a buscar otro taxi, tomó su bolso, se puso de pie y vio algo que lo detuvo. Volvió a sentarse, bajó la visera de la gorra, puso el bolso debajo del banco y seguía con la vista un auto que circulaba detrás de los árboles.
Conocía ese auto. Conocía a la mujer que lo manejaba. Era su mujer y debería estar a miles de kilómetros cuidando a su madre.
Su corazón estaba tanto o más agitado que en pleno atraco. El auto daba vueltas lentamente alrededor de la frondosa plaza y su cabeza también, tratando de entender qué hacía ella en ese lugar.
No podía estar buscándolo porque nadie sabía que él planeaba estar ahí. Ni siquiera él planeaba estar ahí. La noche anterior habían estado hablando por teléfono y no era posible que llegara tan pronto. En ese momento un auto negro se detiene en una de las esquinas y el auto de su mujer se detiene detrás. Un hombre baja del auto negro y no necesitó esforzarse para identificarlo. Su socio Schoaler subió al auto de su mujer y se alejaron pasando al frente suyo.
Su cabeza estaba en ebullición de ideas y posibilidades. Pensó en seguirlos, pero al instante la descartó y con la mirada fija al frente se encaminó hasta la calle a buscar un taxi.
Durante todo el trayecto no parpadeó. Buscaba las pistas en sus recuerdos, no podía entender que a un sargento de investigaciones se le pasaran por alto frente a sus ojos las evidencias de semejante cama.
Bajó esta vez en el puerto, muy lejos de donde pensaba ir en un principio. Seguramente lo estarían esperando en la estancia para liquidarlo. Schoaler no es un simple ratero, nunca deja pistas y no sería el primer socio que liquida.
Tratando de pensar como su socio, imagina que lo esperado sería que fuese a esa estancia, se mantuviera alejado de todo contacto por más de un mes y eso le daría el tiempo perfecto para desaparecer con su mujer. Pero la plata. No puede ser que dejara que la mitad de lo robado se quedara en manos de otro. Schoaler no es así. Seguramente alguien estaría esperándolo en la estancia para matarlo y llevarse el dinero.
Algo es seguro. Hay un lugar donde no deberían volver ninguno de los dos y ese es la oficina donde planearon todo. Aunque no dejaron ningún rastro, es probable que desde un principio su socio hubiese preparado algo más, algo que lo incriminara.
Sin pensarlo dos veces, salió rumbo a la oficina.
No había ningún plan elaborado, simplemente quería revisar ese lugar buscando respuestas. Trataba de pensar en frío pero no lograba calmar su ansiedad y al momento de doblar en la esquina de esa oficina, otro baldazo. El auto de su mujer estaba en la puerta.
Bajó del taxi, entró al edificio y mientras subía la escalera sacó la Pietro Beretta 9mm. Abrió la puerta con violencia y aunque esperaba encontrarlos a su mujer y su socio, solo estaba Schoaler sentado pálido frente a la ventana.
-¡Basura, lo tenías todo bien pensado, como siempre! -Dijo Ferreira con los dientes apretados y apuntándole a su socio.
-No hermano, nos cagaron, esta vez la hicieron muy bien -llegó a decir Schoaler con voz entrecortada mientras un hilo de sangre le corría por la boca.
-¿Pero quié...?
Ferreira no terminó de preguntarle cuando una bala le perforó la sien.
-Te felicito gordo. Fue lo último que logró decir Schoaler antes de morir.
El asesino limpió su pistola con mucha tranquilidad y la colocó en la mano del cadáver de Schoaler. Bajó las escalera con el bolso de dinero de su víctima y subió al auto donde la mujer de Ferreira lo esperaba con una gran sonrisa.
-¿Salió todo bien? -preguntó ella.
-Casi perfecto -dijo Pancuca, mientras acomodaba el bolso junto al otro en el asiento de atrás.



