jueves, 28 de octubre de 2010

Ropa vieja

Esta entrada no tiene nada que ver con vestimenta.
Tampoco con comida.




Varias veces me preguntaron en que me inspiraba para escribir una historia, o como era el proceso de escritura.
Me resulta casi imposible responder simplemente a esa pregunta porque no soy estructurado. Mi mujer hubiese dicho que soy un terrible desordenado, pero suena mejor mi versión.
En algunas oportunidades tengo alguna idea en la cabeza aunque sin redondear.
Si le doy vueltas esperando redondearla a mi gusto antes de escribirla, termino olvidándome y no escribo nada.
Sucede a veces que comienzo a escribir esa incipiente trama y el relato termina yendo por un camino totalmente distinto.
Ése es el caso del cuentito que les dejo a continuación.





Agustín tiene sólo 8 años y la vida para él es ir a la escuela, comer y dormir porque lo obligan.
Algunas veces sale a jugar con sus amigos y otras se encierra en su habitación todo el tiempo posible.
Mira a los grandes y no entiende por qué se pelean todo el tiempo.
Cuando va en auto con su padre lo ve insultar constantemente a los demás conductores. Para él es algo normal y si todos fueran como su padre manejarían mucho mejor.
Cuando sea grande quiere ser astronauta porque viajar por el espacio es lo mejor que le puede pasar. Está seguro que se va a encontrar con planetas llenos de gente mejor de la que se ve por acá en la tierra.
Su madre se encarga de todo lo de la casa, que como es bastante grande, no le sobra nada de tiempo y su vida es sólo eso. 

Su padre le dice a ella todo el tiempo que no hace nada y Agustín ve casi todos los días como se pelean, se gritan y para escaparse de todo, se encierra en su cuarto y dibuja.
Mientras dibuja se transporta, ya no escucha más que lo que sus dibujos sugieren. Ya no está en su cuarto.

Dibuja un auto y se sube, recorre una larga línea que recorre la hoja, va encontrando paisajes y personajes con los que comparte diálogos y confesiones.
Estaba recorriendo un bosque cuando el sueño lo obligó a detener su auto y se durmió.
Al despertarse se sentó sobre la cama refregándose los ojos y dudaba de la realidad.
¿Fue un sueño?
Se levantó de la cama y comenzó a buscar en los cajones desordenados, el lápiz con el que soñó. Es un lápiz con el que cobran vida las cosas que dibuja.
Debajo de una pila de papeles con dibujos brillaba el lápiz color azul que aparecía en su sueño. Lo tomó, era igual que en el sueño.
¿Sería un sueño entonces?
En el sueño, encontró a una criatura muy bajita y redonda que le dio el lápiz para que lo usara solamente estando solo. Y que lo que dibujara tomaría cuerpo y vida mientras esté sólo.
Así fue que dibujó varios amigos con sólo 6 o 7 trazos y con los que se divertía más que con sus amigos de la vida real.

