Desnudez
Me preguntan si estoy bien. Que si no escribo, que hace mucho que no voy por aquí o allá. No me pasa nada, en ocasiones hago decenas de cosas a la vez, me meto en comisiones, construyo equipos o cosas extrañas, escribo, compongo y compito. Otras me muevo como una babosa y no me pidan nada porque solo quisiera ver si detecto el movimiento de la aguja menor del reloj a pila del comedor. No es mi culpa. A veces mi sangre cansada de recorrer siempre los mismos rincones, parece ralentizar su paso, distraerse de su función y creo que hasta se duerme en esa vueltita que hay atrás de las amígdalas. Por supuesto que debe haber complicidad de otros fluidos vitales que la ven y hacen la vista gorda. Es proverbial la desidia y tendencia a la corrupción de ese rojo fluir. Ni hablar de las neuronas, que deberían andar conectándose y hacerme recordar aniversarios, fechas y obligaciones, tan inútiles como oportunas para evitar malos momentos sociales. Créame, son las peores. Su bási...