*Esto ya fue publicado en 2009
La entrada original y sus comentarios acá

domingo 11 de marzo de 2012

martes 31 de enero de 2012

De cien

Alexis y José son músicos.
Alexis estudia piano desde que su tío a los 4 años le regaló un Steinway de cola que pasó a ser el centro de la enorme sala donde vivía la familia Wainbaum. 
José heredó de su padre, el mecánico del barrio, esa facilidad para ser el centro de atención en las reuniones, cantando desde que aprendió a hablar y acompañando con un bombo casero, las guitarreadas que se armaban en los asados del taller todos los jueves.
El señor Wainbaum, uno de los dueños de la mayor editorial del país, contrató a los mejores profesores de piano, durante toda la infancia de Alexis hasta que entró en el Conservatorio Nacional. Varios fueron los profesores que pasaron por esa casa. Por alguna razón nunca duraban demasiado.
José se calzó la vieja guitarra de su padre cuando sus brazos llegaron a rodearla y alcanzar las cuerdas. Tocaba solo, cuando su padre le prestaba el instrumento y en las guitarreadas de los jueves, mientras los mayores comían y tomaban, él se acercaba a los instrumentos de los invitados y con cuidado, apenas rozaba las cuerdas sin tomarlos por miedo a tirarlos.
Con el tiempo José aprendió algunos rasgueos y lo dejaban participar en alguna zamba con la vieja guitarra del mecánico, con el bombo que era por descarte el instrumento que casi siempre le tocaba y cuando sólo estaba de espectador, llevaba el ritmo golpeando la mesa y el banco de madera.
Pasaron muchos años de estudio, muchas crisis en las que el chico no quería ni acercarse al piano, hasta que terminado el conservatorio, Alexis ya era oficialmente un músico.
Gracias a sus influencias el señor Wainbaum facilitó las cosas para que su hijo tocara en el Teatro Nacional, en una gala donde los invitados pagaron carísimas entradas.
La mayor parte de la audiencia estaba por quedar bien con el señor Wainbaum y no entendía mucho de música.
José comenzó ayudando en el taller hasta que quedó al frente después del accidente que dejó a su padre sin poder trabajar. Los asados de los jueves siguieron y ya eran una tradición en el barrio, aunque ahora José era el principal atractivo, deleitando a todos con sus habilidades para emocionar a los oyentes con cualquier instrumento o simplemente con su voz.
En la escuela no le salían muy bien las cosas. Aunque era muy inteligente, el trabajo le ocupaba casi todo el tiempo y si no fuera por la insistencia de su padre hubiese abandonado.
Con unos compañeros se les ocurrió armar un grupo y los fines de semana se juntaban a tocar a la gorra en la peatonal del centro. Solían juntarse muchas personas alrededor, que al pasar, no podían evitar sentirse atraídos por la música y aplaudir hasta dejar rojas sus palmas.
No lo hacían tanto por la recaudación, que a veces, después de repartirla, ni siquiera alcanzaba para comprar un juego de cuerdas, pero hacer música les daba placer y ver a la gente feliz era suficiente recompensa.
La noche del concierto Alexis estaba muy nervioso, casi descompuesto. Había ensayado cientos de veces pero igualmente no podía alejar ese terror de que se le escapara una nota.
El auditorio escuchó en silencio durante la ejecución, muchos se esforzaron por contener el sueño y cuando terminó aplaudieron de pie y saludaron respetuosamente al importante músico, hijo del respetado editor, en el imponente teatro.
Casi una hora después del concierto, Alexis seguía temblando, su malestar no lo dejaba y su cara ya estaba entumecida de sonreír forzosamente para las fotos y las felicitaciones que no sentían que fuesen sinceras.
No quiso volverse con sus padres y decidió dar una vuelta caminando para despejarse. Igualmente su casa estaba a pocas cuadras del teatro.
Mientras caminaba por la peatonal se paró a ver el por qué de tanta gente y entre las cabezas lo vio a José tocar con una vieja guitarra y cantar con tal sentimiento que logró emocionarlo.
Cuando terminaron de tocar, agradecieron sinceramente al público por escucharlos y entre aplausos se dispersaron los paseantes, algunos dejaron algunas monedas en la gorra, otros simplemente siguieron su camino.
Cuando los amigos contaban las propinas para repartirlas, no podían creer lo que veían. Entre monedas y billetes de dos pesos, enrollado prolijamente un billete de cien.

miércoles 4 de enero de 2012

A falta de inspiración...

