jueves, 31 de marzo de 2011

No, no es lo mismo.


Un día de otoño espectacular, con mucho sol, calor un poco exesivo para esta época pero al bajar el sol el aire fresco nos recuerda que el verano terminó.
Y está ideal para escribir. Dan ganas de sentarse comodo en el jardín, con las últimas luces de un sol rojiso y apenas una briza.
No hay mejor momento para sentarse a escribir, poca gente alrededor, ya no hay nada pendiente para acer y uno puede dejar volar la imaginasión a lugares insospechados sin un argumento prefijado. Los personajes crean su propia historia, me sorprende y me enticiasma ver donde me lleban. Soy el primer sorprendido con la trama y quiero ler más, descuvrir el final inzospechado pero no puedo segir, me distraen las faltas ortograficas al punto de aserme impocivle la consentrasión en el testo.
Cepan dizculpar, pero correjir escritos de cekundaria me deja hasí.

lunes, 21 de marzo de 2011

EL CANTO DEL VIENTO


Corre sobre las llanuras, selvas y montañas, un infinito viento generoso.
En una inmensa e invisible bolsa va recogiendo todos los sonidos, palabras y rumores de la
tierra nuestra. El grito,. el canto, el silbo, el rezo, toda la verdad cantada o llorada por los
hombres, los montes y los pájaros van a parar a la hechizada bolsa del Viento.
Pero a veces la carga es colosal, y termina por romper los costados de la alforja infinita.
Entonces, el Viento deja caer sobre la tierra, a través de la brecha abierta, la hilacha de una
melodía, el ay de una copla, la breve gracia de un silbido, un refrán, un pedazo de corazón
escondido en la curva de una vidalita, la punta de flecha de un adiós bagualero.
Y el viento pasa, y se va. Y quedan sobre los pastos las "yapitas" caídas en su viaje.
Esas "yapitas", cuentas de un rosario lírico, soportan el tiempo, el olvido, las tempestades.
Según su condición o calidad, se desmenuzan, se quiebran y se pierden. Otras, permanecen
intactas. Otras, se enriquecen, como si el tiempo y el olvido -la alquimia cósmica- les hicieran
alcanzar una condición de joya milagrosa.
Pero llega un momento en que son halladas estas "yapitas" del alma de los pueblos. Alguien
las encuentra un día. ¿Quién las encuentra? Pues los muchachos que andan por los campos
por el valle soleado, por los senderos de la selva en la siesta, por los duros caminos de la
sierra, o junto a los arroyos, a junto a los fogones. Las encuentran los hombres del oscuro
destino, los brazos zafreros, los héroes del socavón, el arriero que despedaza su grito en los
abismos, el juglar desvelado y sin sosiego.
Las encuentran las guitarras después de vencido el dolor, meditación y silencio transformados
en dignidad sonora. Las encuentran las flautas indias, las que esparcieron por el Ande las
cenizas de tantos yaravíes.
Y con el tiempo, changos, y hombres, y pájaros, y guitarras, elevan sus voces en la noche
argentina, o en las claras mañanas, o en las tardes pensativas, devolviéndole al Viento las
hilachitas del canto perdido.
Por eso hay que hacerse amigo, muy amigo del Viento. Hay que escucharlo. Hay que
entenderlo. Hay que amarlo. Y seguirlo. Y soñarlo. Aquel que sea capaz de entender el
lenguaje y el rumbo del Viento, de comprender su voz y su destino, hallará siempre el rumbo,
alcanzará la copla, penetrará en el Canto.

                               ATAHUALPA YUPANQUI

domingo, 20 de marzo de 2011

Epecuén.

Llegué a este lugar en el año 92 o 93 y tenía algo que para mi es indispensable en el paisaje. Mucha agua.
Por acá no pasan ríos, ni estamos cerca del mar, pero hay lagunas.
Lagunas chicas, bañados llenos de vegetación palustre y mucha vida, así como enormes lagunas, o tal vez lagos, porque desconozco donde está el límite en el tamaño donde dejan de ser lagunas y pasan a ser lagos, pero lo que sé, es que en algunos casos del otro lado del espejo del agua solo se veía horizonte.
Para los amantes de la pezca, esto era el paraíso. Uno paraba al costado de un camino, ponía la parrilla y mientras de hacía el asado, tiraba la caña para obtener los pejerreyes más grandes posibles y en una cantidad impensada para los que venimos de la ciudad.
Tantos peces había que era muy común que algún vecino te viniera a ofrecer 10 o 15 piezas porque había ido a pescar y no sabía que hacer con tanto.
Acá conocí a las nutrias. Al menos así les decían acá, porque en realidad son Coipos. La nutria es carnívora, come peces y el coipo es vegetariano y más chico.
Estaban por todas partes y cazarlos era un deporte muy común, ya que su piel es muy buena y al disco, con cebolla y arvejas son riquísimos.
En casi todas las casas había al menos una alfombrita de piel de nutria al lado de la cama o en el comedor.


