sábado, 30 de julio de 2011

El gran descubrimiento.

Se movía de una manera extraña. Muy rápido para un hombre de su edad.
Para quienes lo conocían era síntoma inconfundible del entusiasmo repentino de ver que su experimento daba frutos, de vislumbrar resultados extraordinarios un paso más adelante.
Porque tenía esa virtud, supongo que igual que un buen ajedrecista, que con su mente va dos o tres jugadas por delante del tablero.
Él podía adelantar los resultados de casi cualquier experimento y estar desarrollando en su imaginación el próximo antes de terminar el actual.
Y así estaba ese día, eufórico, conectando cables, mangueras y moviendo recipientes y aparatos sin parar.
Mientras tanto, el mundo seguía su rutina.
Afuera de su abandonado laboratorio la gente pasaba sin tener la menor idea de la importancia del descubrimiento que estaba por hacer el doctor Ramag.
Es más, nadie podía imaginar que ese frente descolorido con faltantes de revoque y esa vereda rota por las raíces de los árboles fueran de un laboratorio. Sin dudas parecían de una casa abandonada.
En realidad era su casa. Años atrás vivían ahí su mujer y sus hijos, pero el carácter ermitaño del doctor, sumado a su introspección lo alejaban de la gente, a veces de la realidad y con el tiempo, de su familia.
Su laboratorio comenzó siendo un cuartito en el fondo, en una esquina del jardín, pero poco a poco le fue quedando chico y pasó a ocupar una de las habitaciones de la casa, después dos y al quedarse solo, tiró algunas paredes y toda la casa pasó a ser lo que es hoy, un laberinto de mesas, aparatos irreconocibles y cajas.
-¡Mirá Fibo!
¿Te das cuenta de lo que significa esto?- Dijo a los gritos mirando a su perro.
El perro lo miraba ladeando la cabeza algo desconfiado. Que su patrón le hable podía significar dos cosas. Que esté muy feliz por haberle salido algo bien y eso signifique tenerlo de buen humor, que se acuerde de darle de comer y prestarle atención, o que descargue su frustración revoleándole una patada o alguna herramienta.
-Esto es increíble Fibonacci.
¡Esto funciona!-
Casi no hablaba con nadie. Solo lo necesario para comprar comida en el almacén de la esquina o en algunas casas de insumos industriales
En la mesa del experimento rodeada de aparatos había una campana de vidrio con algunas cosas conectadas en una maraña de cables.
El doctor puso dentro una manzana. encendió en secuencia todos los aparatos y después de llenarse de vapor la campana, un destello de luz azul. Al dispersarse el vapor, la manzana no estaba.
-¿Ves Fibo? se fue.
Llevaba años trabajando en una teoría y esa noche encontró la manera de demostrarla.
Podía hacer desaparecer la materia, pero sin cambios de energía, por lo tanto esa materia no se desintegraba sino que pasaba a estar en otro lado.
Los cálculos que le dijeran con certeza a dónde viajaba esa materia estaban inconclusos.
Varios pizarrones llenos de cálculos rodeaban un sillón donde el doctor se sentaba a pensar y ese detalle se le escapaba. Ninguna de las teorías aceptadas respondía a sus experimentos.
-La materia no se crea de la nada ni desaparece. Esa manzana está intacta en algún lado- Dijo en voz alta mientras apoyaba la frente sobre su mano.
Esa noche no durmió. Siguió armando aparatos, desarmó el interior de un armario, lo selló y comenzó a conectarle cosas.
Cerca del mediodía del día siguiente, metió un cuaderno dentro del armario, el plato de su perro lleno de comida y una botella con agua.
-Vení Fibo, tomá- Le dijo al perro que entró contento a comer de su plato.
-Buen día doña Eva ¿Que se cuenta?
-Bien don Ruben, haciendo las compras indispensables nada más, porque la jubilación alcanza cada vez menos.
-Uy, no se queje más ¿sabe cuánta gente quisiera vivir como usted?
-Si, tiene razón, la verdad es que hay quien está peor, por lo menos comemos todos los días.
-¿Que le doy doña Eva?
-Deme medio kilo de pan y trescientos gramos de jamón cocido.
-Al que no veo hace rato es a su vecino- dijo el almacenero mientras le cortaba el fiambre.
-Si mire, no se si no se habrá muerto ahí adentro, porque hace más de un mes que ni ruidos se escuchan. Y eso que no era muy silencioso. A veces eran las 3 de la mañana y ese loco estaba serruchando o clavando algo.
-Ni al perro veo, que solía soltarlo a la mañana y se la pasaba en la vereda ladrándole a todos los que pasaban.
- Ojalá que se hayan mudado- dijo la vecina mientras cargaba su bolsa y pagaba la compra.- yo no lo voy a extrañar.
-Que le vaya bien doña Eva, mándele saludos a su hermana.

