domingo, 30 de agosto de 2009

Respuestas


La tarde promete ser de las mejores del otoño. Apenas una brisa que trae ese aroma a tierra húmeda que tan bien le cae a Karina.
Las ganas de salir de su casa después de varios días de mucho frío la decidieron a emprender el trabajo y parece ser el día perfecto.
Desde hacía varios días estaba ese cerezo en su pan envuelto en mimbre esperando ser plantado en su cuidado jardín. En el cuarto de las herramientas estaba esperándola esa pala que maltrataba su espalda pero alimentaba su alma al trabajar la tierra.
Decidir el lugar no era tarea fácil pero después de observar todas las posibilidades, esa esquina cerca de las margaritas era el que mejor adornaba el jardín en su mente. Cuando florece el cerezo en el final del invierno se cubre de flores color rosado que con el marco de las margaritas, que son la flor preferida de Karina, harían un cuadro perfecto. Claro que las margaritas florecen más tarde y no coincidirían en el tiempo, pero en su mente se ven juntas.
Y aunque su mente es en extremo realista, aún hay lugar para imágenes bellas que sólo existen allí.
Sacó las primeras paladas teniendo cuidado de sacar el césped en panes para poderlo volver a colocar. La tarea la realiza con la precisión que la caracteriza, tanto en trabajos manuales como en todas sus acciones. Ella es una mujer de convicciones muy firmes y de una lealtad inquebrantable a sus ideales.
Al hundir la pala algo sonó. Con su mano trató de sacar lo que pensaba era una piedra, aunque sonaba diferente.
Intrigada abrió el pozo más a la derecha para desenterrar eso que sobresalía.
Era una caja de metal, de gruesa chapa, similar a una caja de herramientas pero atada fuertemente con alambres.
La intriga hacía que se apurara a sacarla del pozo para abrirla de una vez.
Transpirada y cansada la colocó sobre el césped, tiró la pala y trató de desatar los alambres que la mantenían cerrada, pero no pudo. De un salto se puso de pie y fue a buscar una pinza al cuarto de herramientas.
No perdió tiempo en sacar ataduras y cortó todos los alambres hasta que logró abrirla.
Dentro de la caja había un paquete de tela con ataduras de ese mismo género que no intentó desatar y no era necesario, porque se rompían con una simple tensión.
Pero la tela tenía un dibujo, algo muy familiar para ella porque era una letra "K" de estilo gótico muy similar a una que tenía pintada ella en la pared de su habitación.
Más de 20 años hacía que esa habitación había sido remodelada, las paredes se cubrieron con planchas de madera y desde ese tiempo que no veía esa "K" color rosa.
La apariencia de la caja y las envolturas hacían suponer que estaba ahí más de lo que hacía que esa casa fuese de su familia, mucho más.
Al quitar los paños se encontró con papel impreso en bastante buen estado, que cubrían un tubo de material extraño, similar al cartón, pero muy oscuro y duro.
El tubo tenía un tapón en uno de los extremos que quitó con cuidado y al inclinarlo se deslizó un pequeño pergamino que parecía de cuero o papiro. En realidad no sabría la diferencia porque nunca había visto un papiro o un pergamino de cuero, pero su aspecto era de algo muy añejo.
Lo abrió y para su sorpresa estaba en blanco.
-¿Para esto tanto embalaje? Dijo decepcionada mientras soltaba el pergamino y éste se cerraba. Pero volvió a abrirlo buscando alguna marca, algún rastro de escritura y lo que vio la dejó petrificada. Sintió un escalofrío por la espalda al ver que donde antes estaba en blanco ahora había una escritura manuscrita como si se hubiese hecho con pluma y tinta hacía cientos de años.
Pero hacía un instante no había nada ahí, estaba totalmente en blanco.
La frase aparecida misteriosamente decía "Seguramente guardaba algo importante"
Dejó cerrar el pergamino y se sentó en el césped algo temblorosa.
En su mente no hay lugar para misticismos, todo tiene que tener una respuesta. Pero aunque trataba de imaginarse una, no la encontraba.
Fidel lamía su cara pero ella parecía estar en trance y no reaccionaba. El perro se sentó a su lado y no dejaba de mirarla, pero ella ni siquiera notaba su presencia. Hasta que se puso de pie y llevándose el pergamino en la mano se fue hacia la cocina. Como toda uruguaya de ley tenía el mate bien a mano y se sentó en la cocina a saborear uno.
Mientras tanto en su mano estaba el rollo del misterio al que no podía dejar de mirar. Con cuidado lo extendió nuevamente para ver que no había ningún rastro de escritura y aunque lo examinó con detenimiento ninguna marca, ningún resto de tinta, ni rastro de presión se podía apreciar.

