martes, 24 de noviembre de 2009

Rescatando restos del naufragio

A fines del 2008 publiqué esta entrada, que en realidad esperaba convertirla en una sección donde recopilar frases interesantes. Pocas veces la actualicé y quiero revivirla.
Los que quieran colaborar serán bienvenidos.
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Me gustaría poder armar una sección donde ir acumulando frases, extractos o simplemente ideas que me hayan parecido interesantes de los blogs que voy leyendo.
No todo esta perdido, si bien la decadencia cultural parece carcomer nuestra sociedad, éstos son extractos de cosas que gente de ésta misma sociedad escribe. No esperemos que los medios de comunicación los rescate, para eso estamos nosotros. Y dejemos de quejarnos.

La primera es del blog de Carmine "El país de las letras"

La lengua es la capa de ozono del alma y su adelgazamiento nos pone en peligro
.Sven Birkets.

La medida de la vida no es la cantidad de veces que respiramos, sino las veces que nos quedamos sin aliento.
Alguien me la dijo en un chat

Hay tres clases de mentiras: La mentira, la maldita mentira y las estadísticas.
Mark Twain - (1835-1910) entrada de Stella en Asi me gusta a mi...

"Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres. Pitágoras."
Carmine.

"Somos artífices de nuestra felicidad"
Haideé Iglesias

Del blog "Corrupcion y crimen"

"La vida se ha vuelto un peligro, pero no tanto por los que hacen daño, sino por aquellos que se sientan a ver que pasa"
Einstein

"He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz".
Jorge Luis. Borges

Carmine nos deja otra
"La tiranía de la ignorancia... es la más dura y lóbrega de las esclavitudes."
Juan Luis Vives

Leída en algún lado
Frase de Byron: “ El recuerdo de la felicidad ya no es felicidad; el recuerdo del dolor es todavía dolor”

De Estrella:
Dice Ricardo Piglia que lo escencial de la litaratura pasa por lo "no dicho".

En una entrevista, Pepe Soriano contó lo que e dijo su padre al contarle que dejaría la universidad.
"Si te va bien, disfrutalo mucho, si te va mal, no le eches la culpa a nadie"
Más de la mitad de nuestra sociedad debería reflexionar sobre eso.

Esta misma entrada la iré acrecentando a medida que vaya recopilando cosas interesantes y también le agregaré los aportes que hagan como comentarios.

domingo, 8 de noviembre de 2009

El plan perfecto.


