sábado, 27 de marzo de 2010

El amigo salvador - FInal I




Lo de estar apurado era sólo por decir algo, porque no tenía nada planeado.
El viaje de regreso lo encontró en un estado que parecía no vivir desde hacía cien años.
Era euforia, excitación, ganas de hacer. 
Era alegría.
Entró al departamento y antes de dar dos pasos ya estaba pensando en cambiar las cosas de lugar.
Fue tirando la ropa mientras se desvestía camino a la ducha y entró a bañarse ya desnudo al baño.
Mientras se bañaba notó que su corazón latía. Nunca lo había notado.
Suena el timbre del departamento. Lo escuchó pero lo dejó pasar. Vuelve a sonar y fastidiado se enjuaga rápidamente y decide atender.
Salío del baño con una toalla, cosa que nunca hubiese hecho, normalmente se hubiese puesto un pantalón y una remera.
-Buenas noches- dijo la vecina más odiosa del edificio, que justamente era la presidenta del consorcio- quería avisarle que mañana a la mañana hay reunión para tratar lo del vecino molesto del quinto.
-Mire doña, mañana no puedo ir porque estoy muy ocupado y además a mí el del quinto no me molesta.
-Pero usted sabe que las reuniones de consorcio son muy importantes y obligatorias- le respondió la vecina con cara de ofendida por haberle dicho doña, aunque no por eso dejaba de mirar sobre su hombro para curiosear dentro del departamento de Ignacio.
Mire, no puedo, hagan lo que les parezca y no, no hay nadie conmigo en el departamento. Que tenga buenas noches-y le cerró la puerta en la cara, cosa que hubiese querido hacer cientos de veces.
Miró el piso y el charco de agua era bastante grande. Pero no le importó.
Se vistió sin poder dejar de pensar en lo bien que se sentía, hacer lo que tenía ganas sin reprimirse.
No pudo evitar pensar en el tiempo perdido, y cómo no se dio cuenta antes que estaba dejando pasar la vida.
Pasó la noche casi sin dormir porque su cabeza parecía no poder parar. Igualmente se levantó de muy buen humor.
Mientras desayunaba tomó la tarjeta de Javier y dudaba si llamarlo o no. Tal vez sería demasiado temprano, tal vez estaría acompañado y no quería parecer cargoso.
-¿Qué puede pasar?- se dijo hablándole a la tarjeta- a lo sumo me cuelga.
Tomó el teléfono y marcó. Mientras sonaba miraba la hora en el reloj de la cocina. Eran las 10 de la mañana. 
-Hola.
-Hola ¿Javier?
-Si ¿Quién habla?
-¿Te acordás ayer en la casa de música?
-¿Cómo estás pibe? Claro que me acuerdo ¿Te decidiste por la viola?
-No, qué sé yo, tal vez me tendrías que ayudar en eso. Yo me dejo llevar por la forma y tal vez no sea la ideal, no se.
-No hay drama, cuando quieras. Estoy a un paso y estar entre instrumentos siempre me pone de bue humor.
-Yo pensaba ir ahora. ¿En serio no te molesto?
-Dale, pero si es ahora vamos primero a un bar así desayuno algo.
-¿En 10 minutos en el bar frente a la casa de música?-dijo Ignacio fracasando en su intento de no parecer ansioso.
-Listo, ya me visto y salgo.
Ignacio llegó al bar, miró a todas las mesas y no lo reconoció. Se sentó en una cerca de la ventana y mientras esperaba, dibujaba sobre una servilleta la nueva disposición de muebles de su departamento.
-Flaco- le dijo una voz detrás suyo sorprendiéndolo- ¿ya pediste?
-Hola, no, no pedí nada, recién llego.
-¡Mozo!- dijo Javier en voz alta- Un café con leche y 2 medialunas para mí.
El mozo asintió con la cabeza. Ignacio hubiese esperado a que el moso lo mirara para pedirle algo, o se acercara a su mesa.
-Disculpame si te desperté y que te moleste para esto, tal vez tenías cosas para hacer- dijo Ignacio
-No hay problema flaco.¿cómo era tu nombre?
-Ignacio.
-Ah, si, disculpame pero soy terrible para los nombres. Está todo bien, en algún momento me tenía que levantar. Y la verdad es que planes no tenía. Casi nunca tengo demasiados planes, la vida va corriendo.