Pero aunque yo lo conocí así, no era este el paisaje de antaño por estas tierras.
Había chacareros con todas sus tierras bajo el agua y algunos, la mayoría, tenía una buena parte inundada y mantenía a sus animales o cosechaba las tierras algo más altas donde el agua no llegaba.
En muchos lugares, los caminos eran de piedras que habían traído de las canteras de las sierras cercanas del cordón Montañoso del Sistema de Ventania  levantando varios metros los caminos originales que amenazaba o había tapado el agua.
En el año 85 toda esta zona sufrió una gran inundación y el paisaje se modificó drásticamente.
En cada asado, alguno arrancaba a contar anécdotas de sus años mozos en donde lo pasaban muy bien en Epecuén.
Epecuén fue desde la década del 20 una villa turística muy importante, visitada por gente de todo el país y del exterior donde ya eran famosas sus aguas curativas.
Según las anécdotas que escucho desde hace 20 años, la noche en ese lugar era espectacular y durante el verano todo el mundo recorría los 60 Km de camino de tierra que lo separan a mi localidad.
No se si la nostalgia agranda las historias que me cuentan, pero según ellos las enormes piletas de agua salada, las playas y hoteles se veían abarrotadas de gente durante la temporada de verano.

El castillo es una de las postales más comunes de esa época y que no me animo a contar su historia, porque son muchas las versiones sobre su orígen.
Pero aunque su esplendor parecía insoslayable, había muy pocas fotos y menos aún videos que me mostraran como era realmente ese lugar para tener una idea objetiva sin los contaminantes que el recuerdo va agregando en la memoria.



Sin dudas era muy grande. El turismo lo hizo crecer mucho y la falta de medios técnicos de la época sumado a la certeza de que siempre va a estar ahí, hicieron que hoy no sea fácil encontrar imagenes de sus mejores tiempos.
Las pocas que hay son familiares, amarillentas y unas cuantas que se repiten en todos los sitios de internet.

Yo lo conocí como pueblo fantasma, por el que se podía pasear sólo en bote entre los edificios debajo de 2 metros de agua en los mejores casos. El paisaje totalmente blanco, dada la altísima concentración de sales y minerales de sus aguas. Los árboles muertos, sin hojas pero de pie, de inusual color blanco con sus ramas saliendo de la laguna.
Apenas emergía la punta de la torre del castillo, hasta que se terminó de derrumbar bajo el agua.
Un documental del antes y el después que recomiendo que lo vean.

Pero el agua está bajando. Año tras año, se ven emerger casas que antes no se veían, aparecen caminos y puentes.
Ayer visité Carhué y si bien había escuchado de la existencia de un camino que lo unía con Epecuén, siempre estuvo perdido bajo el agua. Digo siempre, aunque en realidad es hace un cuarto de siglo.
Ayer aunque no estaba en mis planes, me encontré caminando por ese para mi nuevo camino. Lo recorrí como una aventura, descubriendo un paisaje asombroso mientras charlaba con un amigo.
Se me ocurrió preguntarle a una persona que volvía caminando si ese era realmente el camino que llegaba hasta la villa y me dijo que si, que hacía poco que se había reaparecido, pero su relato se vio cortado por la emoción.
Sólo los que lo vivieron saben lo que es haberlo perdido todo de esa manera y verlo de nuevo les refresca ese dolor. No se me ocurrió volver a preguntarle nada a nadie.
Video con fotos
Estatuas de sal un buen documental de 6 partes.

 No llevé cámara, porque en realidad pensaba ir a jugar al golf, por lo tanto las imagenes no son propias, pero en alguna oportunidad voy a grabar lo que se ve hoy de este fantasma que emerge de la laguna.
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