continuará

Capítulo 2

martes, 25 de agosto de 2009

Pertenecer


Que bueno era ser sapo.
Es cierto que era feo, pero tenía menos preocupaciones.
Mi vida era dormir todo el día, salir de noche a comer bichos y cada tanto, cuando el instinto me lo pedía, conocer hembras igual de feas que yo.
Jamás me preocupaba por ser lo que no era y cuando un sapo no me caía bien simplemente no lo trataba.
La humedad, el fresco, los charcos ¡qué época!
Pero todo eso cambió cuando el destino me puso en camino de esa princesa. Sin que lo pensara hizo lo que menos esperaba yo. Normalmente no presto atención a la gente grande, sé que solamente pasarán por al lado mío o me esquivarán. Solo a los mas chicos debo esquivar para evitar que me usen de pelota, me hagan fumar o volar por el aire si es época navideña.
Pero esta vez fue diferente. Ella se paró frente a mi, me tomó entre sus manos y me besó en la boca.
Mi asombro fue tal que quedé paralizado. Creo que hasta me desmayé, porque recuerdo haber despertado siendo diferente.
Soy muy bello, la gente ya no me esquiva, al contrario, se agolpan para que les preste atención y quieren ser amigos míos.
Mi círculo social es de lo más selecto y todos son elegantes.
Pero para seguir en ese círculo tengo que aguantar a un montón de gente insoportable con mi mejor sonrisa.
Todos los días tengo que cuidar mi piel y pasar horas arreglándome, comer poco y ser amable.
Tengo que ser amable también con los poderosos, aunque sé que son despreciables, corruptos y me matarían si les hiciera falta, pero tengo que sonreirles, festejarles sus pésimos chistes y estar siempre dispuesto a acceder a sus pedidos. Todo eso para pertenecer a ese selecto grupo.
En fin. Era mejor ser sapo que gusano.

domingo, 23 de agosto de 2009

Torturas


En mi familia hay contrastes. Uno de los tantos es que mi madre tiene la dentadura más blanca, pareja y cuidada del condado. Bué, acá no hay condados pero suena bien.
Mi abuelo murió a los 83 años con todos sus dientes. Uno de mis abuelos, porque tengo varios, pero eso da para otra historia.
Por el otro lado, mi padre ostenta la mayor cantidad de huidas de hospitales y consultorios, algunas por la ventana y hasta con la ropa en la mano, por lo que ninguna de los dos extremos sería extraño que yo heredara.
Podría ser, que cuidase mi dentadura con dedicación ejemplar y acudiera al dentista regularmente, más no sea para que me digan, "está todo muy bien, nos vemos en 6 meses" o que mis visitas fueran arrastrando mis pies a los gritos con dos personas tirando de mis brazos.
La historia de mi carnal envase con estos torturadores habilitados, comienza a los 5 o 6 años con una vecina dentista que paradógicamente se llama Angélica. Más que paradójico es sarcástico.
No recuerdo si era muela o diente, pero si recuerdo que forcejeaba tratando de abrirme la boca junto a mi mamá hasta que, todo esto era para ponerme la inyección de anestesia, sentí el pinchazo. Cuando se echó para atrás, síntoma de que algo andaba mal, comienzo a sentir calor en toda la cara, los ojos de mamá que se abrían y algo se sentía raro en mi mejilla.
Parece que la muy angelical de Angélica le erró a la encía y me clavó la aguja en la mejilla que se hinchó como un globo. Después de la discusión entre las dos mujeres terminé en mi casa mirando los dibujitos y queriendo tomar la leche, pero no podía y se me chorreaba toda por la cara dormida.
A los pocos días mi mamá me dijo que me llevaba a tomar un helado y nos fuimos en colectivo a una heladería que debería estar muy lejos. Cuando llegamos no se parecía a ninguna de las heladerías que había visto, pero igual estaba contento de la mano de mi mamá. Hasta que escucho mi apellido pronunciado por una señora de guardapolvo blanco similar al de angélica.
Hasta ese momento duró mi tranquilidad y comenzaron todos a conocer lo insoportable de mis gritos mientras me llevaban , esa doctora y mi mamá hasta un sillón como el de Angélica.
Los primeros minutos lucharon para que abriera la boca sin lograrlo, pero luego mi boca se abrió, solamente para dejar entrar uno de los dedos de la doctora que salió con sangre. Y no era mía.
Después de esto la cosa se complicó, porque era una clínica donde trabajaban varios dentistas y terminaron sosteniéndome entre cinco, y un doctor con cara de enojado me sacó la muela después de un buen rato de pelear contra el peor paciente que deben haber tenido.
Desgraciadamente, también quebraron en la maniobra, la mitad de la muela vecina que estaba sana.
¿Y después de esto quieren que vaya feliz al dentista?
Hasta el día de hoy, cada vez que tengo que ir a una de esas salas de tortura con chapa de bronce en la puerta, es solamente después de haber agotado todas las instancias posibles que van desde pasarse un sapo en la cara, hacer buches con brebajes asquerosos y sufrir como un condenado sin poder dormir.
¿Habré quedado traumado?
Creo que debe ser una de las profesiones que menos evolucionó. ¿No se puede hacer menos traumático?
Para mi próxima extracción quiero anestesia total.