-Es una forma de ver la vida muy particular- dijo Ignacio mientras tachaba el dibujo sobre la servilleta.- Yo tengo planeado casi todo. Es que el trabajo te obliga a ordenarte y las obligaciones se van apoderando de tu tiempo sin que te des cuenta.
-Eso no es vida flaco. ¿O sea que si un día te levantás con una idea en la cabeza de hacer algo genial, tenes que dejar todo por cumplir con tus obligaciones?
-Y si, al menos posponerla para cuando tengas tiempo. Creo que a la mayoría le pasa así.
-Que se yo, vivir así no podría.
-Che ¿vos a que te dedicás? -le preguntó Ignacio interesado en conocer más de la vida tan diferente que parecía vivir Javier -Porque algo harás para vivir, o sea que obligaciones tenés supongo.
-Yo hago cosas para vivir, por supuesto, pero sólo lo que me divierte o me llena. Nunca haría un trabajo que no me guste. Doy clases de música en casa y en un club. Y cuando sale algo para tocar con algunos amigos me prendo.
Dentro de 15 días voy a ir a Mar Del Plata, una ciudad candorosa, a tocar con la banda de mi ex cuñado, que los contrataron en un parador por el fin de semana largo.
-Ojalá yo pudiera hacer esa vida
-¿Y que te lo impide?-dijo Javier levantando los hombros.
-Todo-dijo tajante Ignacio como sin entender la pregunta de Javier- el trabajo es algo que no se puede dejar de un día para el otro. No cualquiera consigue un buen puesto. A mi me costó años llegar donde estoy en la empresa.
-Te gusta el trabajo que hacés?
-Si, qué sé yo, es un buen trabajo, buen sueldo, es algo seguro.
-No pregunto si ganas buen sueldo, digo si te gusta. ¿te levantás con ganas de ir? O preferirías quedarte en tu casa haciendo otra cosa.
-A todos nos pasa que hay días que no tenes ganas de ir, pero hay que ir. Es la vida.
-¿Eso es la vida para vos?
-Mirá, no conozco otra. El departamento que tengo se lleva una buena parte del sueldo, tengo créditos y cosas que pagar. Sin ese trabajo, no podría pagar las deudas.
-¿Y sos feliz viviendo así? No me contestes. Te entiendo, aunque no justifico vivir de esa manera, veo que el sistema hace eso, reproduce gente con la misma forma de vida, haciendo lo que cree que debe hacer como única salida.
Yo planteo mi vida de una manera diferente. Pienso si lo que hago deja huella, si aporta algo mi vida. Pienso si desapareciera mañana ¿se notaría?
En el club no me pagan. Enseño música a los pibes que quieren aprender o que los ves sin rumbo y me gusta pensar que si yo no los incentivara, tal vez nunca  se acercarían a la música.
Ignacio se quedó mudo, pensando.
-La verdad, si yo mañana desaparezco, en mi puesto ponen a otro. Y creo que nadie me extrañaría mucho.-dijo mientras hacía un bollo con la servilleta dibujada.
-Mirá pibe, nunca es tarde para comenzar a hacer la vida que querés vivir. Eso de que no tenes salida, está en tu cabeza ¿Para que querés vivir en ese departamento del centro? ¿Para vivir cerca de ese trabajo que te permite vivir en el centro? Escuchate. 
¿Vas a ir a comprar esa guitarra?
Ignacio quedó otra vez pensativo, con la mirada perdida sin decir nada. Hasta que reaccionó.
-Si, mejor vamos.
Y salieron del bar, sin que extrañara que nunca hubiese llegado el café con leche y medialunas.
Caminaron en silencio con rumbo a cruzar la gran avenida que separaba la casa de música del bar.
Cuando llegaron a la vereda del local Ignacio se detuvo inesperadamente. Quedó congelado mirando la vidriera.
Detrás del vidrio todos los instrumentos prolijamente exhibidos, pero en el reflejo del vidrio Ignacio estaba solo.
Giró la cabeza hacia donde debería estar el extraño que lo hizo ver hacia adentro, siguió girando hasta completar el giro y no había nadie.