viernes, 29 de julio de 2011

Dichos

"Vengo madrugando toda la semana.
¿Y mi ayuda divina?"

"La felicidad está a la vuelta de la esquina.
Y me vengo a enterar ahora que me vine a vivir al campo."

"Vengo del pasado."

Antes pensaba que twitter era algo totalmente sin sentido al menos para mi.
Sigo pensando lo mismo y además si hay algo bueno como esto se puede leer todo junto en una página.

sábado, 2 de julio de 2011

Los telefonos celulares pueden causar la muerte.

Reveladores estudios de importantísimas universidades revelan, que sólo las universidades de medio pelo se encargan de publicar como importantísimos, estudios que no merecen perder el tiempo.
Pero aún así existen estudiantes obligados a realizar alguna investigación para lograr sus títulos y estudian durante un año, por ejemplo, el comportamiento del sistema digestivo, al ser alimentadas con azúcar de caña comparada con el azúcar de remolacha, de un grupo de hormigas sudamericanas en extinción. Los resultados suelen ser concluyentes. O algo así.
No obstante algunas investigaciones tienen verdadera utilidad social el público reacciona ante los resultados.
El tema del peligro de los celulares es sin dudas uno de los mejores ejemplos de estudios bien realizados y con un impacto social irrefutable. Basta con ver las estadísticas que muestran que luego de haberse publicado el resultado nefasto que causa en la salud el uso del intercomunicador social por excelencia, un porcentaje de la población dejó de usarlos de lleno.
Ese porcentaje se eleva al 0,001% de la población sexualmente activa de una muestra realizada en 1000 personas. Sacando cuentas de complejidad universitaria, eso representa a una sola persona y que tal vez dejó de usar su teléfono porque lo perdió o se le cayó dentro del inodoro al inclinarse a bajar la tabla.
Lo dicho, es irrefutable.
Pero el peligro del uso de estos cómodos e indispensables aparatos es innegable. También es innegable lo útiles e indispensables que son, principalmente para las compañías que brindan el servicio.
La radiación que emanan al funcionar puede afectar a las células a nivel cromosómico y provocar mutaciones y cáncer. Pero eso es lo menos peligroso.
Imaginemos esta situación, que trataré de ejemplificar de la manera más simple posible.
Usted es casado y se encuentra entrando a su casa, con los zapatos en la mano, sin encender las luces y tan sigiloso como un gato al acecho, intentando no despertar a su cónyuge porque se le hicieron las 4 de la mañana en una reunión de negocios que solo incluía a su secretaria. Al pasar sin hacer ruido por al lado de su pareja durmiente, suena este artilugio electrónico con el ringtone de la bamba. No es necesario estar cursando un doctorado para evaluar las consecuencias.
Tan peligrosos son, que no necesitan que los tenga uno consigo para causarle serios problemas.
En otro ejemplo sacado de la más pura ficción y lejana a la realidad personal, imagine el caso en que uno se olvida el móvil, como le dicen los españoles y aparece un mensaje de texto, equivocado, por supuesto, que dice algo así como "lo de anoche fue hermoso, te espero a la misma hora de siempre".
Su pareja nunca le revisa los mensajes, pero como usted se lo olvidó, pensó en ver si era algo importante y evitarle un problema.
¿Ahora me entiende?
Sin dudas que puede causar serios problemas para la salud.
Abandone su uso. O la monogamia.
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