viernes, 20 de junio de 2014

Peronista

Pedro era peronista.
Era muy poco lo que hablaba, pero se lo pasaba gritando y decía "Viva Perón" cada tanto.
Yo era muy chico y son pocas las cosas que recuerdo de esa época pero sin dudas Pedro y el tío Pepe quedaron en mi recuerdo.
El tío Pepe era muy extraño y hoy que mis recuerdos se ponen en contexto me doy cuenta que era un verdadero personaje de esos que pintaron de color esa pasada época del folclore urbano del Río de la Plata.
No recuerdo el tono de su voz, la del tío Pepe, porque la de Pedro si la tengo grabada, pero recuerdo que hablaba siempre de la "Chatita" y por lo que decía era la máquina más confiable que la tecnología de esos años había logrado diseñar, pero que además tenía sentimientos.
Si, la Chatita era una vieja Ford modelo "A" y que según mi tío era fiel y que cuando el le hablaba ella entendía y por eso tenía que tratarla bien.

No sería lógico haberla cambiado si era tan buena máquina, pero al parecer, la modernidad había traído al auto definitivo, al mejor exponente de su rubro.



El Siam Di Tela.

Si la Chatita tenía sentimientos, al Siam le faltaba hablar.
Sin dudas el tío Pepe se llevaba mejor con sus autos que con la familia exceptuando a pedro, claro.
La primera vez que escuché la marcha peronista, se la escuché cantar a pedro y para el tío era como dejar salir la euforia. Podía comenzar con un gol de Chicago o simplemente llegaba contento de la calle , se miraban y antes de saludarse, estaban los dos cantando la marcha peronista.

Disculpen los extranjeros que lean y no entiendan lo que significa ser peronista. Y no se confundan, porque no tiene nada que ver con política.
En mi casa no había ningún peronista, al menos hasta que Pedro se vino a vivir con nosotros.
Mientras vivían en la casa de mi abuela, eran dos personajes simpáticos  pero un día apareció Pedro en casa. Al parecer había fallecido el tío Pepe  y desde ese día se quedó a vivir con nosotros.
El barrio entero cambió porque se escuchaba cantar a Pedro su marcha peronista y algo que decía siempre sobre Evita que no llego a recordar, creo que era alguna poesía. Entre eso y los goles de Chicago que relataba y gritaba como el mejor relator de radio, nos pusieron de protagonistas en el barrio.
Recuerdo que me preguntaban los vecinos.
¿Es en tu casa que se escucha alguien cantando la marcha peronista?
Y yo tenía que decir que si, que era Pedro y en realidad ya nos tenía a todos un poco cansados y avergonzados con los vecinos.
Pero Pedro era viejo y un día recuerdo que llegué a casa y subí hasta la terraza, el lugar preferido de Pedro. Ahí estaba mi papá, acomodando la tierra del cantero grande y la jaula de Pedro estaba vacía.
Desde ese día se habrán vuelto a Juntar, el tío Pepe y Pedro, su loro peronista.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Ojos que no ven


Imaginen esto.
Ustedes tienen un auto, por poner un ejemplo, que funciona.
La función de un auto es transportarlo a uno de un punto a otro, protegerlo del clima y pocas cosas más.
Si usted vive en una comarca, como me gusta esa palabra, perdón. Decía que vive en una comunidad chica donde pocos tiene auto y los pocos que hay son similares al suyo, algunos más viejos, algunos más feos, otros iguales y algunos otros desechos que no sirven para nada.
Usted es feliz, al menos en lo que respecta a transporte.
¿Por qué desearía usted cambiar de auto?
Ni lo pensaría. Sus energías estarían puestas en otro lado, sus preocupaciones no pasarían por ese lugar.
Pero si en cambio, usted tiene a su alrededor autos de muy buen nivel, más nuevos, más rápidos, más lindos.
¿Que sucedería?

