domingo, 21 de agosto de 2011

Paraíso (Segunda parte)

Antes leer la primera parte

-¿Cómo estas?-escuchó Alberto entre luces cegadoras y sin saber donde estaba-¿me escuchás?
-Bien -dijo Alberto algo somnoliento- Un poco mareado.
-No intentes levantarte, descansá hasta que te sientas bien, pero los doctores dicen que ya estás bien. Nos diste un susto enorme.
-Lo último que recuerdo es el grito del perro, pobre, lo pisé.
-Si papá, lo pisaste, pero te caíste y te rompiste la cabeza. Pasaste varios meses en coma.
-¿En serio? Estoy un poco mareado, pero no me duele nada, ni los codos que me dolían siempre.
-Si, pasaste casi seis meses en la clínica. Por suerte dicen los doctores que no te van a quedar secuelas.
-Bueno, sin dudas, la mejor manera de estar en un hospital es así, porque ni me di cuenta.
Después de unos días de controles y rehabilitación, que superó con asombrosa rapidez, subieron al auto familiar dejando la clínica.
-Que increíble, así que me perdí seis meses -dijo mientras miraba por la ventanilla del auto.
-Si aunque para nosotros parecieron años.
-Me lo imagino.
¿Y tu mamá dónde está ahora?
-Está en tu casa nueva, ahí vamos.
-¿Cómo casa nueva?
-Si, decidimos vender la casa, pero no te preocupes, todas tus cosas están en la casa nueva. Mejor dicho, en el taller nuevo de la casa nueva.
-¿Me hablas en serio?
- Si papá, ya vas a ver, te vas a enamorar de ese lugar.
Casi no habló en el camino, sólo miraba el paisaje que se volvía cada vez más descampado.
-Pero ¿dónde es? -preguntó intrigado viendo que ya estaban muy fuera de la ciudad.
-Es en un lugar espectacular, donde cualquiera quisiera vivir, no te preocupes.
Pocos kilómetros más adelante dejaron la ruta y se adentraron en un paraje rivereño, un pueblo muy chico a orillas de un río.
-Bien papá, llegamos.
Mientras su hijo abría la puerta del auto, Alberto miraba con la boca abierta sin poder creer que fuera a vivir en ese lugar.
Era una casa con fachada de piedra, metida dentro de un largo terreno rodeado de pinos, en un paraje de postal.
-Pero esto no lo compraron vendiendo la casa, no alcanzaría para un terreno solo. Menos con tremenda casa.
-Si papá, una casa en la ciudad vale casi lo mismo que esta y además encontramos a un fanático que se llevó tu barco y nos pagó muy bien.
-Ah. Al menos sirvió de algo mi locura. Igual yo lo quería vender- dijo mientras caminaba por la entrada de la casa.
-Sentí el aire que se respira acá entre los pinos papá. ¿No te da una sensación de paz?
-Si, dan ganas de tirarse acá en el pasto- dijo Alberto mientras se agachaba para pasar la mano por la hierba.
Antes de llegar a la puerta, ésta se abrió y su esposa estaba detrás emocionada.
Después de un largo abrazo con su esposa y una inevitable sesión de lágrimas, se sentaron en la mesa del comedor, imponente por cierto, donde le contaron la historia de los últimos meses.
-La verdad es que esto parece un sueño, la casa es perfecta, el lugar es una postal.
-Y no viste toda la casa -le dijo su mujer- te falta ver lo mejor.
-¿Mejor?¿Qué más puede haber?
-Abrí el ventanal hijo, por favor.
Mientras se abría el ventanal que daba a la parte trasera, Alberto iba abriendo sus ojos cada vez más, a medida que aparecía la vista del fondo de la casa, donde se veía después de un parque, un pequeño muelle de madera añeja y amarrado a él, un velero de madera.
-No me digan que ese velero es nuestro porque no lo puedo creer.
-Si papá, compramos esta casa a la orilla del río, a un cliente mío, que se fue a vivir al exterior. La usaba los fines de semana. Estaba algo apurado por venderla y después de sacar cuentas vimos que era buen negocio.
Vení, vamos a verlo, es chico, pero vas a poder darte el gusto de hacerle lo que quieras y tenerlo donde debe ser, en el agua.
La cara de Alberto demostraba la imposibilidad de creer todo lo que veía.
Mirá papá -le dijo mientras caminaban por el parque trasero de la casa, camino al muelle- esa habitación la usaba de estudio el dueño anterior, que era pintor. Nosotros pusimos ahí todas tus herramientas.
-Es perfecto.
-Y ahí la quinta de mamá, tiene para entretenerse- dijo su hijo mientras lo llevaba hasta el velero.
-La verdad es que me cuesta creer que todo esto sea cierto. Seguramente vos pusiste plata para comprar esta casa, no puede ser que con vender la otra alcance para todo esto.
-Papá, vos disfrutá de tu vida, no te preocupes por nada, ya hiciste tu parte durante muchos años, ahora date el gusto de vivir como a vos te gusta.

