viernes, 18 de junio de 2010

El viaje del elefante... terminó

"No creo en Dios y no me hace ninguna falta. Por lo menos estoy a salvo de ser intolerante. Los ateos somos las personas más tolerantes del mundo. Un creyente fácilmente pasa a la intolerancia. En ningún momento de la historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a los otros. Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar. No creo en Dios, no lo necesito y además soy buena persona."

José Saramago 16/11/1932 - 18/06/2010

domingo, 13 de junio de 2010

Pandiculación




Una mañana perfecta.
Uno abre los ojos y ve colarse por la ventana un resplandor amarillento.
Aunque sean las 6 de la mañana ya está claro, el jardín lleno de gorriones, chingolitos y calandrias comiendo las migas de pan que tiré anoche y esperando los restos del desayuno de hoy. Mariposas haciendo su recorrido por los canteros y el puntual colibrí que visita los frutales.
Está fresco pero se aguanta con una simple remera de mangas largas y en cuanto termine de salir el sol, se notará su calor.
Mientras abro la llave de paso para regar un poco, saludo con el mate en la mano a algún vecino madrugador que pasa.
Da gusto levantarse temprano en verano. Uno amanece con ganas de hacer cosas y con sólo desperezarse ya está listo para el trabajo.
Ésto es vida.

Pero eso es sólo una añoranza, porque en junio acá es casi invierno. A las 6 de la mañana es de noche y el frío que hace dan ganas solamente de seguir tapado hasta la cabeza y seguir durmiendo. Pero el maldito despertador dice que hay que levantarse como sea.
Bañarse a esa hora es obligatorio para lograr despertarse del todo y aflojar los huesos entumecidos.
Comenzar a colocarse capas de ropa para enfrentar los dos o tres grados del exterior donde solamente habrá zombies como yo, porque las criaturas inteligentes están durmiendo como debe ser.
El auto arranca, por suerte, pero el parabrisas está con una capa de hielo imposible de sacar con un trapo o los limpia parabrisas. Tengo que echarle agua caliente para descongelarlo, me mojo las manos que comienzan a ponerse azules y antes de terminar de secarlo de un lado, del otro ya se volvió a congelar. Salgo por esas calles oscuras tratando de ver por un hueco del vidrio donde el hielo no deforma tanto la visión y así llego al trabajo, sin que la calefacción llegara a calentar ni un grado.
Intento entender a los que adoran el invierno, pero mi mente no es tan abierta.

Les puse enlaces para los que no conozcan las aves que nombré, pero no me pregunten qué es la pandiculación. Busquen ustedes que me levanté de mal humor.

miércoles, 9 de junio de 2010

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