Ante la duda de cómo actuar en ocasiones complicadas, se suele oír que el corazón dice una cosa y la razón otra.
¿Y cómo hacen para saber cuál es cual?
A mi me suena todo igual, de otra manera sería muy fácil decidir. Yo le haría caso a la razón y que el corazón se dedique a bombear en silencio.
Si uno les sigue prestando atención les da aires y no sería extraño que terminen hablando el hígado o el páncreas. Este último es el peor porque ni siquiera estoy muy seguro donde está.
Ahora que lo pienso, es probable que mi hígado se haya querido comunicar ya, pero se ve que no logra hacerse entender y agarra todo a las patadas. Sobre todo después del lechón con cerveza.
Y hablando de cerveza, no se si les había comentado que fabricaba mi propia cerveza. Todo comenzó al hacer la tesis de mi carrera, que la centré precisamente en esa producción y además de presentar mis resultados, los correspondientes escritos, la presentación multimedia y la exposición ante el jurado y auditorio, presenté mi primera producción.
Todos lo que la probaron me decían que estaba deliciosa, aunque a mi me sabía a sidra.
La segunda producción ya parecía cerveza y los mismos que antes habían dicho que la anterior era rica, después de probar esta decían "esta si que está rica"
La cuestión es que comencé a querer mejorar el proceso de producción y eso llevó a comprar equipos, materia prima en grandes cantidades y de mejor calidad.
Aparte de convertirme en un orgulloso homebrewer , tomaba la cerveza más cara del mundo porque me terminaba saliendo cinco veces más cara la que yo hacía que la mejor cerveza importada.
Y para los que dicen que la cerveza artesanal no hace mal, que le pregunten a mi hígado.
Después de muchos años de ir armando los equipos uno se encariña y aunque no lo use, que ocupe medio garage y tener que explicarle como funciona a cada uno que lo ve, es muy difícil deshacerse de su creación. Es como un hijo.
Un día me levanté, se lo ofrecí a un amigo y con la plata me compré un auto. Ahora cada vez que mi amigo hace una producción me trae para que la pruebe. Creo que fue el mejor negocio de mi vida.
¡Ya no se puede creer en nadie!
Y no me refiero a mis amigos catadores de cerveza.
Según los Mayas el mundo se terminaba en el 2012. Pero resulta que ahora no se termina nada.
¡Y yo saqué un crédito!
En fin. Sean felices, no crean en nadie más que en ustedes, vivan como si el mundo se acabara este año y sobre todo, no saquen créditos.

sábado 3 de diciembre de 2011

Sensaciones.

¿Que buscan los hombres?
Es una pregunta que escuché miles de veces en boca de mujeres que parecen no encontrar su príncipe azul.
Y nos preguntan a nosotros como si fuésemos conscientes de eso.
El hombre, como género, es por demás simple e instintivo. No me reduzco a ser una bestia que solo quiere comer, eliminar a la competencia y reproducirse, aunque hay de esos y suelen ser barras bravas, pero aunque uno haya estudiado, tenga una posición social y aparente ser un hombre civilizado, la esencia siempre está y guiará su vida. Es la naturaleza.
Los hombres buscamos sensaciones fuertes.
Eso nos alimenta. Consciente o inconscientemente buscamos esa cuota de adrenalina que nos hace sentir vivos y activos.
Según la ciencia, la inyección de adrenalina nos pone en un estado de alerta y excitación muy grande seguido de una liberación de endorfinas que nos hacen sentir relax y placer.
Algunos la encuentran en deportes de riesgo o de mucha acción física, otros en vehículos inseguros o en mujeres más rápidas que esos vehículos.
Pero tengan la certeza, que todos necesitamos esa dosis.
Privar a un hombre de esas sensaciones es matarlo de a poco.
Las mujeres deberían saber convivir con ese instinto masculino en lugar de censurarlo y hacer todo lo posible por evitar que obtengamos ese elixir vital.
Algunos sólo obtienen su cuota de sensaciones fuertes en relaciones prohibidas y es el único caso en el que entiendo que las mujeres tengan objeciones. Y está claro que el objetivo de ser infiel, en algunos casos es sólo el hecho de ser prohibido. Sobran casos en los que se ve a hombres metiéndose en problemas con mujeres que valen mucho menos que la propia, pero lo que buscan no es a esa otra mujer, sino a las sensaciones que obtiene de esa situación.
"¿Qué le ves a andar en moto si podés ir en el auto?"
Que poco nos entienden.
Yo creo que a todos nos atrae lo mismo de las mujeres. Sensaciones. Pero cada uno las encuentra de forma diferente.
Una mujer bella y joven es irresistible para cualquier hombre. Insisto, cualquier hombre.
Las sensaciones que recibe van desde el orgullo de la presa obtenida, el miedo a que se valla con otro simio, perdón, hombre y el instinto de supervivencia que nos lleva a buscar el mejor espécimen para la supervivencia de las especie.
Pero lo mismo puede obtener en una mujer exitosa, una profesional que aunque menos agraciada se torne atractiva por su intelecto.
Y sin dudas, una muy buena mujer de su casa, que sea la mejor madre posible para nuestros hijos y que nos haga sentir útiles y necesarios nos transmite ese paquete de sensaciones que nos hacen pretenderlas.
Pero si es la adrenalina lo que en realidad nos mueve, hay que saber que el desencadenante principal es el miedo.
Cuando un hombre está totalmente seguro de que la mujer a su lado no va a dejarlo, se pierde la parte instintiva de esa atracción. En ese momento, las relaciones de muchos años, comienzan a basarse en valores, objetivos y necesidades más razonadas.
También por eso es que cada vez sea más extraño encontrar parejas de muchos años.
A veces ver un partido de fútbol o una carrera de autos nos transmite esas mismas sensaciones.
¿Por qué les molesta que veamos eso?
¿Prefieren que obtengamos esas sensaciones fuertes con una amante?
Esto nace de una pregunta en un foro donde caí por casualidad y donde preguntaba una mujer, qué es lo que buscaban los hombres de 30 y de 40 años.
Después de leer muchas respuestas, llego a la conclusión de que todos buscamos lo mismo.
Yo creo que prestándole atención a este punto, las mujeres pueden aprovecharse de nosotros. Un poco más.