-¿Está sospechando?
-No mamá. Le va a resultar extraño al principio, pero una vez que se acostumbre al entorno, la misma computadora va a ir adaptando los acontecimientos para que se sienta bien y además, está tan enamorado de la casa, que su propia mente se encarga de adaptar los detalles.
Viste que cuando uno está enamorado ve todo color de rosa, ni se da cuenta de lo que sucede alrededor. Este programa se basa en eso, en mantenerlo siempre en un estado de enamoramiento con la vida, donde todo se disfruta.
-Hijo, me da mucho miedo que se vaya a dar cuenta, que se sienta engañado.
-No tengas miedo mamá, está todo pensado, no se va a dar cuenta. Él es feliz ahora.
-Pero imaginate el golpe que sería darse cuenta que todo esto que está viviendo es sólo un sueño y que en realidad está postrado en una cama como un vegetal de por vida.
-Mamá, su realidad es esta, él está siendo feliz y su mente hará lo posible por mantenerlo así, el programa simplemente le dibuja el entorno, pero es su mente la que hace el resto.
en definitiva, es lo mismo que vivimos todos. Quien te dice que nosotros no estamos viviendo lo mismo que él.

sábado, 20 de agosto de 2011

Paraíso (Primera parte)

-¿Ves ese nogal?- Preguntó Alberto a su hijo
-Si, el árbol ese que da nueces.
-Claro, el nogal da nueces. Bien, ese árbol lo planté cuando eras muy chiquito y quería tener nueces frescas porque sabía que te iban a gustar.
-¿Y cómo sabías que me iban a gustar a mi?
- Bueno, a mi me gustan mucho y algunos gustos se heredan.
-A vos te gustan las aceitunas y a mi no.
-No te gustan ahora, pero cuando seas grande te van a gustar mucho.
-¿Y cómo sabés?
-Digamos que, mirando atrás.
-¿Mirando atrás podes saber?
-Si, es una de las mejores maneras de ver el futuro. A mi de chico no me gustaban las aceitunas, pero al abuelo le gustaban mucho, igual que los pickles. Con el tiempo me empezaron a gustar a mi también y si hoy me pongo a pensar, nos gustan casi las mismas cosas.
-Pero a vos te gusta ir a pescar y a mi no. Yo me aburro mucho.
¿Cuando sea grande me va a gustar también?
-Claro, puede ser, aunque hoy ya no es lo mismo que antes ir a pescar. Antes era una aventura, uno se encontraba solo y tenía que arreglarse con lo que tenía a mano, era libre , nadie te decía lo que tenías que hacer y era muy lindo pasarlo en un lugar así.
Hoy ya no quedan lugares tranquilos, deshabitados donde tener una aventura. Si vas a pescar se te engancha la línea con el de al lado, tenés que aguantar la música que pone el del otro lado y los gritos de las mujeres llamando al marido o a los hijos. Ya no se disfruta. Pero es posible que te guste alguna otra actividad que te dé esa sensación de libertad y aventura, aunque no sea pescando.
Pasaban horas hablando mientras hacían alguna actividad manual, porque ninguno de los dos podía estar quieto.
-Alberto, decime una cosa ¿Te parece bien ponerte a armar un barco en el patio?- Preguntó su esposa bastante molesta, aunque sabía la respuesta.
-Mirá, si espero a poder tener uno, me voy a hacer viejo para disfrutarlo. Así me entretengo y no molesto a nadie.