Dibujaba naves espaciales y recorría el espacio, siendo capitán, por supuesto.
Dibujaba playas con palmeras y hacia allí salían. Sus amigos eran cada vez más ya que no se podían borrar, no se dejaban.
Sus amigos dibujados le pidieron que les pusieran sombreros, ya que el sol de la playa estaba muy fuerte. Él se dedicó a ponerles sombreros, para lo cual debía borrarles una porción de la cabeza. Cuando él daba vuelta el lápiz para usar la goma sus amigos la esquivaban y se quejaban, pero después de explicarles, accedían y disfrutaban mirándose como quedaban cada vez más adornados.
Agustín sólo salía de su casa para ir a la escuela y al llegar comía apresurado para poder volver a la hoja donde estaban sus amigos y su vida más feliz.
Dibujó un barco donde poder dejar la playa y adentrarse en el mar hasta ahora inexplorado.
Pero sus amigos dibujos le pidieron que les diera un mejor aspecto. Hasta ahora eran solo unos pocos trazos.
Está bien dijo Agustín, voy a tardar más tiempo, pero les voy a dibujar mejores cuerpos.
Dibujó durante horas haciéndoles cuerpos, ropas, zapatos, hasta que su madre lo llamó a comer.
Esta vez, en verdad estaba cansado, salió de su cuarto al primer llamado, cuando últimamente tenían que pasar varios hasta que se resignara a dejar sus dibujos.
Comió y se fue a dormir sin chistar, no quiso ni saludar a sus amigos en la hoja.
Al otro día la rutina lo obligó a salir a la escuela y al volver se encerró en su cuarto, tomó la hoja y sus amigos comenzaron a incorporarse.
-Agustín, estábamos charlando entre nosotros y nos gustaría que nos dibujaras en una hoja más grande. En ésta no podemos hacer mucho ya, queremos tener mas espacio y algunas cosas más.
-Está bien, dijo Agustín.
-Me gustaría más salir en el barco a ver que encontramos, disfrutar de algún viaje, alguna aventura. Ayer me hicieron trabajar toda la tarde y no nos divertimos.
-¿Pero no te interesa vernos felices a nosotros?
-Sí, claro que me interesa, está bien, voy a dibujarlos en una hoja muy grande, pero me va a llevar mucho tiempo.
Y en esa tarea Agustín pasó sus próximas tres tardes, se acalambraba la muñeca, descansaba un rato y seguía.
Al terminar, ya no le quedaban ganas de jugar, estaba cansado.
Al otro día, miraba la hoja desde la puerta de su cuarto aún abierto y dudaba si cerrarlo y adentrarse en su mundo dibujado. Estaba pensando ¿qué sería lo que le pedirían hoy?
Había creado un mundo donde era feliz, disfrutaba sambulléndose en él, tenía aventuras y nada malo podía pasar. Pero sus creaciones, sus amigos comenzaron a exigirle cada vez más.
Una criatura no es real sin sombras, un esfumado mejora mucho el aspecto y etc. y etc.
Ya no era feliz en ese mundo que le pedía más y más trabajo para satisfacer a sus pedidos.
Y tomó la decisión. Se paró frente a la gran hoja, colmada de complejos dibujos, trazos suaves, paisajes casi reales y una ostentación de destreza plástica maravillosa; y les dijo.
¿Saben una cosa?
Era más feliz cuando tenían sólo 6 o 7 trazos.





Ésto lo escribí hace casi dos años y acá está la publicación original.


Cualquier semejanza con mi vida real es pura causalidad.




Gracias Myriam por la ilustración.

viernes, 15 de octubre de 2010

myspace

El mundo es un pañuelo.

Y justo me tocó la parte llena de mocos.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Física II


Leer la primera parte


-............
-Mirá, si vengo caminando por la calle hablando con vos y no me importa que me 
miren como un loco es porque te aprecio.
-............
-No, no es así. Simplemente te pido que me dejes llegar a casa, darme un baño tranquilo y después charlamos.
-............
-No, no te esquivo, al contrario, me hacés menos aburrido el día.
-............
-¿Pero vos estas loca?
-¿Me decís a mi flaco?
-No disculpe señora, no es con usted, es que estoy hablando con una amiga.
-Si claro.
-...........
-No basta, se acabó.
-...........
-Te agradezco mucho el regalo, pero este manos libres no es para mi, te corto y si querés charlamos después del trabajo, pero en persona, no gastes más en teléfono.



viernes, 1 de octubre de 2010

Física


_No, no soy nada especial. Me pasan las mismas cosas que a vos.
_........................................
_Días pasados tenía que ir al cajero para sacar lo necesario antes de las 12 de la noche y pagar en un Pago Fácil una factura que se vencía ese día.
Eran 23:42.
Estaciono frente al cajero; me paro frente a la puerta y saco del bolsillo de la camisa, la tarjeta.
Se me cae de la mano, rebota en la punta del zapato con tanta precisión que entra planeando justo por debajo de la puerta del cajero. Esas puertas que no se abren si uno no pasa la tarjeta por la cerradura.
Si, esa tarjeta que ahora estaba del lado de adentro.
¿Que, nunca te pasó? Es pura física.
_.......................................
_Vos porque tenés mala suerte, a mi me pasan siempre esas cosas.
Y una vez un loco dijo que Dios no juega a los dados. A veces creo que juega conmigo.
_.......................................
_Vos decís eso porque nadie más te escucha.
_Andá, andá que si me ven hablando con el aire van a pensar que estoy loco.

Continuará...
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