En principio puede decir que usted está satisfecho con su auto, porque cumple con su objetivo. Puede sentirse apegado a él porque hace muchos años que le ofrece su fiel servicio y no hay razones lógicas para cambiarlo.
Pero puede suceder que se vea atraído por otra máquina. Y básicamente se ve atraído porque se dio cuenta que además de lo que su auto hace por usted, hay otros que le ofrecen cosas en las que no había pensado antes de conocerlos.
Saber que existen autos mejores que el suyo lo hacen desear tenerlo.
Y si tiene la posibilidad de cambiarlo y de esa forma poder gozar de las comodidades y lujos de los nuevos autos. ¿Que lo frena?
¡Que difícil es mantenerse fiel en un mundo globalizado!

jueves, 21 de noviembre de 2013

Todo por una foto.

Hace poco, entró un viejo amigo a mi local y puso sobre el mostrador esta foto.
Y varias cosas me asombraron.
Primero que este viejo amigo, ya es mas viejo que amigo, ya que después de una discusión, para mi sin sentido, dejamos de vernos. Yo fiel a mi estilo de darle a las cosas la importancia que merecen, seguí mi vida como si nada, estando tranquilo de no haber hecho nada mal de mi parte y si había algo que valiera la pena en medio, se solucionaría solo con el tiempo.
Y como si nada hubiese pasado en más de 10 años nos pasamos un rato recordando andanzas. Me alegró mucho su visita.
En esa foto, de unos 10 a 15 años atrás, estoy con mi viejo jeep, al costado de una laguna donde solíamos ir a pescar.
Esa laguna se secó y ese jeep cambió de dueño.
Pero esta foto destapó una cañería mental que llevaba a la pileta donde había montones de recuerdos ahogados en ese fluído poco cristalino de mi mala memoria.
Y salieron a borbotones uno detrás del otro.
Con este viejo amigo y algunos otros, disfrutábamos mucho de salir de pesca, aunque ahora creo que debería recatalogar esas salidas.
En una de las tantas, se planeó como siempre uno de esos viajes. Estábamos tomando mate, seguramente, y alguno dijo.
-Está lindo para ir a pescar.
Y ahí mismo cargamos las cañas, una parrilla, un trozo de carne, una conservadora con hielo para enfriar las cervezas y en un rato la conversación seguía, seguramente tomando mate, pero dentro de algún vehículo camino a dónde fuese que hubiera agua.
El ritual podía cambiar según la hora, el lugar o algún otro factor, pero casi siempre consistía en buscar un buen lugar, salir de recorrida para recolectar un poco de leña, prender el fuego y mientras uno se encargaba de hacer el asado, el otro, o los que fuéramos, armaba las cañas, preparaba las carnadas, etc.
Otras, como ésta que recuerdo, los dos nos pusimos con el fuego, la carne se fue cocinando mientras nos pasábamos las cervezas y así comimos un asado bien criollo debajo de un árbol, pasamos la tarde mirando la laguna y como ninguno tenia ganas de ir a sacar las cañas del auto, nos dedicamos a vaciar las botellas porque llevarlas llenas de regreso está mal visto.
No recuerdo si debajo de ese mismo árbol nos dormimos una siesta o será que se venia la noche, pero el punto es que volvimos, de un viaje de pesca y jamás sacamos las cañas del auto.
Eran tiempos en los que no teníamos dinero. No era muy común tener un auto en condiciones de hacer un viaje y cuando alguno lo tenía, no había dinero para el combustible.
Conseguíamos prestadas las cosas que hicieran falta para acampar y muchas veces solo llevábamos sal y la esperanza de pescar algo para que esa fuera nuestra comida.
Y bastaba que nos juntáramos dos o tres amigos con ganas de ir, que conseguíamos lo necesario. Era raro que pasara un mes sin ir a pescar, o a cazar.
Hoy, todos hicimos nuestras vidas, algunos progresamos más que otros, pero sin dudas, tenemos todo lo necesario para poder acampar con todas las comodidades, ya no tenemos que pedir prestadas las cañas porque no nos falta equipo. Sin embargo, sin exagerar, deben haber pasado dos o tres años que no voy a pescar.
Decimos que la excusa es el tiempo. Hoy nadie tiene tiempo.
Y decimos que vivimos mejor.
Pero no quiero terminar el relato de esta forma.
Como decía cuando comenzaba, ver esa foto me trajo recuerdos de las andanzas con el viejo jeep modelo 1947 y me gustaría contar esa vez en la que en una de las costas del sur, cuando volvíamos por la playa después de haber pescado dos tiburones, aprovechamos la marea baja para salir de una zona de acantilados donde la marea alta nos había encerrado.
Entre la bruma vimos un bulto en la playa que resultó ser una cría de ballena encallada por la misma bajante que nos permitió escapar.
El sonido que hacía era muy triste, como un gemido muy suave, que nos conmovió y nos obligó a que hiciéramos algo para tratar de ayudarla. Apenas si movía de vez en cuando la cola denotando un gran agotamiento.
Sin embargo no sabíamos que hacer, las olas nos empapaban y estaba la posibilidad de perder la oportunidad de salir aprovechando el final de la bajante que nos dejaba un sendero de playa libre entre los acantilados y el mar.
Pero nunca dejó de mover los ojos que nos seguían donde fuera que nos moviéramos.
Sacamos unas sogas, que en realidad estaban de adorno, envueltas alrededor de los caños de la jaula anti-vuelco del jeep. Las atamos  y después de un buen rato de cavar y pasar un soga por debajo del animal, logramos arrastrar con el jeep a la pequeña ballena hasta que pudo nadar y volver al mar.