-¿pero para que querés un barco en el patio?
-Por supuesto que cuando lo termine lo voy a llevar al agua, no lo voy a dejar acá en el patio.
-¿Y cómo lo pensás sacar, no ves que ya no pasa por el portón?
-Vos dejame a mi, yo tengo todo pensado- Le dijo Alberto a su mujer que entraba a la casa golpeando la puerta.
Durante la cena, no hablaron.
-Si querés lo publico y lo vendo así como está- Dijo Alberto intentando comenzar un diálogo ausente durante casi todo el día.
-No, no es eso. Si vendés este, te vas a poner a hacer otro al poco tiempo, ya te conozco.
-El nene ya es grande, le dimos lo necesario para tener un buen estudio, es un buen profesional, tenemos una linda casa ¿Que más podemos hacer?
- No se, algo que nos incluya a los dos puede ser.
-Si, tenés razón. Pensé que estabas bien- dijo Alberto mirando al techo de la habitación- por lo visto no.
-No estoy mal, pero vivimos en una rutina que a veces me satura.
-Pensemos que hacer, nada nos ata ¿Que te gustaría?
No sé -dijo la mujer mirando al techo, aunque la habitación estaba a oscuras- tener un lugar para hacer una quinta, cuidar mis plantas, salir de esta ciudad de locos.
Al otro día Alberto miraba su proyecto de barco en el fondo de su casa.
-Tiene razón Capitán -le dijo Alberto a su perro- esto no tiene sentido, no me va a alcanzar la vida para terminarlo y para sacarlo de acá, lo tendría que desarmar todo y volverlo a armar.
El perro lo miraba inclinando la cabeza, moviendo la cola y como siempre, siguiéndolo durante todo el día, entre herramientas y maderas.
Decidido a desarmarlo y vender las partes, Alberto subió a la cubierta de su proyecto, que aunque no tenía más de 8 metros de largo, parado sobre la estructura de madera que lo mantenía en pié,  resultaba de una la altura de casi 4 metros.
-A ver Capitán, correte que tengo que sacar esto del medio -Le dijo mientras sostenía una pesada pieza del techo de la embarcación.
El perro se movió, pero como siempre, se mantuvo cerca. Tan cerca que al girar con la pesada pieza, sin darse cuenta lo pisó, tropezó con las herramientas que estaban detrás y cayó al piso de su jardín.
El golpe contra el suave césped, no hubiese sido tan grave, pese a la altura de la caída, pero recibir sobre su cabeza el peso del techo del barco le provocó la rotura del cráneo.

jueves, 4 de agosto de 2011

Budilnik


Mis instintos más básicos, más animales, irracionales e incontrolables aparecen con sólo escucharlo.
Controlo mis deseos de tomarlo con mis manos y destrozarlo, aunque no se si sería capaz de hacerlo.
En el fondo sé que lo necesito. Tengo que admitir que tiene razón, pero lo aborrezco.
Por más que pasen los años no me acostumbro a él, no quisiera escucharlo nunca más, pero aún así, me duermo a su lado.
Cada día comienzo poniéndole una mano encima y sólo con eso se calla.
Llevo 20 años durmiendo a su lado y lo odio. Pero a la vez, no puedo dejar de mirarlo.
No quiero ni nombrarlo.

orë me zile
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