Olvidos
Sin salir de su asombro, el anciano corrió por la calle y cuando estaba por chocarse con unas bolsas las saltó como si fuese un atleta. La desesperación del momento no le permitió analizar la situación, pero no podía creer que eso estuviera pasando en realidad y poniéndose a prueba aceleró el ritmo y sus pasos se hicieron tan largos que logró perder a las bestias mecánicas que lo perseguían. Entró en un restaurante, se sentó lo más alejado posible de los ventanales y se cubrió detrás de la carta mientras espiaba la calle para ver si pasaban esos engendros. Agitado, nervioso y como dentro de un sueño, intentaba poner en orden esos hechos. _Señor_ dijo el camarero que estaba a su lado _¿Puedo tomar su orden? El anciano casi se desmaya del susto, pero no era el primero del día. _Si, disculpe. Tráigame una botella de agua sin gas. _En un momento_ dijo el mozo mientras se alejaba con una forma de caminar que le llamó la atención al anciano aunque eso era lo menos extrañ...