sábado 22 de octubre de 2011

Extraterrestres.

Que se desarrolle o no, vida en otros lugares es posible, claro que si, pero por amplio que sea el universo, en cuanto a dimensiones me refiero, olvidamos lo efímeros que somos, comparados con la antigüedad del universo.
Por lo tanto, puede haber habido civilizaciones y habrá otras pero tal vez no coincidamos en la escala temporal nunca.
Tal vez la vida sea un evento que al necesitar tantas condiciones juntas para producirse, sea algo que se da en una etapa del desarrollo de un sistema y que luego desaparece para siempre.
Buscando una analogía, se me ocurre que es como tener un Deja Vu . Todos habremos tenido uno alguna vez, pero ¿cuánto dura? No es muy común encontrarse con otra persona que esté teniendo uno al mismo tiempo, sin embargo eso no quiere decir que no pudiera pasar.
Y aunque sea tan poco probable, que encontremos otra civilización coincidiendo en el tiempo con la nuestra, que esté a nuestro limitado alcance y que tenga dimensiones similares a la nuestra para que la reconozcamos, me gustaría verla sin interferir.
Poder ver cómo se desarrollan en esa otra civilización, cuestiones domésticas que tienen que existir también.
Por ejemplo la música.
En todas nuestras culturas siempre hubo música, por lo tanto debe ser algo que nace de una necesidad.
Llegarían a parecerse algunos instrumentos?
Usarían escalas similares?
También me intriga como sería su organización social.
¿Será una organización inteligente, como la de nuestros aborígenes, donde manda el más sabio o el más viejo, o ya se habrán dejado dominar por los poderosos sin virtud?
Sería interesante ver.

domingo 16 de octubre de 2011

Torturado

Obligarme a comer, aunque yo no quisiera. Aunque le dijera que eso no me gustaba era y es capaz de cocinarme otra cosa y así obligarme a comer igual.
Meterme al agua aunque yo no quería, como si a los chicos les gustara bañarse.
Dejarme inmovilizado poniéndome ropa como si viviera en el polo.
Despertarme, eso es lo peor. Yo quería seguir durmiendo y ella me despertaba, con la excusa de, no se, ir a la escuela. Y me preparaba el desayuno que a esa hora me caía mal.
¡Y eso todos los días!
Y nunca me dejó hacer un montón de cosas que yo quería.
Pegarle a mi hermano, por ejemplo, que es algo muy entretenido para los hermanos mayores, lastimarme, que es una experiencia necesaria y formadora, pero no, ella siempre privándome de sufrimientos.
Otra de sus malas costumbres. Llenar la casa de olor a comida casera.
¡Todos los días!
Y no claudica.
Hoy casi todos los hijos tienen descanso, sus madres trabajan y los dejan en paz una horas pero la mía no. Toda su vida la dedicó a quedarse en casa torturándonos con esas cosas y muchas más.
A todas las madres, que tengan un buen día.
Seguramente todas querrán ser la mejor mamá pero lo lamento por ustedes, porque la mejor mamá es la mía.


*Hoy acá se festeja el día de la madre.
Feliz día a todas.
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