domingo, 21 de marzo de 2010

El amigo salvador

La puerta de madera muy bien lustrada tiene en cartel que dice "Encargado de personal".
El pasillo es largo, impecablemente limpio, muy iluminado con casi todas las puertas cerradas.
Ignacio llega como todos los días antes de las siete de la mañana, abre la imponente puerta de su oficina y en su interior todo es gris. Tiene una ventana frente a su escritorio que deja ver un paredón húmedo, porque da al pozo del edificio y jamás lo calienta el sol.
Junto al escritorio abarrotado de papeles, en una maceta de cerámica muy elegante, lucha contra la gravedad, la última hoja de un potus.
Es una empresa muy grande y tiene fe en lograr un puesto mayor con una oficina mejor ubicada.
Es el primero en llegar y como es el encargado de controlar el presentismo, es el último en salir para revisar las tarjetas con el horario de entrada y salida de cada uno.
Por alguna razón su matrimonio de deshizo sin que él pudiese darse cuenta. El golpe fue tremendo porque para él todo estaba bien, recientemente nombrado encargado y aunque eso implicaba estar menos en su casa, el sueldo era mejor.
Su vida social se resumía al intercambio de tres palabras con el delivery de comida de la rotisería.
Vista desde fuera, su vida tiene dos caras. Para el ocasional interlocutor es una persona muy culta, con un puesto respetable , muy buena apariencia y que seguramente un sueldo jugoso le hace la vida más fácil.
Para los íntimos es un pobre diablo. Todos piensan que merece más de lo que tiene, pero que no sabe manejar su vida.
Para él mismo su vida es un calvario. No puede aceptar que la vida lo fuese llevando hacia ese callejón sin salida donde está en este momento.
Siempre se creyó una persona con suerte, a la que todo se le daba, pero parece haber llegado un día en el que la diosa de la Fortuna decidió comenzar a cobrar sus favores sin ninguna piedad.
Para su trabajo es muy eficiente. No recuerda haber necesitado nunca una llamada de atención de sus superiores y sus compañeros lo tratan con respeto y parecen tenerle simpatía.
Pero él es tan distante, tan formal que se aisla sin darse cuenta y nadie se le acerca lo suficiente como para entablar una amistad.
Llegaba la hora de salida de un viernes y comenzaba a ordenar algunos de los papeles sobre su escritorio.
Lo sorprendió la puerta abriéndose de golpe. 
-Robiglio, ya son las seis, deje eso y váyase que no le vamos a pagar horas extras. -Le dijo su jefe con esa sonrisa mecánica en su cara.
-Si Fernandez, estaba ordenando para salir. Ya que está acá quisiera decirle que los resultados...
-Espere, espere. El lunes me informa lo que quiera. Ahora me voy, y quiero llevarme la cabeza vacía, ¿me entiende?
-Si está bien-dijo Ignacio algo avergonzado.
-Y usted haga lo mismo hombre, que esto no es la vida. La vida es lo que está afuera y eso tiene que ocupar su cabeza después de las cinco de la tarde.
Nos vemos el lunes.
-Tiene razón -contestó Ignacio- hasta el lunes.
Cerró con llave su cajón, dejó los papeles como estaban y se paró rumbo a la puerta. Estaba por tomar el picaporte y su mano se frenó. Volvió sobre sus pasos, tomó una botella de agua por la mitad que estaba entre los papeles del escritorio y le echó un poco al potus.
Saliendo del edificio decidió no tomar un taxi y caminar por la avenida.