  Aunque en realidad, no se si lo que se destapó es la pileta de los recuerdos o de la imanación.
Deben estar muy cerca. 

viernes, 31 de mayo de 2013

De la necesidad nace... algo.

Desde muy chico, la música fue para mi mucho más que para el resto.
Seguramente influyó el entorno, ya que mi papá era o es músico, no se si se deja de serlo cuando se deja de tocar, y solía haber en casa algunos otros músicos cuando era yo muy chico. Al crecer dejaron de venir, pero en cada fiesta aparecía la guitarra y los escuchaba cantar algunas zambas.
A mi me dejaban tocar el bombo y recuerdo vagamente las felicitaciones por llevar muy bien el ritmo, pero eso fue de muy chico y después nunca más.
En mi casa había muchos discos. También hubo magazines.
Unos armatostes de plástico con 4 pistas que sonaban tremendamente bien. Comparados con el sonido del Wincofon claro.
Pero la estrella fueron los casettes. Toda la discografía de los Beatles en casettes sonaron infinidad de veces.
Haber nacido en esa etapa de oro del rock nacional también fue una suerte, porque me tocó ver los comienzos de enormes artistas y poder haberlos visto tocar cuando no eran nadie te da otra perspectiva de esas grandes estrellas.
Hubiese querido una guitarra desde chico, pero no era posible.
Estaba la guitarra clásica de mi papá, pero no era la eléctrica que yo quería.
Cuando le pareció que yo ya podría aprender música se dedicó a darme clases. Yo emocionado me imaginaba haciendo riffs y solos, pero las clases eran lectura de notas, técnicas que en ese momento me resultaban sin sentido y ejercicios repetitivos muy poco emocionantes.
El pedía una hora por día a ejercitar. Yo me encerraba en el comedor y hacía los ejercicios. Una vez, dos. A la tercera ronda ya estaba más aburrido que una piedra y me ponía a sacar canciones que me gustaban. Para él eso atentaba en contra del método de enseñanza y me amenazó con no volver a enseñarme nunca más si volvía a escucharme haciendo eso en lugar de mis ejercicios.
Siempre fue de palabra.
Por suerte no me prohibió usar la guitarra, pero yo lo que quería era una eléctrica. Nunca había tenido una cerca, menos tocarla, pero quería eso.
Un día apareció mi papá con una guitarra espectacular. Era una acústica, no era una eléctrica, pero se parecía más a una eléctrica y como según él ya no tenía ganas de tocar, cambió su Estrada de concierto, por esa acústica de muy mala calidad y un tv blanco y negro que nunca funcionó.
No tardó en darse cuenta que fue uno de los peores negocios de su vida aunque siguió perfeccionándose hasta hoy.
Yo miraba esa guitarra y se veía como una de las que se veían en las revistas. Cuando uno la hacía sonar, era como una pelea de gorriones. Imposible de tocar, era una basura bien lustrada.
Así que me quedé sin profesor y sin guitarra.
Pero al poco tiempo se me ocurrió ponerme a fabricar mi propia guitarra eléctrica. Peor que esa no podría sonar.
Y en pocos días, usando algunas piezas de la intocable, nació la Gamar 001, la primera guitarra que hice y por fin tuve una eléctrica. Había heredado algunos de los defectos de la otra guitarra de la que saqué algunas piezas pero yo era feliz y podía tocar una guitarra eléctrica al menos los pocos minutos que duraba afinada.
Sabrán que una guitarra eléctrica necesita un amplificador y se imaginarán que tampoco tenía uno, pero gracias a mi hobbie, la electrónica siempre había algo donde enchufarla.