jueves, 20 de agosto de 2009

El pato de la cocina


¿Quién no tiene un pato en la cocina?
No cabe duda que todos tenemos uno. Puede suceder que algunos tengan forma diferente y por lo tanto se dificulte su reconocimiento. Pero todos tienen uno.
Dejando de lado el escepticismo de algunos de ustedes, quiero discernir sobre la verdadera función del susodicho pato de la cocina.
Luego de una liviana observación, mientras se calentaba el agua para el mate, pude observar:
Tres encendedores, dos sin gas, pero que aún hacen chispa y uno que tiene gas pero no funciona su chispa. Una caja con azufres, la mayoría quebrados, algunos lápices y lapiceras, media cabeza de ajo y algunos dientes sueltos. También se alojan algunas llaves que supongo sin utilidad, ya que las que sirven están en el llavero.
Un destornillador chiquito, dos tornillos un clavo oxidado y un remache pop de cuatro milímetros comparten el fondo con monedas fuera de circulación, botones, una cinta bebé y un colero rosa de alguna de las féminas de la casa.
En mi caso es de mimbre y gracias a eso sobrevive, ya que algunos de porcelana pasaron a ser escombros.
Lo cierto es que en él se encuentran cosas que uno no busca y es el destino final de cachivaches sin destino determinado.
Se los presento.

Suele ser la respuesta a preguntas como.
¿Dónde están las llaves del auto que las dejé arriba de la mesa?
Obvio, en el pato de la cocina.

Ahora no me digan que no tienen un Pato de la cocina.

sábado, 8 de agosto de 2009

Aromas


Muchas veces nos vemos en situaciones que nos llevan al pasado y estas situaciones pueden ser tan obvias como estar mirando fotos viejas, visitar la casa de los padres o la escuela primaria a la que fuimos. Pero al menos para mí, si hay algo que me lleva inesperadamente a lugares en otro tiempo, son los aromas.
Cuando florecen los cítricos, es el azahar uno de los disparadores del viaje. Será que en la cuadra había un limonero muy grande que perfumaba toda la cuadra donde crecí. También hay un barrio completo que tiene 5 o 6 cuadras con todas sus veredas adornadas con naranjos de jardín y en ese barrio pasábamos las tardes de adolescentes. Es que había muchas chicas ahí.
También me transportan algunos olores a comida, pasar cerca de una panadería a la madrugada cuando cocinan las facturas y la nuez moscada.
Gracias a este post, aprendí que el azahar es medicinal. Mientras buscaba una flor de naranjo para ilustrar, leí que la infusión de estas flores sirve para calmar nervios, dolores y para desmayos.
¿cómo se calma un desmayo? Lo único que me imagino es poner muchas de estas flores en el piso para no romperse la cabeza al desmayarse, pero ya me fui de tema.
Si nos da felicidad volver a la niñez por un instante, transportado, ya sea por aromas, sonidos o situaciones particulares, es porque fuimos felices en nuestra infancia y mañana es un día para hacer felices a nuestros hijos, sobrinos o nietos.
A mi me toca hacer algo para que estas tres, se olviden por un momento de que soy un cascarrabias.
¿Podré?

viernes, 7 de agosto de 2009

martes, 4 de agosto de 2009

Juventud perdida


Da pena ver como se crían hoy en día los niños. Gran culpa de esta desgracia la tiene la tecnología y eso seguramente dejará huellas.
¿Alguien tiene alguna duda de que nuestra crianza fue mejor?
¿Que puede tener de bueno para nuestras criaturas la niñez actual comparándola con la que vivimos nosotros?
En nuestra época vivíamos dentro de nuestras casas conectados a internet, chateando con nuestros amigos virtuales y teníamos a mano toda la información del mundo. Podíamos estar todo el tiempo en contacto con nuestros amigos por SMS y hoy solo les queda juntarse a hablar cara a cara.
Desde que la seguidilla de explosiones solares dejó inutilizada toda la tecnología electrónica, nuestros pobres pequeños solo pueden divertirse jugando con otros párvulos. Si tienen inquietudes sobre algo solamente pueden preguntarle a sus mayores y tienen que usar la imaginación para crearse sus propias aventuras.
Que triste es ver que no tienen todo lo que quieren.
No hay duda, todo tiempo pasado fue mejor.
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