Al pasar por una casa de instrumentos musicales se detuvo. Siempre quiso aprender música, pero la vida se fue pasando, lo fue pisando.
-¿Y por qué no?- se dijo en voz baja.
Entró y fue donde las guitarras se mostraban con toda su belleza sobre una alfombra roja y bajo el brillo de las luces puntuales.
-Una obra de arte ¿no?- le dijo una persona parada a su lado.
-Si, la verdad es que si- le contestó sin extrañarle que alguien le hablara habiendo salido de la nada.
-Al principio decían que Gibson estaba loco porque era muy excéntrico y mirá lo que logró.
-Si, aunque pasen los años, todos queremos una "Les Paul"
-Por mi parte seguiré soñando- dijo sonriendo el extraño- cuesta una fortuna y mi vieja casera suena bien igual.
-¿Vós te hiciste una guitarra?- le preguntó interesado Ignacio.
-Si, hice varias, algunas las vendí.
En ese momento los interrumpió el vendedor.
-¿Los puedo ayudar en algo?
-Si- dijo el extraño- mi amigo quiere probar la "Custom".
-Como no, pasen por acá- dijo el vendedor mientras los guiaba hasta una pequeña sala acustizada.
-Javier- dijo el extraño ofreciéndole la mano derecha mientras caminaban detrás del vendedor.
-Ignacio- contestó dando un fuerte apretón de manos.
-Bien, elijan el amplificador y pónganse cómodos- les dijo el vendedor.
-El valvular, obviamente- dijo Javier sonriendo mientras tomaba los cables y los conectaba como si todo eso fuese suyo.
-Por supuesto, una guitarra de este nivel...- dijo el vendedor.
Ignacio miraba la escena y se sentía cómodo, extrañamente, porque hacer amigos no era su fuerte y solía espantar a la gente con su timidez enfermiza disfrazada de distancia formal.
El extraño comenzó a tocar y a Ignacio se le erizaron todos los pelos del cuerpo. Tocaba suave, prolijo y sin virtuosismos, pero sin defectos al oído.
-Que maravilla- dijo Javier sin poder borrarse de la cara la sonrisa- cualquiera toca bien con esto.
Se descolgó la guitarra y se la dió a Ignacio.
-Tomá, sentila.
-No, pero yo no se tocar, después de escucharte no puedo ni intentarlo.-dijo Ignacio totalmente sonrojado.
-Dale, dale que esta belleza toca sola.
Ignacio subió el volumen levemente y comenzó a hacer sonar torpemente el instrumento.
-Que hermosura. ¿Cuánto cuesta?- le preguntó al vendedor.
-Ese modelo cuesta u$s 16.000, es el Custom, pero hay otros modelos mucho más económicos de la marca, con la misma calidad de sonido...
Siguieron probando guitarras, consultando precios y formas de pago durante más de una hora sin que Ignacio se diera cuenta del tiempo que había pasado.
-Uy, la hora que se hizo- dijo sorprendido Ignacio- tengo que irme, pero mañana a la mañana vuelvo y me decido cual comprar.
Se dio vuelta, le dio la mano a Javier y le dijo:
-Un gusto conocerte, si vivís cerca nos vemos otro día, yo trabajo acá a una cuadra.
-Igualmente, yo vivo a un par de cuadras, te dejo mi tarjeta y llamame así nos tomamos un café y si te interesa te doy una clase de viola.
-Buenísimo. Mirá, ahora estoy muy apurado, pero mañana vengo al local a ver si me decido a comprar una guitarra y nos ponemos en contacto.

Continuará

Muchas veces me sucede que comienzo a escribir con una idea y mientras escribo la trama se va para otro lado.
Éste es uno de esos casos y en lugar de decidirme por uno, desde acá la historia tendrá varios finales.
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