Tardé muchos años hasta poder al menos tocar unos minutos una verdadera guitarra y eso provocó mi divorcio incondicional con la Gamar 001. Me creía muy malo tocando gracias a ella, en parte.
Con los años me fui de mi casa y le dejé la guitarra a mi hermano más chico que se dedicó de verdad a la música y nunca más la tuve en mis manos.
Hasta hace un mes, que la vi, les pedí si podía traérmela y ya de otro color, después de casi 30 años, vuelvo a tener la gamar 001 en mis manos.
En mi recuerdo era una guitarra que sonaba bastante mal, pero pasé muchas horas torturando vecinos y fue mi único instrumento hasta no hace muchos años.
Alcanzó con que, después de una restauración, la enchufara y pudiera volver a escuchar ese sonido, ese timbre tan característico. Una porquería.

sábado, 13 de abril de 2013

Desnudez

Me preguntan si estoy bien. Que si no escribo, que hace mucho que no voy por aquí o allá.
No me pasa nada, en ocasiones hago decenas de cosas a la vez, me meto en comisiones, construyo equipos o cosas extrañas, escribo, compongo y compito. Otras me muevo como una babosa y no me pidan nada porque solo quisiera ver si detecto el movimiento de la aguja menor del reloj a pila del comedor.
No es mi culpa.
A veces mi sangre cansada de recorrer siempre los mismos rincones, parece ralentizar su paso, distraerse de su función y creo que hasta se duerme en esa vueltita que hay atrás de las amígdalas. Por supuesto que debe haber complicidad de otros fluidos vitales que la ven y hacen la vista gorda. Es proverbial la desidia y tendencia a la corrupción de ese rojo fluir.
Ni hablar de las neuronas, que deberían andar conectándose y hacerme recordar aniversarios, fechas y obligaciones, tan inútiles como oportunas para evitar malos momentos sociales. Créame, son las peores.
Su básica astucia y tendencia lúdica terminan haciéndome pensar en cosas inoportunas en momentos en los que debería estar prestando atención a lo que otra persona me esté contando, aunque me resulte de los más aburrido y trivial.
Para cuando me doy cuenta de sus andanzas, tengo enfrente una persona moviendo la boca y gesticulando mientras en mi cabeza estoy encontrando la solución a un problema o recordando a una ex novia.
Igualmente incómodo es darse cuenta que los músculos, si esos fibrosos tejidos mal entretenidos, que dejan de responder a sus mandos naturales y se divierten haciéndome quedar mal en las contiendas deportivas.
Deben ser de los peores, pero uno no puede prescindir de ellos y los aguanta.
Estoy casi seguro que son los culpables de que mis compañeros de juego no me elijan para su equipo.
Uno aspira, en el sentido de deseo, no en otro, a lograr llevarse bien con todas las partes de uno y pone la mejor buena voluntad, pero le aseguro, son ingratos.
Y mire que me esfuerzo por defenderlos.
Varias veces me han mandado los médicos a sacarme sangre. Y como yo suelo ser muy avaro en esos aspectos, lo mío es mío, desoigo esas sugerencias y no lo hago.
Podría exprimir mis neuronas tratando de resolver problemas y sin embargo, las eximo del esfuerzo y hasta pareciera que nada me importa. Ni hablar de los burlones músculos, que podría darles trabajo, hacerlos fatigar y sin embargo utilizo los ardides más originales y esquivos para que lo pasen haciendo lo menos posible.
Y así le pagan a uno.
Mi consejo es que no hay que cuidar nada, hagan uso y abuso total, igual no se lo van a agradecer.