En la escena había un policía.
Nada era claro para los testigos, en esa escena había un homicida y dos cuerpos.
El calendario en el escritorio marcaba, detrás de una salpicadura de sangre, 13 de septiembre.
Ese mismo calendario marcaba 2 de Julio la noche que se reunieron Schoaler y Ferreira para planear el golpe.
El plan era simple, entrarían a la financiera para hacer un depósito generoso, lo que aseguraría la atención del gerente y el tesorero, para que al momento de entrar a la bóveda, Pancuca, su cómplice, que trabajaba como seguridad, los ayudaría a encerrar en esa misma bóveda al personal y llevarse una suma muy importante que debería depositarse minutos antes de que ellos entraran.
No era la primera vez que lograban salir bien. Los planes de Schoaler no dejaban nada sin contemplar y sus vinculaciones ayudaban a tener todo preparado, pero esa vez, un pequeño detalle se le escapó.
-¿Pancuca salió? -Preguntó Ferreira agitado.
-Quedate piola -Contestó Schoaler muy seguro- ya está todo arreglado, no vamos a saber nada de él por unos cuantos meses.
-Pobre gordo, por más guita que se lleve, tiene que desaparecer, fue el único al que le vieron la cara.
-¿Que querías?¿ Que se pusiera una media en la cabeza? Por más que se tape la cara o se ponga una careta de Marilyn esa panza es inconfundible. Aparte ya te dije, está todo arreglado.
-Si, siempre está todo arreglado -dijo Ferreira sin levantar la vista del bolso donde acomodaban el dinero.
-¿Que pasa?¿Estás arrepintiéndote de algo?
-¿Estás loco? Con esta guita no hay arrepentimiento posible.
-Entonces metele y hacé lo tuyo, dejás tu auto en tu casa, te tomás un taxi a cualquier lado, cambias dos o tres veces y te internás en esa estancia por un buen tiempo.
Así fue que Ferreira salio a cumplir la última parte del plan. Tomó un taxi en dirección opuesta al destino final y bajó en una plaza al azar con su bolso al hombro. Pensaba cruzarla caminando y en el otro extremo tomar otro taxi.
Era una tarde de primavera a pleno sol y el paisaje bien podría formar parte de una postal. Decidió sentarse en un banco de esa plaza, sin recordar la cantidad de dinero que tenía en ese bolso. Relajado a la sombra de esos árboles, se dio cuenta que nunca había estado en esa parte de las a fueras de la ciudad. Miró a su alrededor y se aseguró de que nadie lo viera, entonces se quitó la campera negra que tenía cerrada hasta el cuello y la tiró entre los arbustos. Debajo tenía una camiseta de fútbol del club Huracán, el eterno rival de su amado San Lorenzo de Almagro. Se colocó una gorra también blanca y cambió sus zapatos por zapatillas claras.
Ya listo para salir a buscar otro taxi, tomó su bolso, se puso de pie y vio algo que lo detuvo. Volvió a sentarse, bajó la visera de la gorra, puso el bolso debajo del banco y seguía con la vista un auto que circulaba detrás de los árboles.
Conocía ese auto. Conocía a la mujer que lo manejaba. Era su mujer y debería estar a miles de kilómetros cuidando a su madre.
Su corazón estaba tanto o más agitado que en pleno atraco. El auto daba vueltas lentamente alrededor de la frondosa plaza y su cabeza también, tratando de entender qué hacía ella en ese lugar.
No podía estar buscándolo porque nadie sabía que él planeaba estar ahí. Ni siquiera él planeaba estar ahí. La noche anterior habían estado hablando por teléfono y no era posible que llegara tan pronto. En ese momento un auto negro se detiene en una de las esquinas y el auto de su mujer se detiene detrás. Un hombre baja del auto negro y no necesitó esforzarse para identificarlo. Su socio Schoaler subió al auto de su mujer y se alejaron pasando al frente suyo.
Su cabeza estaba en ebullición de ideas y posibilidades. Pensó en seguirlos, pero al instante la descartó y con la mirada fija al frente se encaminó hasta la calle a buscar un taxi.
Durante todo el trayecto no parpadeó. Buscaba las pistas en sus recuerdos, no podía entender que a un sargento de investigaciones se le pasaran por alto frente a sus ojos las evidencias de semejante cama.
Bajó esta vez en el puerto, muy lejos de donde pensaba ir en un principio. Seguramente lo estarían esperando en la estancia para liquidarlo. Schoaler no es un simple ratero, nunca deja pistas y no sería el primer socio que liquida.
Tratando de pensar como su socio, imagina que lo esperado sería que fuese a esa estancia, se mantuviera alejado de todo contacto por más de un mes y eso le daría el tiempo perfecto para desaparecer con su mujer. Pero la plata. No puede ser que dejara que la mitad de lo robado se quedara en manos de otro. Schoaler no es así. Seguramente alguien estaría esperándolo en la estancia para matarlo y llevarse el dinero.
Algo es seguro. Hay un lugar donde no deberían volver ninguno de los dos y ese es la oficina donde planearon todo. Aunque no dejaron ningún rastro, es probable que desde un principio su socio hubiese preparado algo más, algo que lo incriminara.
Sin pensarlo dos veces, salió rumbo a la oficina.
No había ningún plan elaborado, simplemente quería revisar ese lugar buscando respuestas. Trataba de pensar en frío pero no lograba calmar su ansiedad y al momento de doblar en la esquina de esa oficina, otro baldazo. El auto de su mujer estaba en la puerta.
Bajó del taxi, entró al edificio y mientras subía la escalera sacó la Pietro Beretta 9mm. Abrió la puerta con violencia y aunque esperaba encontrarlos a su mujer y su socio, solo estaba Schoaler sentado pálido frente a la ventana.
-¡Basura, lo tenías todo bien pensado, como siempre! -Dijo Ferreira con los dientes apretados y apuntándole a su socio.
-No hermano, nos cagaron, esta vez la hicieron muy bien -llegó a decir Schoaler con voz entrecortada mientras un hilo de sangre le corría por la boca.
-¿Pero quié...?
Ferreira no terminó de preguntarle cuando una bala le perforó la sien.
-Te felicito gordo. Fue lo último que logró decir Schoaler antes de morir.
El asesino limpió su pistola con mucha tranquilidad y la colocó en la mano del cadáver de Schoaler. Bajó las escalera con el bolso de dinero de su víctima y subió al auto donde la mujer de Ferreira lo esperaba con una gran sonrisa.
-¿Salió todo bien? -preguntó ella.
-Casi perfecto -dijo Pancuca, mientras acomodaba el bolso junto al otro en el asiento de atrás.
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