Casi que estoy de acuerdo con este personaje, al menos si no es mucho esfuerzo.

lunes, 8 de abril de 2013

Entretenido

Adivinen cuál soy yo.
Una ayuda. No soy mujer.

domingo, 13 de enero de 2013

Olvidos


Sin salir de su asombro, el anciano corrió por la calle y cuando estaba por chocarse con unas bolsas las saltó como si fuese un atleta. La desesperación del momento no le permitió analizar la situación, pero no podía creer que eso estuviera pasando en realidad y poniéndose a prueba aceleró el ritmo y sus pasos se hicieron tan largos que logró perder a las bestias mecánicas que lo perseguían.
Entró en un restaurante, se sentó lo más alejado posible de los ventanales y se cubrió detrás de la carta mientras espiaba la calle para ver si pasaban esos engendros.
Agitado, nervioso y como dentro de un sueño, intentaba poner en orden esos hechos.
_Señor_ dijo el camarero que estaba a su lado _¿Puedo tomar su orden?
El anciano casi se desmaya del susto, pero no era el primero del día.
_Si, disculpe. Tráigame una botella de agua sin gas.
_En un momento_ dijo el mozo mientras se alejaba con una forma de caminar que le llamó la atención al anciano aunque eso era lo menos extraño de todo lo que estaba viviendo.
¿Que estaba pasando?
¿Cuándo comenzó todo eso?
El anciano solo recordaba haber ido a comprar frutas, haber conversado con sus nietos un buen rato y después de eso ya no recordaba nada, creía haberse dormido, pero tampoco recordaba haberse despertado. Y eso no era algo simple para el pobre anciano. Después de despertar necesitaba un buen tiempo para que sus ojos aclararan su panorama alrededor y sus huesos tenían que ponerse en orden porque al despertar siempre parecían haberse soldado.
Pero nada de eso estaba en sus recuerdos. De repente tres criaturas enormes, como sacadas de una película lo perseguían por la calle, sacando chispas en el asfalto con sus patas de metal y el anciano solo atinó a huir. Después del gran susto se vio corriendo con una agilidad que ni de joven había tenido.
_Permiso_dijo el mozo mientras acomodaba las cosas en la mesa.
_Si, gracias_ alcanzó a decir el anciano mientras miraba a su alrededor.
Todo el lugar le resultaba extraño y mientras su excitación se calmaba comenzaba a darse cuenta de los detalles.
La televisión, o al menos eso donde se veía ese partido de fútbol, no era algo que hubiese visto nunca.
Se veía la imagen en una esquina del local, como si se proyectara, pero no en la pared sino en el aire ocupando un volumen y se distinguían detalles y perspectivas con gran nitidez que hasta parecían poderse tocar.
Y la calle. Se veía la calle a través de los ventanales, pero no vio autos en ningún momento.
¿Estaba soñando?
No podía ser eso un sueño, estaba consciente de ello y uno cuando sueña no se da cuenta que puede ser un sueño, simplemente sueña.
Comenzó a mirar a la gente a su alrededor y no notó nada demasiado extraño, hasta que tomó su vaso de agua. Sus ojos se abrieron al ver su reflejo. Cuando estaba calmándose su corazón volvió a acelerarse, se puso de pie y buscó su reflejo en el cristal de un enorme acuario.
Era él, pero 50 años antes de su último recuerdo.
_Disculpe señor, por favor siéntese y trate de calmarse ya van a venir sus familiares_ dijo el mismo camarero que lo había atendido, ahora acompañado por otra persona.
_¿Pero que pasa?
_Díganos ¿qué es lo último que recuerda?
_Yo estaba con mis nietos, no se, nada fuera de lo común, pero lo importante acá es que yo tengo 81 años.
_Entiendo, no se asuste, eso suele pasar.
_¿Pero qué cosa es lo que suele pasar, tener 81 años y de golpe verse y sentirse como de 25?
_Tranquilícese señor, seguramente usted es de los primeros pacientes y algo provocó que olvidara su vida y de golpe volvió a sus últimos recuerdos.
_No entiendo_ dijo el asustado anciano mientras se miraba los brazos y buscaba las arrugas en sus manos que ya no estaban.
_Según dicen, el proceso que usaban para borrar la memoria de sus últimos momentos desagradables de vida, tenía algún defecto y a muchas personas de esos primeros años del tratamiento de recuperación celular, les ha pasado de perder la memoria de toda su vida y volver a la anterior.
_Mire, no me está aclarando mucho, solo me está asustando más.
¿Quiere decir que estoy muerto?
_ Disculpe, no somos médicos, pero no, es obvio que no está muerto, usted se ve muy sano, pero le deben haber aplicado a usted el tratamiento de recuperación celular cuando era muy mayor y si ahora de golpe le volvieron los recuerdos de esa época, entiendo que esté asustado.
_A ver_ dijo el anciano tratando de calmarse_ ¿Ustedes dicen que me hicieron un tratamiento para rejuvenecerme y me olvidé de todo?
_No sabemos su caso señor, pero si recuerda tener 81 años y se ve tan joven es evidente que usted está tratado.
Díganos, en que año nació?
_1932
_Veamos, es cierto, usted no tiene 81 años. Usted tiene 231 años.
_Pero entonces ¿En que año estamos?_Preguntó en anciano frunciendo el ceño.
_ 2163 señor
El anciano se dejó caer en una silla, se sentía mareado y su cabeza parecía girar mientras sus pensamientos se amontonaban tratando de dar sentido a tanta información.
En ese momento entraron 3 personas al restaurante, que al verlo fueron hacia donde estaba.
_Papá_ dijo uno, que era el único al que pudo reconocer el anciano_ ¿Estás bien?
_¿Bien? No se como estoy. Esta gente dice que tengo mas de 200 años y lo último que recuerdo es estar conversando con tus hijos, por lo visto hace 150 años atrás. Tengo que estar soñando.
Todos me dicen que me tranquilice, esto es una locura.
_No te hagas problemas papá, ya mismo vamos a la clínica a ver que te pasó, pero seguramente ese juego en el que estabas te causó el síndrome de amnesia traumática. Confiá en mi, es común y fácil de tratar.
Horas más tarde, el anciano estaba riéndose con sus dos nietos.
_No abuelo, nunca más vamos a ese parque de realidad aumentada.
_Pero imagínense que de golpe, se olviden de todo lo que pasaron en los últimos 150 años y creer que uno está en aquel mundo_ dijo en anciano en medio de carcajadas_ Y hasta me asombraba que no había autos en la calle.
_Ja ja ¿autos? No buscabas carruajes también?
Así pasaron horas de risas entre el anciano y sus dos nietos recordando el antiguo mundo en el año 2013, cuando aún no se había descubierto el gen que permitía a las células regenerarse.
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